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Archivos Mensuales: diciembre 2012

Dublines Alfonso Zapico

Joyce no estaba prohibido, simplemente su ‘Ulises’ era inalcanzable.No intentéis leerlo. No entenderéis nada”.  Es lo que nos decía Maxi, nuestro profe de literatura, que siempre estaba incitándonos a leer.  Y le hice caso, tanto que ni siquiera tengo un ejemplar de Ulises’ en mi biblioteca, esperando como otros cientos ese día en el que en un impulso me decida por fin a leerlo. No, Ulises’ pasó de estar tras un  muro insuperable a ser un reto no deseado. Me salté su lectura cuando era un veinteañero y comía libros. ¿Llegar a casa a las nueve de la noche y arremangarme para leer la odisea de Leopold Bloom? No, ahora no es imposible, pero sí improbable.

Quizá por eso he disfrutado tanto con la biografía de Joyce que ha escrito y dibujado Alfonso Zapico. Dublinés’ – acertado título, Zapico -  cuenta en viñetas la original vida de este excéntrico novelista. Es una novela gráfica repleta de ritmo, donde casi siempre estás sonriendo y a veces ríes a carcajadas.  No descubro nada porque Zapico ganó hace dos meses el Premio Nacional del Cómic gracias a esta magnífica historia. Pero sí quiero compartir lo bien que lo he pasado viendo y leyendo esta historia que afronta el dificilísimo reto de contar la vida de Joyce. Tan egocéntrico como genial, tan alcohólico como gamberro, tan obsceno como libre, el Joyce de Zapico no es una caricatura y al terminar su lectura tienes la sensación de que conoces a este exigente escritor.

Es imposible definir el genio de Joyce: ¿Quién podría definir el genio de Shakespeare, o el de Dante, o el Chaucer, o el de Cervantes? – escribe Harold Bloom en Genios’ – Se podría hablar de “los genios” de Joyce, pero no ayudaría gran cosa”.  Y Zapico ni lo intenta, pero sí nos muestra la vida de Joyce, eterno dublinés en Trieste, Zúrich o París, casi siempre con problemas de dinero, profesor de inglés del futuro almirante Horthy, escritor rechazado por los editores, desahuciado de múltiples casas y siempre rescatado por un puñado de buenos amigos, infiel amado por una mujer que nunca intentó leer sus libros, visionario que poco a poco se quedó ciego y que murió demasiado pronto, agotado después de haber escrito Finnegans Wake’,  “la zancadilla más colosal de la historia de la literatura”.

Así definió Oliver Gogarty – un peligroso amigo del Joyce juerguista y veinteañero – la última gran novela del autor de Dublineses’. Son pocas las veces que se cuela alguna cita, porque Zapico ha trabajado mucho para integrar lo que los biógrafos, amigos, críticos y el hermano de Joyce han dicho de Joyce y mostrarnos los momentos más importantes de su vida.  Dublín-Trieste-París-Zúrich son las cuatro etapas de La ruta Joyce’ que Zapico ha seguido para documentarse, además de la lectura de la biografía canónica que escribió Richard Ellmann y un libro que me reconcilia con mi miedo adolescente: Joyce para principiantes’. El resultado es una invitación a unirse a la orden de Finnegans, un billete para viajar a Dublín y celebrar el Bloomsday y, sobre todo, un empujón de valentía para saltar mi viejo muro insuperable e intentar leer el temible ‘Ulises’. Gracias, Zapico.

‘Dublinés’. Alfonso Zapico. Editorial Astiberri. Bilbao, 2011. 232 páginas, 18 euros.

Pd. (5/1/13): “Ulises amedrenta por culpa de un malentendido en el que colaboran con igual eficacia sus detractores y una parte grande de sus defensores: que es sobre todo un experimento verbal, un juego de palabras o un laberinto de juegos de palabras, un despliegue de refinamientos técnicos cuyo atractivo principal es el regocijo antipático de los entendidos, y el consiguiente rechazo de esos palurdos que no están a la altura de las audacias de la vanguardia (…) Más allá de sus dificultades parciales, cualquiera que se acerque con determinación a ella encontrará uno de los grandes festines de la literatura“.  ‘Fervor de Ulises’, el empujón de Antonio Muñoz Molina para saltar el muro, hoy en ‘Babelia’

 

Smith Marx Schumpeter Keynes

El deseo de poner a la humanidad a las riendas es lo que motiva la mayor parte de los tratados de economía“. Es lo que pensaba Alfred Marshall en el Londres de los años 70 del siglo XIX, una ciudad por la que ya no caminaba Dickens aunque seguía mostrando escenas de pobreza dickensianas. Hoy, cuando de las aceras de muchas ciudades europeas brotan hombres arrodillados, intuyo que 9 de cada 10 españoles, griegos, irlandeses y portugueses piensan que estamos muy lejos de cumplir ese deseo. La estadounidense Sylvia Nasar, autora de La gran búsqueda’, es más optimista.

Su historia de la Economía es una brillante narración en la que el progreso es una línea continua, apenas frenada por duras crisis siempre superadas. El gran mérito de Nasar es construir una historia en la que se pueda apreciar este avance continuo mientras nos muestra las virtudes, debilidades y fobias de los genios. No deja de sorprenderme que Marx escribiese El Capital’ sin visitar nunca una fábrica, que Keynes, a pesar de su sabiduría, perdiese una fortuna en la bolsa porque fue incapaz de prever el gran crack del 29 o que los inteligentes Webb no viesen que la dictadura soviética no era la alternativa.

El relato de Nasar es una carrera de relevos – no dejéis de pinchar aquí – en la que el testigo del conocimiento económico supera las vallas cada vez más altas de las crisis. Al pesimista Marx le releva el optimista Alfred Marshall, que sí visitó fábricas a ambos lados del Atlántico y advirtió que los obreros no eran autómatas encadenados sino que influían, y mucho, en la mejora del trabajo, lo que obligaba al empresario a incentivar su labor. Donde se detiene Marshall, prosiguen Beatrice y Sidney Webb, que expresan por primera vez de forma clara y sistemática los pilares del estado de bienestar en la primera década del siglo XX.

Los Webb encontraron un aliado político en alguien tan poco revolucionario como Winston Churchill, quien ya en los años previos a la Primera Guerra Mundial pensaba que el Estado debía garantizar, escribe Nasar, “un seguro de desempleo y de incapacidad laboral, la escolarización obligatoria hasta los diecisiete años, la sustitución de la asistencia a los pobres por la provisión de empleo público mediante la construcción de carreteras y la nacionalización de los ferrocarriles”. Basta ver lo que pedía entonces Churchill para advertir el retroceso que vivimos ahora, en un camino de servidumbre muy diferente al augurado por Hayek, uno de los pocos economistas que vio venir el crack del 29.

Es posible que en el estado actual del conocimiento humano no estemos capacitados para entender una crisis tan vasta y novedosa (…) En todo el mundo no hay ningún profeta que nos ofrezca observaciones que puedan considerarse suficientemente amplias y oportunas (…) Ésta es también una crisis del conocimiento humano, y nuestros peores errores no han surgido de la malevolencia sino de la falta de previsión”. El periodista Walter Lippmann hizo este comentario a Keynes durante la emisión el primer programa de radio transatlántico. Si no fuera por la última frase, podríamos pensar que esa crisis vasta y novedosa a la que se refiere es la que vivimos, pero estas líneas citadas por Nasar tienen 79 años.

Ningún país fue capaz de encontrar una solución racional a la crisis. Y es aquí donde el testigo del progreso se cae al suelo, en mitad de la carrera. Mientras que Estados Unidos arrastró elevados índices de paro y pobreza hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Alemania, Italia y Japón dispararon su gasto militar para iniciar aquella guerra. Hoy, la Gran Depresión es ya la única referencia para la crisis que sufrimos y, lamentablemente, sabemos que no fueron los economistas los que encontraron la salida. Incluso en 1944, cuando la victoria de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial parecía inevitable, Paul A. Samuelson temía que la llegada de la paz trajera también el retorno de la crisis económica. Se equivocó. Ahora que España está a punto de llegar a los 6 millones de parados, es obvio que nuestra política económica es errónea. La cuestión es cuánto tiempo tardarán quienes nos mandan en admitirlo y hacer realidad el deseo de Marshall.

Pd.: A los que habéis llegado hasta aquí, os dejo como premio este vídeo genial de econstories.tv. Nunca vi un esfuerzo tan grande por contar de forma divertida y didáctica dos teorías económicas. Suena la campana y empieza el combate. Atentos al público y a los entrenadores.

Pd. 2 (4/1/13): Os dejo el enlace del excelente artículo que sobre ‘La gran búsqueda’ publica hoy Joaquín Estefanía en El País

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