Los derechos se arrebatan al poder y la moneda que ilustra estas líneas es uno de los objetos que mejor relatan esta lucha milenaria. Es un penique acuñado durante el reinado de Eduardo VII (1901-1910), el heredero de la reina Victoria, una moneda de bronce demasiado común en su época y convertida en única gracias a una laboriosa y desconocida persona que grabó sobre la efigie del rey, letra a letra, la consigna sufragista: “Votos para las mujeres”. Como escribe la artista Felicity Powell, el lema parece sonar directamente en la oreja del monarca.
“Es literalmente una desfiguración, directamente encima del rey. Y lo interesante para mí es el modo en que la oreja se convierte en un elemento central. Al remachar estas letras la oreja se ha dejado más o menos intacta, lo cual es un poco como decir: “¿Lo oye usted?” De ahí saca su verdadera fuerza (…) Los peniques probablemente eran la moneda más utilizada, de modo que lograr propagar el mensaje, subversivamente, en el ámbito público, tanto a quienes debían sentirse consolados por él como a quienes debían de sentirse escandalizados por él, constituye una idea brillante”.
Este penique subversivo es una de las piezas más singulares de ‘La historia del mundo en 100objetos’, un libro en el que Neil MacGregor, director del Museo Británico, resume el relato del hombre. “Una historia a través de las cosas es imposible sin poetas”, escribe MacGregor en el prólogo de este atractivo relato que nació para BBC 4 – una radio cultural que en España nadie se ha molestado en crear -, pero lo cierto es que si cada breve capítulo de este libro despierta nuestra imaginación lo hace a partir de la interpretación científica. Gracias al trabajo de una pareja de arqueólogos, los Pétrequin, hemos descubierto cómo un hacha de jade de hace casi seis milenios encontrada en Gran Bretaña procede de una montaña de los Apeninos italianos: ¡los arqueólogos han encontrado incluso el bloque de jade original!
El descubrimiento de los Pétrequin fue hace tan solo nueve años, aunque el hacha de jade fue encontrada cerca de Canterbury mucho antes. Después pasó a formar parte de la inmensa colección del Museo Británico que es también un relato del poder británico, desde los mármoles del Partenón a la piedra Rosetta. Por eso MacGregor, un gran divulgador, da voz a “las comunidades o países donde se hicieron los objetos (…) Solo ellas pueden explicar los significados que hoy tienen tales objetos en aquel contexto”. Así, una escritora egipcia cuenta la importancia de la piedra Rosetta y una arqueóloga griega explica por qué las figuras del Partenón son intemporales. Aunque los dos objetos sigan, claro, ¡en el British!
‘La historia del mundo en 100 objetos’es un libro apasionante que se puede leer de manera convencional o a saltos, zigzagueando entre civilizaciones y continentes, viajando en el tiempo a través de elaborados productos mecánicos, como el astrolabio judío fabricado en la España medieval, o productos tan aparentemente sencillos – y, sin embargo, revolucionarios – como una tablilla de arcilla con las raciones de cerveza repartidas en una ciudad sumeria hace cinco mil años. Basta abrir el libro al azar para viajar en una máquina del tiempo que nos descubre la esencia de una civilización a través de un objeto. Como un plato de porcelana comunista elaborado en los primeros años de la dictadura soviética. Una obra que simboliza la dualidad imposible del paraíso proletario: un artículo de lujo nacido para ser vendido a un mundo capitalista que se quería destruir y que al mismo tiempo se necesitaba. Una historia fascinante.
‘La historia del mundo en 100 objetos‘. Neil MacGregor. Editorial Debate. Barcelona, 2012. 800 páginas, 44 euros.
Pd. (18/4/2013): “Las religiones dividen, los museos forman ciudadanos del mundo“. Es la frase de Neil MacGregor que Iker Seisdedos ha elegido para titular su entrevista al historiador.
Catón el Viejo pasó a los libros de historia por pesado. Cada vez que terminaba su discurso en el Senado romano, el severo Catón terminaba con la misma frase: “Ceterum censeo Carthaginem esse delendam”: “Por lo demás, opino que Cartago debe ser destruida”. Tres años después de su muerte, Roma arrasó Cartago y sembró sal en su tierra para hacerla estéril. Inspirado en la célebre frase de Catón, Albert Pont ha escrito ‘Delenda est Hispania’, el libro de no ficción en catalán más vendido, según el suplemento Cultura/s de La Vanguardia.
Siempre he creído más en la lucha de clases que en la guerra de banderas. Creo que un pobre de Barcelona tiene mucho más en común con un pobre de París que con un rico de la ciudad condal. Me parece tan obvio que no creo que una nueva frontera cree riqueza. Pero el éxito de este tipo de libros me parece un fenómeno editorial destacable. Así que he vuelto a revisar el que para mí es el mejor ensayo sobre la idea de España: ‘Mater dolorosa’, de José Álvarez Junco, para recordar qué nos une.
“Quienes recurren a la historia no suelen estar movidos por el mero espíritu científico, sino por el deseo de utilizar lo que están leyendo, de sacarle una rentabilidad inmediata”, advierte al lector José Álvarez Junco en las primeras líneas de este ensayo clave para comprender quiénes somos, de dónde venimos y dónde vamos. En ‘MaterDolorosa’ Álvarez Junco demuestra que unos mismos hechos, como la invasión de España por las tropas de Napoleón, reciben distintos ‘bautizos’ y que son interpretados/utilizados de variada y hasta opuesta forma incluso por los representantes de una misma clase.
Sorprende descubrir que el nacionalismo español fue laico y progresista – la idea de nación y de soberanía nacional se oponían al poder absolutista del rey – en las primeras décadas del siglo XIX antes de convertirse en el pilar de la ideología conservadora. No hizo falta que llegase ‘el desastre del 98’ para que la imagen de España fuese la de una madre plañidera vestida con harapos de luto, justo “cuando en Inglaterra se inventa la orgullosa‘Britannia’y en Francia la pura y desafiante ‘Marianne’. Sólo faltaba la pérdida de Cuba, Filipinas y Puerto Rico para que los nacionalismos catalán y vasco despegasen. ¡Quién quería tener esa madre!
Artur Mas ha vuelto a recuperar esa metáfora. Cataluña, dice, “esun hijo que desea emanciparse“ para encontrar la salida al laberinto de una crisis que hace más ricos a los ricos y destruye a los más débiles. Como si sentirse diferente fuese la única tabla de salvación, la semana pasada el alcalde de Gallifa, un pueblecito de Barcelona de 200 habitantes, anunció que ha pagado el IRPF de sus trabajadores de este verano del Ayuntamiento a la Generalitat y no al Estado. Gallifa presume así de ser la primera institución insumisa fiscal de España. Todos los vecinos que entrevistó un reportero apoyaban la iniciativa de su alcalde, pero cuando el redactor le preguntó su nombre a uno de ellos éste tuvo un lapsus de identidad:
- “¿Cómo se llama?” – preguntó el redactor.
- “José. No, Josep, Josep” – contestó el vecino, como si su vida dependiese de su nombre -.
Pd. (1 de noviembre 2012): Os dejo el enlace del artículo que Antonio Elorza publica hoy en El País y que también tiene este título robado, ‘Delenda est Hispania’
Antiperiodismo digital. Aquí va una entrevista larga, muy larga, con doce años de antigüedad y a un músico que triunfaba en los ochenta. No teníamos estudio. O sí, pero Fran, nuestro técnico, tenía que grabar otro programa. Doce años después todavía lo recuerdo. Sabino Méndez estaba a punto de llegar y tenía que decirle que debíamos grabar la entrevista con un minidisc, sin poder jugar con las canciones que tan importantes eran para hacer avanzar la entrevista. Creo que temió lo peor, pero cuando comprobó que había leído su libro – una obligación básica de cualquier periodista que tiene que entrevistar a un escritor, pero que pocos cumplen – la tensión se atenuó. La entrevista se editó unos días después, o al siguiente, y se emitió íntegramente – con las canciones rompiendo el diálogo pero, como ya era inevitable, no integradas en él – en el programa ‘Lasmilciudades’ de Radio Círculo, que presentaba y dirigía Urko Gabilondo. Era el verano de 2000 y yo llevaba sólo unas semanas en el trabajo más hermoso que he tenido.
“Es molesto, pero acabamos interpretando
un tópico nosotros mismos”
Sabino Méndez fue en su última vida el autor de las letras de uno de los grupos de rock más importantes de la España de los ochenta, ‘Loquillo y los trogloditas’. Diez años después de su abandono del grupo, Sabino buscó entre sus cajones los escritos acumulados durante años, los ordenó y con ayuda de sus recuerdos ha escrito ‘Corre, rocker. Crónica personal de los ochenta’, su primer libro y una de las mejores memorias de esta década veloz, muy veloz, que tan importante ha sido para la música española.
Sabino acude puntual a la cita en la quinta planta del Círculo de Bellas Artes, vestido completamente de negro, con su pelo canoso y corto. Elegante, con una seria cartera de cuero, más propia de un escritor que de un rockero. El tuteo es inevitable y los dos lo agradecemos. Desde el estudio, miramos cómo los coches circulan por la Gran Vía que pintó Antonio López.
Sabino, te das cuenta de que con la misma edad eres un viejo rockero y un joven escritor.
Sí, pero nunca he creído mucho en los tópicos de los ‘viejos rockeros’ y todas estas cosas. Ya sé que es una frase hecha, pero suena a nostalgia y yo sentiría nostalgia si estuviera trabajando en un banco o haciendo oposiciones a un funcionariado. Pero no hay nostalgia en mí, sigo siendo un rockero, quizás más cansado, pero no me siento viejo en absoluto, sigo haciendo música, tocando rock y luego, aparte, escribiendo.
Mi impresión tras leer ‘Corre,rocker’ es que estas memorias rompen muchos tópicos. Como, por ejemplo, el del rockero inculto, que apenas lee o no se interesa por la cultura…
Sí, bueno, ese tópico yo creo que ya se había roto en los ochenta. Entre muchos de los rockers de aquella época había gente de todo tipo de extracción social de inquietudes culturales… Lo que pasa es que los tópicos acaban fosilizándose, por eso son tópicos, y la única manera de demostrar que son estereotipos es publicar libros, hacer una labor que demuestre lo contrario.
Todos los capítulos de ‘Corre, rocker’ se inician con una cita literaria, de autores sobradamente conocidos y reconocidos, y uno al principio puede creer que estas citas son “unos adornos” puestos al comienzo de cada capítulo para que las memorias queden “más bonitas”. Pero enseguida, según profundizas en el libro y te quedas enganchado por tu forma de contar las historias te das cuenta de que no, de que esos autores están ahí porque han sido compañeros de viaje tuyos durante años.
Sí, principalmente ya era un lector compulsivo en la época en la que formamos ‘Loquillo y los intocables’. Luego, cuando aún estaba en ‘Trogloditas’ comencé a hacer Filología Hispánica en la universidad, por pura inquietud. Y bueno, es un poco lo que decíamos antes, es un tópico la idea del rockero o del rocker iletrado. Nosotros incluso a veces jugábamos un poco con cierta ironía: nos hacíamos pasar por más iletrados o más analfabetos de lo que éramos por el gozo del estereotipo de la parte más animal o auténtica de la persona. Pero, claro, inevitablemente, cuando llevas leyendo tantos y tantos años, cuando estás intoxicado de letra, las citas no son casuales, sino que están justificadas, tienen un sentido. Tú íntimamente sabes hasta qué punto estás reflejan o identifican lo que estás contando y el capítulo respectivo que encabezan.
“Un día descubro los libros, más allá de los libros, los cómics, el cine, las narraciones… y, bueno, para mí son casi como una droga”.
Me sorprendió también y me gustó mucho esa pasión que tienes por los libros, una pasión que casi diría que es ingenua por creer tanto en la literatura.
Bueno, no creas, eh. No creo tanto en la literatura. En algún momento del libro creo que hablo de enfermedad. Es decir, no intento justificarlo a través de la fe o a través de un utilitarismo social o filosófico, simplemente lo acepto como una cosa inevitable del temperamento, de la naturaleza. Como cuando llueve, una cosa indiferente a nosotros. Cada uno está estigmatizado por ciertas cosas. En mi caso, un día descubro los libros, más allá de los libros, los cómics, el cine, las narraciones… y, bueno, para mí son casi como una droga. Con lo cual me alegro mucho de haberme liberado de otras sustancias pero de haber conservado esa, que probablemente debe ser peligrosa porque el ser humano tiene conciencia de ello. El mecanismo narrativo de ‘El Quijote’ de Cervantes es un señor que se intoxica con los libros y a nadie le parece extraño ese mecanismo narrativo, con lo cual todos tenemos conciencia de que… cierto grado de enfermedad tiene y hay que ser cauto, hay que saberlo controlar. Pero bueno, es una enfermedad, en cualquier caso, si la sabes llevar un poco bien, muy bonita.
Luis Carandell, que yo no sé si es también un “enfermodeloslibros”, pero que seguramente tiene también ese gusanillo, acaba de publicar sus memorias, unas memorias muy distintas a las tuyas, también porque habla de otros tiempos. Pero yo le he cogido prestada una cita de Goethe con la que comienza su libro y te la voy a contar porque creo que has captado ese espíritu, aunque no sé si conocías la cita. Dice Carandell, citando a Goethe en ‘Poesíayverdad’: “Lo principal en la biografía es representar al hombre en las circunstancias de su época… Para ello, hace falta algo casi inalcanzable, y es que la persona se conozca a sí misma y a su siglo; a sí misma para saber si sigue siendo igual en cualquier circunstancia; y a su siglo en tanto que éste determina y forma a todos, quieran o no, de manera que puede decirse que un hombre, por el solo hecho de haber nacido diez años antes o diez años después, sería ya diferente…” Yo creo que en ‘Corre,rocker’, desde el subtítulo: ‘Crónicapersonaldelosochenta’, ese espíritu has captado ese espíritu.
Sí, sí, yo estoy convencidísimo, sin conocerlo, de que Luis Carandell también debe ser un enfermo de lectura, principalmente por una sencilla razón: porque escribe. Y prácticamente todos los que escriben primero han sido lectores, y lectores compulsivos. Es decir, enfermos de lectura. Lo que sí veo, no sabía que en su último libro utilizaba esta cita, es que encima tiene una “subenfermedad”: que es lector o aficionado a Goethe y quizás por eso has encontrado esas coincidencias. Y te puedo asegurar que de la misma forma que en la música podías pertenecer al club de fans de Lou Reed o al club de fans de Chuck Berry, en literatura pertenecer al club de fans de Goethe, de sus obras, también marca. En otros escritores he encontrado puntos en común y luego ha resultado que también eran admiradores de Goethe y creían que era una figura muy importante que había que reivindicar.
En ‘Corre,rocker’ cuentas los comienzos de ‘Loquilloy lostrogloditas’, cómo al principio sois un grupo muy ilusionado, que creéis en la música y cómo conforme el éxito va llegando a vuestras vidas, de forma yo aquí sí diría que tópica, os vais alejando de lo que queréis hacer, os vais introduciendo en una dinámica cada vez más negativa, las diferencias entre tú y Loquillo se agrandan y, finalmente, en 1989, abandonas el grupo… Tal vez sea lo que más se va a resaltar en la prensa, aunque no sea lo más importante del libro, pero el perfil que trazas de Loquillo en ‘Corre,rocker’ es francamente negativo.
Sí, sí, de cualquier manera me alegro de que lo digas, porque sí me interesa mucho resaltarlo. Yo sé que el libro tiene un componente morboso, de situaciones… no llegaría a decir de denuncias, pero sí de reacciones irritadas al respecto. Curiosamente, mucha gente – luego creo que he tenido éxito en mi periplo – se ha dado cuenta de que eso es secundario, que es el material de fondo con el que doy forma a una serie de planteamientos, y muchísima gente de la que está leyendo el libro, que me está entrevistando, tiene correctamente la misma idea que tenía yo… Ese es el material de fondo, que inevitablemente resulta morboso, pero luego hay un intento que vuela más alto que todo ese material, hay un intento de voz literaria de elaborar todos esos recuerdos. Frente a ese morbo no puedo hacer nada, es irritante, ¡pero fue así! Y eso es lo más curioso que acabas descubriendo que toda la historia que tú has descrito de nuestro periplo sigue perfectamente los patrones del estereotipo, del tópico, de cosas que han pasado otras veces e incluso se han novelizado. Cuando tú lo ves con la perspectiva del tiempo dices: “Es molesto, pero acabamos interpretando un tópico nosotros mismos”. Pero no me extraña. El mundo de la música, en particular del rock, de la música comercial de los últimos años, tiene mucho de tópico, tiene mucho de unos mitos de una iconografía bastante repetitiva y muy marcada. Y, bueno, tarde o temprano, cuando eres muy joven, si acompaña el éxito económico además, te lo acabas creyendo un poco. Con lo cual, el veredicto al final era: acabamos interpretando un tópico, hay que fastidiarse y hay que reconocerlo… ¡y como tal lo reconozco en el libro, con cierto sentido del humor! Lo importante es luego digerirlo y sacar conclusiones, y buscar en los pliegues de la realidad, de la cotidianidad de ese tópico, que es donde se hacen los hallazgos… el panorama psicológico, la construcción de cada uno de los personajes, etc. Yo pienso que los grandes hallazgos del libro están en esos detalles.
“Loquillo ya queda identificado para siempre con los años ochenta, como icono, como símbolo, al lado de Alaska y Almodóvar”
Decíamos antes que el perfil de Loquillo no sale favorecido en estas memorias. Pero, sinceramente, creo que quién no sale favorecido es tu personaje en los años ochenta: Sabino Méndez 1980 – 1989 sale bastante mal en estas memorias.
Sí, sí. Es curioso ver la reacción de muchos lectores… me estoy llegando a plantear si uno de los proyectos literarios aparte de los dos o tres que tenía en la mesa antes de publicar este libro añadir uno que fuera las reacciones de muchos lectores a este libro. Hay opiniones para todos los colores. Algunas más sagaces, algunas que te descubren aspectos insospechados. Hay dos que a mí me parecieron muy sagaces y muy acertadas. Una de ellas de Ramón de España, que me dijo que, claro, yo narrativamente el truco que sigo es ser primero inmisericorde conmigo mismo. Es decir, me pinto como un personaje bastante ridículo que a veces hacía cosas extrañas. Luego, una vez ya establecido eso, puedo aplicar ese mismo patrón a los demás, con lo cual aflora la parte oscura que muchas de las figuras populares actualmente tienen. Y la segunda opinión que fue muy sagaz es la de un amigo, que no ha publicado nada pero que escribe muy bien y al que tengo un gran cariño, que venía a decir: “Bueno, entendemos el disgusto de Loquillo, pero no sé de qué se queja porque la construcción del personaje es ejemplar”. Es decir, de alguna manera, él es también un gran protagonista de este libro. Lo que no podía pedir es que fuera una construcción del personaje al gusto de él, hagiográfica, dando simplemente una parte, la más favorecedora, tenía que ser una visión de luces y sombras. Pero él sostiene que la construcción realmente era ejemplar, que de alguna manera Loquillo ya queda identificado para siempre con los años ochenta, como icono, como símbolo, al lado de Alaska, Almodóvar y otros personajes de aquella época. Son visiones curiosas. Creo que viendo el libro, leyéndolo según esas visiones, también se ven niveles diferentes y pienso que tienen gran parte de razón ambos.
Otro tercer personaje, que tiene nombre femenino y que ocupa muchísimas páginas en este libro es la heroína. Cuando llegué a la parte en que aparece la droga tuve la ingenuidad de pensar lo mismo que algunos de tus amigos de los años ochenta: bueno la heroína aparece aquí, pero va a ser algo pasajero, no va a tener tanta importancia en estas memorias que hasta ese momento están contando la movida de los ochenta… y, sin embargo, de repente llega la heroína y se queda casi hasta el final del libro.
Sí, y es que eso no es más que un reflejo de la realidad. Generalmente, eso es lo que te pasa también la vida real cuando empiezas a tener tratos con esa sustancia. Piensas que será una cosa pasajera, que será una época de tu vida en la que decides hacer experimentos o investigar llevado de tu curiosidad juvenil, y luego es un tema muchísimo más complejo, que puedes arrastrar durante muchos años. Yo tuve la suerte de que tuve éxito en el 89, tengo amigos de esa época que han muerto a causa de ello y tengo otros que siguen más o menos sobreviviendo con ocasionales recaídas. Hace poco hablaba con uno de ellos, un músico del que no diremos el nombre, pero que es bastante conocido, que me comentaba: “la teoría me la sé toda, he hecho todas las reflexiones posibles. Ahora es un combate contra mí mismo”. Todo eso es escalofriante… entonces, cuando estaba trabajando en el libro, me di cuenta que no podía tratarlo como algo anecdótico, había que tratarlo a fondo, ir al tuétano. Y luego, eso ya no te sabría saber por qué, porque no soy sociólogo o antropólogo y sólo te doy mi opinión, sí que veo de golpe interés por dos temas últimamente: por la década de los ochenta, quizá es que ha pasado el tiempo suficiente para digerirla y ahora toca intentar explicarla, y por el tema de las drogas, en plural. Quizá porque también durante los noventa hemos decidido cerrar un poco los ojos y hablar de la droga, del problema de la droga, y ahora volvemos a verlo con un poco de realismo y sabemos que son diferentes sustancias. Han cambiado, en aquella época no existían las pastillas, como ahora, y la única manera de entender, comprender y encontrar soluciones para eso es separarlo, saber que estamos hablando de cosas diferentes, y no negar la realidad. Negar la realidad es un pésimo negocio, hay que aceptarla como es para poder dar soluciones. Evidentemente, los problemas con heroína, cocaína y sustancias ‘másochenta’ no tienen nada que ver con los problemas que hoy en día puede provocar la adicción a las pastillas.
Las descripciones que haces de los efectos de la heroína, bueno, tu relación de amor – odio con la heroína, porque también cuentas la parte positiva que tú veías en esa adicción, pero uno se queda con la parte negativa, que es la que más le atrapa… Porque a veces he sentido estar en una especie de remolino con el personaje de las memorias que me llevaba hacia abajo y del que no sabía salir.
Bueno, querría dejar bien claro una cosa. Parte positiva, a la adicción, no le veo ninguna. Lo único que sí con una honestidad total lo que sí vengo a decir es que entiendo su capacidad de seducción. Pero evidentemente eso no es una parte positiva, es una de las explicaciones del porqué. Cuando entiendes la capacidad de seducción, por ejemplo, de un gran estafador no es lo que veas positiva sino que lo comprendes mejor. No comprendes en el sentido cristiano de justificarlo, comprendes para analizarlo, para desmontarlo mejor o combatirlo mejor. Lo que sí que está clarísimo es que cíclicamente se van a repetir con las sucesivas generaciones sustancias que, de alguna manera, provocan alivio, distracción de la carga de la vida, de la lucha constante. Entonces, bueno, el mejor homenaje quizá es ir a fondo, intentar hablar de esos temas, entrar en ese remolino sin miedo y encomendándote al dios de los literatos y esperando que la expresividad de te acompañe como para que el receptor de eso lo comprenda y lo viva de alguna manera. Que ese texto, sin la pretensión de ser didáctico, esté ahí y cada uno pueda coger lo que quiera y le aproveche.
La ilusión del futuro.
Mirando hacia el futuro, no hacia los ochenta, quería saber cuándo se va a editar tu próximo trabajo musical. Porque los capítulos de ‘Corre,rocker’ se corresponden con los temas de tu próximo disco y supongo que será una experiencia releer el libro escuchando la música de tu último trabajo.
Pues esa es una buena pregunta, porque en teoría yo estaba desarrollando las dos cosas a la vez, pero entonces aparecieron los de Espasa con la propuesta de sacar ellos el libro y la verdad es que como el libro ha tenido una repercusión bastante superior a la que me imaginaba, con una avalancha de trabajo impresionante el disco está paralizado. Las canciones están hechas, pero faltan los arreglos y decidir cómo se graban, la producción. Quería hacer ese trabajo este verano y grabarlo después. Lo que pasa es que ya no me atrevo a dar fechas porque la repercusión del libro está siendo muy superior a lo esperado e incluso he recibido ofertas de posible adaptación al cine… con lo cual más o menos los expertos en estos temas ya me han dicho que en los próximos seis meses voy a estar casi permanente ocupado, con lo cual me pregunto cómo voy a acabar el disco. Pero bueno, las canciones ya están hechas y para el año que viene, como muy muy tarde, seguro que tendremos novedades.
Muy bien, pues espero poder conversar contigo el año que viene cuando publiques el disco y tal vez alguna novela que tengas guardada en un cajón.
Y usted que lo vea, como dicen los castizos.
Pd. No dio tiempo a una segunda conversación. Para cuando llegó su siguiente trabajo yo ya no estaba en Radio Círculo. Pero después de ‘Corre, rocker’, Sabino Méndez publicó tres libros más: ‘Limusinas y estrellas’ (2003), ‘Hotel Tierra’ (2006) e ‘Historia del hambre y la sed’ (2006); apoyó sucesivamente y con sendas canciones a dos pequeños partidos – Ciutadans y UPyD –; acudió al rescate de la SGAE cuando la entidad estaba más hundida y… se reconcilió con Loquillo. La semana que viene ambos publicarán ‘La nave de los locos’. Éste es su primer vídeoclip:
Pd. (27 de octubre de 2012): En un brillante ejercicio de antiperiodismo digital, Jordi Bernal ha publicado un artículo inmenso en JotDown, imprescindible si queréis saber más sobre Sabino, Loquillo y las andanzas de los Trogloditas. Enlace para torpes: ‘Loquillo y Sabino, después de tantos años’
La ignorancia nos iguala. Hoy todos nos sentíamos más felizmente iguales cuando reconocíamos que no sólo no habíamos leído nada de Mo Yan sino que desconocíamos también que existía. “El chino que ha ganado el Nobel utiliza un seudónimo, ¡por eso no me sonaba!”, leía en un divertido tweet de @MunozEncinas, con el hastag #oidoenlaredaccion, minutos después de la concesión del premio. Mo Yan significa ”sin hablar” ó “no hables”, según quién sea el traductor. Tras la máscara del seudónimo está Guan Moye, un novelista de 57 años del que los críticos occidentales – como si siguieran una lista de grandes escritores por orden alfabético – han dicho: “es el Faulkner chino”, “es el García Márquez chino”, “es el Kafka chino”; no, “¡es el Kundera chino!”. La originalidad de Mo Yan se diluye entre espejos tan dispares.
Con la excepción de ‘SorgoRojo’, su novela más conocida – publicada por El Aleph -, la mayor parte de la obra de Mo Yan está editada en España por Kailas, una pequeña editorial para mi tan desconocida como el autor. Así que si hoy buscas un título del escritor en tu librería más cercana no lo tendrás fácil (y tampoco hay ediciones digitales en español). Por suerte existen las bibliotecas. No ha pasado una hora de la entrega del Nobel, así que en la ‘MiguelHernández’ todavía tienen ‘Grandes pechos amplias caderas’. Es un novelón de 836 páginas en el que Mo Yancuenta la desgraciada historia de la China del siglo XX a través de la vida de Shangguan Lu, una mujer que tendrá 8 hijas hasta dar a luz a su ansiado hijo. Confieso que mi primer encuentro ha sido decepcionante. Tras leer las primeras páginas creo que quizá las críticas de solapa tenían razón y Mo Yan es una mezcla de Faulkner, García Márquez, Kafka y Kundera. Todos a la vez. Demasiado para mí.
Mi desencuentro con Mo Yan me ha devuelto a mi prestigiosa ignorancia sobre el gigante que en breve será la primera economía del mundo. Sé que su compra de deuda es incluso más vital para Estados Unidos que para nosotros (no he encontrado una explicación más divertida que este vídeo), que su economía crea paro ¡si no crece por encima del 7%!, que sus trabajadores llevan décadas muriendo en una novela de Dickens, trabajando como esclavos para que en Occidente juguemos a hacer la revolución a golpe de Twitter. Sé que ha logrado la cuadratura del círculo y que está a punto de sentarse en el trono del capitalismo mientras ondea la bandera del comunismo, que la represión de la plaza de Tiananmen de 1989 todavía sigue censurada en Internet, que construyen rascacielos prefabricados en horas, que casi toda mi ropa está fabricada allí, que ‘El tiempo entre costuras’ se ha traducido al mandarín… En fin, un pequeño mar de conocimiento de sólo tres centímetros de profundidad.
Para saber más me he propuesto tres lecturas para los próximos meses. La primera es ‘En busca de la China moderna’, un relato de la historia de China desde la caída de los Ming, en el siglo XVII, hasta el aplastamiento sangriento de la revuelta de Tiananmen, escrito por el prestigioso sinólogo británico Jonathan D. Spence. La segunda lectura es mucho más heterodoxa y polémica. En ‘Maonomics’, Loretta Napoleoni no sólo se propone explicar por qué la economía china es mejor que la nuestra sino ¡cómo puede reformar nuestra democracia! Mi última propuesta es de una periodista española. ‘Hablan los chinos’, de Ana Fuentes, corresponsal de la Cadena Ser en China, tiene un objetivo más modesto pero no más fácil: contarnos cómo es la China de hoy a través de conversaciones con ciudadanos chinos. Desde un disidente torturado por la policía hasta “un viejo maestro de kung-fu que ha dejado de entrenar por la contaminación”. Ninguno ganará el Nobel, pero su lectura reducirá nuestra ignorancia sobre el gigante.
Más por sabio que por griego, Seitaridis, un gran lector de este pequeño blog, me ha recordado una grave carencia de mi última entrada: olvidé mencionar ‘Con el agua al cuello’, la novela con la que Petros Márkaris inició su trilogía sobre la crisis. Ambientada en la Atenas del verano de 2010, esta aventura del comisario Jaritos transcurre en una ciudad repleta de manifestaciones y huelgas, con griegos que, como el propio Márkaris, sólo atisban el inicio de la crisis. Un escenario perfecto para que un misterio asesino comience a ejecutar banqueros. Aquí van unas líneas robadas, una conversación entre Jaritos y un atleta dopado reconvertido en inversor.
- “¿Sabe que son los ‘hedge funds’, señor comisario?
- Los he oído nombrar, como todos los griegos últimamente, pero no sé qué son.
- Imagínese que unas personas echan dinero dentro de una tinaja. Otras personas se encargan de administrar el dinero que hay ahí dentro. Los administradores llaman a eso inversión, pero no lo es.
- ¿Y qué es?
- Un juego de azar, señor comisario. Un juego para jugadores muy ricos (…) El capital total administrado por los ‘hedge funds’ en 2008 ascendió a dos billones y medio de dólares (…) Se crearon ‘hedge funds’ de los ‘hedge funds’. Los administradores de los ‘hedge funds’ comenzaron a recurrir a capitales prestados para incrementar la rentabilidad (…) perdieron sus válvulas de seguridad, se convirtieron en un puro juego de azar y un buen día se vinieron abajo (…) Es como el dopaje en el atletismo. Los deportistas, cuando empiezan a tomar anabolizantes, ya no pueden parar. Marcan un nuevo récord y necesitan tomar anabolizantes cada vez más eficaces para volver a batir un récord, y otro, y otro. Y el riesgo va aumentando; no sólo el riesgo de que te pillen, sino también el riesgo de que te afecte a tu salud.
- Pero bueno, los que invierten su dinero, ¿no tienen miedo de perderlo?
- Cuando yo le preguntaba a mi entrenador qué eran aquellas pastillas que me suministraba, él respondía: “No preguntes, son vitaminas”. Yo sabía que no eran vitaminas, pero a pesar de todo las tomaba. Lo mismo hacen los administradores de los ‘hedge funds’.Si les preguntas, te contestan que las inversiones son de todo seguras. Tú sabes que no lo son, pero optas por creerles. Porque el dinero es dulce, señor comisario, igual que las medallas”.
Con didácticas explicaciones como ésta, Márkaris explica cómo estalló la crisis actual, mientras Jaritos intenta atrapar al asesino de banqueros. Pero lo mejor de la novela es su ambiente general. Márkaris nos muestra cómo el monstruo invisible de los recortes cerca poco a poco al comisario, a su familia, a sus compañeros y vecinos… a casi toda Atenas. Allí donde no alcanza el relato periodístico, llega la verdad de las mentiras del novelista. Lo peor es que el propio escritor ya sabe que su trilogía es insuficiente. “Se me presentan tres posibilidades – escribe Márkaris en el prólogo de ‘La espada de Damocles’ -: complementarla con un epílogo que ilustre el final de la crisis; convertir la trilogía en tetralogía; o, por último, concluir la primera serie y empezar otra nueva. Ésta sería la peor opción. A día de hoy, no sé por cuál de las tres variantes me inclinaré”. Si el FMI y Merkel, sí Merkel, no se equivocan – la canciller dijo ayer martes en Atenas que “hay países a los que les ha llevado décadas levantarse” – , las dos series parecen inevitables.
“Con el agua al cuello”. Petros Márkaris. Editorial Tusquets. Barcelona, 2011. 328 páginas, 19 euros.
Soy reportero de sucesos e investigación. Me puedes ver en La Sexta Noticias, Espejo Público (Antena 3) y escuchar cada lunes en Julia en la Onda (Onda Cero). Éste es mi rincón en la Red.