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Periodismo

Manuel Chaves Nogales

CUADERNO DE ROBOS (XI)

Llevo días paseando por el Madrid bombardeado. Con la facilidad del lector, entro y salgo en el terror de la ciudad asediada con sólo abrir y cerrar un libro, buscando testimonios del terror de vivir bajo las bombas en aquel largo noviembre de 1936. He encontrado en las memorias del pintor José Moreno Villa la mejor descripción del espectáculo de las batallas aéreas entre los ‘Chatos’ y ‘Moscas’ soviéticos y los Ju-52 alemanes, que hasta la llegada de los cazas habían bombardeado Madrid con total impunidad.  He escuchado el ronquido nocturno de los trimotores mortales y he sentido el miedo cuando las explosiones de las bombas se acercan y los cristales de las ventanas estallan en el diario del diplomático chileno Carlos Morla Lynch. Y en el relato de La defensa de Madrid, de Chaves Nogales, he visto a dos madrileños discutir con humor sobre ‘Otto’ y ‘Frittz’, los dos Junkers de la aviación franquista – decenas en realidad – que se turnaban para mantener a la ciudad siempre en tensión.

En el primer relato de ‘A sangre y fuego’, Chaves Nogales cuenta las terribles ‘sacas’ que se sucedían como represalia a los bombardeos. Eran oficiales en las ciudades dominadas por los militares sublevados y espontáneas y descontroladas, en la España republicana, donde los milicianos anarquistas creían que sólo podían ganar la guerra haciendo primero la revolución. Hoy he descubierto, gracias a este artículo de Andrés Trapiello – el gran difusor de la obra de Chaves, que tan bien rescató María Isabel Cintas –, que la editorial Renacimiento prepara una nueva edición de ‘A sangre y fuego’ con dos relatos hasta ahora inéditos: El refugio y Hospital de sangre’. No sé si el periodista los descartó, pero he encontrado en el primero la mejor descripción del dolor y el miedo que padecieron miles de españoles que experimentaron por primera vez el terror aéreo. Tengo dos ediciones de ‘A sangre y fuego’, pero voy a comprarme esta nueva y os invito a hacer lo mismo. No conozco mejor forma de hacerlo que invitaros a leer el prólogo de esta colección de relatos, un autorretrato magistral que explica por qué durante décadas Chaves Nogales fue un injusto desconocido, arrinconado por vencedores y vencidos oficiales.

 “Yo era eso que los sociólogos llaman un ‘pequeño burgués liberal’, ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Trabajador intelectual al servicio de la industria regida por una burguesía capitalista heredera inmediata de la aristocracia terrateniente, que en mi país había monopolizado tradicionalmente los medios de producción y de cambio – como dicen los marxistas -, ganaba mi pan y mi libertad con una relativa holgura confeccionando periódicos y escribiendo artículos, reportajes, biografías, cuentos y novelas, con los que me hacía la ilusión de avivar el espíritu de mis compatriotas y suscitar en ellos el interés por los grandes temas de nuestro tiempo”.

Cuando iba a Moscú y al regreso contaba que los obreros rusos viven mal y soportan una dictadura que se hacen la ilusión de ejercer, mi patrón me felicitaba y me daba cariñosas palmaditas en la espalda. Cuando al regreso de Roma aseguraba que el fascismo no ha aumentado en un gramo la ración de pan del italiano, ni ha sabido acrecentar el acervo de sus valores morales; mi patrón no se mostraba tan satisfecho de mi ni creía que yo fuese realmente un buen periodista; pero, en fin, e cuentas, a costa de buenas y malas caras, de elogios y censuras, yo iba sacando adelante mi verdad de intelectual liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria (…)

Cuando estalló la guerra civil, me quedé en mi puesto cumpliendo mi deber profesional (…) Me fui cuando tuve la convicción de que todo estaba perdido y ya no había nada que salvar, cuando el terror no me dejaba vivir y la sangre me ahogaba. ¡Cuidado! En mi deserción pesaba tanto la sangre derramada por las cuadrillas de asesinos que ejercían el terror rojo en Madrid, como las que vertían los aviones de Franco, asesinando a mujeres y niños inocentes. Y tanto o más miedo tenía a la barbarie de los moros, los bandidos del Tercio y los asesinos de la Falange, que a la de los analfabetos anarquistas o comunistas (…)

El resultado final de esta lucha no me preocupa demasiado (…) El hombre que encarnará la España superviviente surgirá merced a esa terrible e ininteligente selección de la guerra que hace sucumbir a los mejores. ¿De derechas? ¿De izquierdas? ¿Rojo? ¿Blanco? Es indiferente. Sea el que fuere, para imponerse, para subsistir, tendrá, como primera providencia, que renegar del ideal que hoy lo tiene elevado en un parapeto, con el fusil echado a la cara, dispuesto a morir y matar. Sea quien fuere, será un traidor a la causa que hoy defiende (…) En lo interior, un gobierno dictatorial que con las armas en la mano obligará a los españoles a trabajar desesperadamente y a pasar hambre sin rechistar durante veinte años (…) En el exterior, un Estado fuerte, colocado bajo la protección de unas naciones y la vigilancia de otras (…) Para librarme de esta congoja de la expatriación y ganar mi vida, me he puesto a escribir y poco a poco he ido tomando el gusto de nuevo a mi viejo oficio de narrador (…) Cuento lo que he visto y lo que he vivido más fielmente de lo que yo quisiera”.

A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España’. Manuel Chaves Nogales. Editorial Renacimiento. Sevilla, 2013. 328 páginas, 22 euros.

Pd.: Anoche se estrenó en la Filmoteca de Sevilla el documental El hombre que estaba allí‘, de Daniel Suberviola y Luis Felipe Torrente, un corto de media hora sobre Chaves Nogales. Hecho con mucha más pasión que dinero, “intercala la narración biográfica del personaje con las intervenciones de quienes le conocieron (su hija, Pilar Chaves Jones), quienes, sin conocerle, le admiran (Muñoz Molina, Trapiello, Martínez Reverte) y quienes le conocen más que si le hubiesen conocido (María Isabel Cintas)“, escribe Teresa Constenla en El País. Sin pincháis en los nombres, podéis acceder a las entrevistas que han concedido para el documental. Espero que ‘El hombre que estaba allí‘, declarado homenaje al magnífico El maestro Juan Martínez que estaba allí’, tenga la difusión que merece.

peter o'toole - lawrence of arabia 1962

Envidio a Jacinto Antón. No por haber conversado con hombres y mujeres que intentaron matar a Hitler, cruzaron desiertos inmensos, fueron los primeros en romper la barrera del sonido o pilotaron un Sabre en los cielos de Corea. Menos aún por haber participado en un golpe de Estado. Le envidio, sin reparos, sin límites, por haber logrado convertir sus aficiones en su trabajo y, sobre todo, por su maravillosa capacidad para transmitir en sus artículos periodísticos la pasión que siente por lo que ama, por tener un estilo inconfundible en el que el rigor y la diversión siempre están presentes, por haber logrado ser único.

 “Abro al azar  ‘Los siete pilares de la sabiduría’, que leo como otros la Biblia – escribe Antón en ‘Sangre, sudor y arena’ – , y vuelvo a extasiarme con su prosa cargada de una hiriente poesía”. Dos líneas después, antes de que el lector piense que se lo toma demasiado en serio, Jacinto Antón llama al escritor de su biblia “el Emir Dinamita”. Hay que ser muy hábil para retratar a Lawrence de Arabia en un puñado de líneas y descubrirnos que era, al mismo tiempo, un héroe, un aventurero y un cobarde. Antón coquetea con la pedantería – acantilado al que se asoman todos los eruditos – y sale sin un rasguño mientras nos desvela al hombre que oculta el mito. Sólo es posible gracias a una armadura de humor y una habilidad al escribir propia de un amante de la esgrima.

‘Héroes, aventureros y cobardes’, la flamante recopilación de sus artículos y entrevistas en El País, se puede y se debe leer al azar, a la caza de la sorpresa. Antón nos lleva con Alejandro a través de la inmensa Asia, nos invita a escalar el Himalaya en una expedición nazi,  a combatir hasta la última bala con Walter Hamilton y su ‘band of Guides’ en un Kabul asediado, y a sentir el empuje de los dos turborreactores Junkers Jumo que impulsan nuestro Me 262 a la caza de una ‘fortaleza volante’No hay aventura como la aventura de las máquinas aéreas, escribe Jacinto Antón y nadie la ha contado tan bien en la prensa española, siempre dispuesta a equivocarse en el pie de foto y confundir un A-10 con un F-16.

Jacinto Antón tiene una fascinación sin complejos, casi infantil, por la guerra. Nos pasa a todos los cobardes. Miento, no le fascina la guerra sino los soldados y su comportamiento en esos momentos excepcionales que son los combates. Por eso conversa con el novelista Simon Scarrow sobre las tácticas de los legionarios romanos o con Max Hastings – corresponsal en 11 guerras, el reportero que entró en Port Stanley antes que los soldados británicos a los que acompañaba en la  guerra de Las Malvinas – sobre lo peligroso que es combatir a  las órdenes de un héroe. Los héroes no son buenos líderes – responde Hastings -  (…) Todo ejército necesita un puñado de héroes, pero sólo unos cuantos, los justos para ganar, el resto ha de ser gente normal con ganas de volver a casa”.

Este libro es, inevitablemente, un autorretrato. Porque Jacinto Antón (casi) siempre escribe de Jacinto Antón cuando escribe de otros o incluso cuando conversa con otros. Y viajando en el tiempo – es una pena que los artículos y entrevistas no estén fechados -, conversando con arqueólogos fascinantes como Christiane Desroches Noblecourt o Zahi Hawass, el escritor nos descubre dónde comenzó su pasión por la aventura – mi primera momia, como todas mis primeras cosas, desde la muerte hasta el amor pasando por el sexo, estaba en un libro -, confiesa su cleptomanía fetichista – ¡sustrajo un botón del conde Almásy! – y admite que toquetea como un niño travieso las armas, medallas y uniformes  de los museos.

Héroes, aventureros y cobardes’ lleva a muchos libros, incluido uno que Jacinto Antón no cita y que contiene estas líneas de Joseph Conrad que no me he resistido a robar: “Sentí en mi corazón que cuanto más se aventura uno, mejor se comprende que todo en nuestra vida es vulgar, insuficiente y vacío”.  Hay algo de esa melancolía en casi todos los hombres y mujeres que llenan este libro, personajes insólitos que fueron más allá de sus propios límites, cobardes que salvaron su vida por ser incapaces de enfrentarse al miedo y que vivieron el resto de su días corroídos por dentro, héroes que intentaron salvar al mundo y que fueron demasiado peligrosos. Leer sus vidas a través de los artículos de Jacinto Antón nos permite escapar de la repetición diaria que domina nuestras vidas. ¡Shahabsh! (bravo por ellos).

 ‘Héroes, aventureros y cobardes’. Jacinto Antón. Editorial RBA. Barcelona, 2013. 400 páginas, 21 euros.

Pd.: Este libro también nos lleva a muchas películas y es una invitación a volver a ver el ‘Lawrence de Arabia‘ de David Lean y Peter O`Toole, quizá la gran película de aventuras. No he encontrado una imagen mejor para acompañar estas líneas.

Pd. 2 (19/4/2013): Os invito a visitar el blog de Jacinto Antón, El correo del zar, que hoy acaba de actualizar con sus recomendaciones para el día del libro.

futbol-backs

Un equipo es la huella dactilar emocional escribe Ramón Lobo en El autoestopista de Grozni, un libro breve, casi fugaz, que demuestra por qué las obras pequeñas permiten conocer mejor a un escritor que sus proyectos más ambiciosos.  Al fin y al cabo, Ramón Lobo nos habla de las dos pasiones alrededor de las cuales ha construido su vida: el periodismo y el fútbol, sus viajes como héroe inexistente a las guerras de finales del siglo XX y principios del XXI y su amor al Real Madrid, la única herencia paterna que reivindica.

“…huella dactilar emocional”. Leí esta metáfora y enseguida recordé una de las mejores escenas de El secreto de sus ojos’. Pablo Sandoval (Guillermo Francella) y Benjamín Esposito (sic) (Ricardo Darín) escuchan cómo los parroquianos de un bar conversan sobre las desventuras de su equipo de fútbol favorito cuando Sandoval descubre cómo atrapar al asesino que persiguen: “¿Te das cuenta, Benjamín? El tipo puede cambiar de todo, de cara, de casa, de familia, de novia, de religión… de dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín. No puede cambiar de pasión”. Y enseguida Campanella nos lleva en un plano secuencia inolvidable a un partido del Racing de Avellaneda.

Así que el fútbol puede ser una condena – y no haré un chiste fácil porque varios de mis mejores amigos son ese equipo que estás pensando -  pero también un salvoconducto. Enero de 1995, Grozni. La artillería y la aviación rusa han arrasado la capital chechena. En los sótanos de la ciudad, bajo un sucio mar de ruinas y nieve, sobreviven miles de “rusos pobres, ingusetios, daguestanos, osetios del norte, kabrdino-balarianos, georgianos” y guerrilleros chechenos. Ramón Lobo quiere entrar en Grozni. Piensa que la única forma de contar lo que pasa en esta guerra es bajar a esos sótanos y conversar con los civiles atrapados, descubrir al lejano lector español que leerá mañana el diario en la comodidad del café ese mundo de hambre, miedo y muerte.

Ramón Lobo quiere entrar en Grozni y también K, el autoestopista sin nombre, el hombre perdido en los aledaños de la ciudad cercada. El periodista no conduce, va en el asiento trasero del coche, pegado a la única puerta que se abrirá si hay que salir corriendo. El chófer detiene el coche, K sube a la parte de atrás y empuja al periodista a esa puerta maldita que no se abrirá si es necesario. K descubre que el periodista es español, así que sonríe y grita su salvoconducto: “¡Stoitchkov! ¡Barcelona!”. Mal comienzo para entablar amistad con un madridista. Pero estamos en 1995 y Ramón Lobo sabe bien – ¡ay, inolvidable Tenerife! –  que el Barça de Cruyff lleva años reinando.

K monta en el viejo Moskovitch rojo y Ramón Lobo rememora cómo el fútbol le ha acompañado literalmente en sus viajes como corresponsal, desde cromos de jugadores del Madrid para regalar hasta la radio imprescindible para sintonizar los partidos allí donde no llegaba la televisión. “El fútbol acerca culturas, borra fronteras y difumina clases sociales; permite penetrar en el alma de las personas sobre las que el reportero va a escribir. Saber de fútbol no es de derechas o de izquierdas, embrutecedor o inteligente, es solo un conocimiento útil, una herramienta de trabajo”. Buen consejo, aunque este libro no trate de saber de fútbol y de periodismo, sino de sentir el periodismo y el fútbol, una mezcla de pasiones que hace que este texto sea tan breve como enriquecedor.

‘El autoestopista de Grozni y otras historias de fútbol y guerra’. Ramón Lobo. Editorial Libros del K.O. Madrid, 2012. 58 páginas, 6 euros.

Pd. (27/2/2013): Como empieza a ser un habitual, os invito a visitar ‘Jotddown’, que acaba de publicar esta entrevista y conversación entre Ramón Lobo y Javier Bauluz, sobre periodismo, ética, guerras y… dinero, el poco que se paga ahora a los miembros de este oficio en extinción.

Hombre que negó el saludo a Hitler

En esta crisis alemana, que dura ya desde hace dos semanas justas, casi ningún día la verdad de por la mañana ha sido la verdad de por la noche, y la verdad de la noche no ha sido nunca la verdad de la mañana siguiente”.  Es  jueves, uno de diciembre de 1932, y los lectores del diario Ahora’, que dirige el magistral Manuel Chaves Nogales,  leen  cómo Eugenio Xammar intenta atrapar  desde Berlín una verdad escurridiza, el viaje hacia el nazismo de la República de Weimar, aquella resistible ascensión de Adolfo Hitler.

Xammar llama a Hitler Don Adolfo Hitler y Don Adolfo da menos miedo. Casi parece un hombre respetable, hasta que el cronista se ríe de su bigote de Chaplin mucho antes de que Chaplin le caricaturice danzando con el mundo y le define como hombre de un solo discurso: “Su programa es un programa clásico de dictador. Con breves y sencillas palabras promete la felicidad general”.  En su relato discontinuo, Xammar muestra con detalle cómo en meses el canciller elegido en un país de 6 millones de parados dinamita los pilares de la democracia y construye día a día su régimen de terror con la complicidad feliz de millones de alemanes comunistas, católicos, socialistas, que se convirtieron en nazis en cuestión de meses.

 “Varios millones de alemanes que comen poco – escribe Xammar – están convencidos de que si no comen más, la culpa la tienen los judíos. A esos ciudadanos, tan patrióticos como desorientados,  hay que entretenerles con algo”.  Jugamos con ventaja, sabemos el terrible final de esta historia, pero aún así las Crónicas desde Berlín’  de Xammar, periódico en formato de libro, se leen con fascinación porque nos convierten en un lector contemporáneo de aquellos hechos decisivos. En una fecha tan temprana como el 26 de marzo de 1933, Xammar nos descubre los campos de concentración. Una semana más tarde relata la persecución de los judíos y el 24 de diciembre de 1933 la ley de esterilización a cuyas víctimas tan bien representó Montgomery Clift en ¿Vencedores o vencidos?

Xammar comienza esta crónica de forma magistral:

La dueña de la casa se dirige al invitado que se pasea por los salones con aire un poco aburrido y, para entrar en conversación, le pregunta:

  - Ante todo, ¿se llama usted Sáenz del Pardo o Sainz del Pardo?

  - Es igual, señora – contesta el interpelado -. La cuestión es pasar el rato”.

Aclarado el enfoque de la crónica, Xammar informa del coste del proceso de esterilizar a 400.000 alemanes y cita a un profesor defensor de un mundo perfecto que, sin ningún criterio ético, no ve en la eugenesia un gasto sino una inversión de futuro. Contados los hechos, detalladas las diferencias de esterilizar a hombres y mujeres, el cronista concluye:

Después de lo que antecede, díganos el lector si no cree también que Alemania se va poniendo difícil para Sáenz del Pardo, para Sainz del Pardo y, en general, para todas aquellas personas que opinan que, en el fondo, lo único que importa es pasar el rato del modo más agradable posible”.

No hay vuelo sin motor en las crónicas de Xammar. Informar es el gran reto que asume en sus relatos, en los que siempre el qué se cuenta domina al cómo se cuenta y en los que es tan riguroso con los hechos como con el lenguaje que utiliza para explicarlos. Casi todas las crónicas de Xammar son telefónicas y tienen una frescura inexistente en los libros de Historia.  Para la sucesión de Brüning suenan los nombres de unos cuantos señores sin importancia, titula uno de sus textos y demuestra por qué es necesario un buen corresponsal, que contextualiza a sus lectores la información, la ordena y la explica. Ese periodista a extinguir en un oficio malherido, enseñado por periodistas que no nos descubrieron a Xammar.

Crónicas desde Berlín’. Eugenio Xammar. Editorial Acantilado. Barcelona, 2005, 368 páginas. 20 euros.

Pd. 1:  Este texto se titula igual que un gran artículo de Charo González Prada, editora de los artículos de Xammar y, con seguridad, la persona que más sabe sobre la vida y obra de este periodista. Descubrí que había elegido el mismo título justo antes de publicar la entrada. Creo que es tan bueno que en el futuro otros lo volverán a descubrir.

Pd. 2:  Apenas hay fotos de Xammar en la red, así que preferí ilustrar estas líneas con el retrato de August Landmesser, un desobediente que nos recuerda la facilidad con la que los hombres nos convertimos en un dócil rebaño.

Pd. 3: Ésta es la entrada 150 del blog.

Es joven, tendrá unos treinta años y ha estudiado Económicas.

-         Yo los voté – me dice.

-         ¿A Amanecer Dorado?

-         Sí.

-         ¿Por qué?

-         Quería vengarme – me contesta tajantemente – . Quería vengarme porque estoy en el paro y dependo de mis padres, y a ellos, encima, les han recortados sus sueldos. Quería vengarme porque después de terminar mis estudios, me ganaba mi paga con trabajos ocasionales.

-         ¿Y crees que Amanecer Dorado te conseguirá trabajo? – le pregunto.

-         No, pero los otros tampoco”.

Quien pregunta es el novelista griego Petros Márkaris, creador del comisario Kostas Jaritos. Su conversación con el votante del partido neonazi griego es el arranque irresistible de ‘Un país demencial’, uno de los 12 capítulos que conforman La espada de Damocles’, una colección de artículos escritos originalmente en alemán y, dato aún más clave, publicados en la prensa alemana entre 2009 y 2012, mientras la crisis griega hacía tambalear la Europa del euro.

Márkaris, traductor de ‘Fausto’ al griego, intenta reconstruir puentes: que los alemanes dejen de ver a los griegos como una panda de vagos y tramposos – “pues en Alemania se ha puesto de moda echar pestes de Grecia por cualquier motivo – y que los griegos dejen de odiar a los alemanes por su egoísmo. Pero es duro, y mucho, con los políticos y una parte de la sociedad griega. Márkaris no tiene dudas: la debacle de su país es una crisis política y sus culpables tienen nombres y apellidos.

Entre 1974, fin de la Dictadura de los Coroneles, y 2011, dos grandes dinastías políticas se repartieron el poder en Grecia. A la derecha, los Karamanlís, tío y sobrino, que gobernaron de 1974 a 1980 y de 2004 a 2009;  y a la izquierda, los Papandreu, padre e hijo, que gobernaron Grecia de 1981 a 1989, de 1993 a 1996 y de 2009 a 2011. Ambas familias convirtieron la administración pública en su cortijo particular y repartieron las ayudas europeas entre sus cargos y su clientela. Sólo faltaba la entrada del euro  - con las cuentas falseadas por Goldman Sachs, algo que no cuenta Márkaris – y la llegada de miles de millones en créditos fáciles para crear una gran burbuja inmobiliaria y una sociedad que, como la de Españistán, gastaba su futuro.

He aquí los culpables, pero no todos. En Las luces se apagan en Atenas – uno de los mejores artículos del libro -, Márkaris divide a la sociedad griega en cuatro grandes partidos no oficiales: 1) ‘El partido de los beneficiarios/defraudadores’, formado por los empresarios beneficiados por una u otra dinastía política y los agricultores; 2) ‘El partido de los honrados’ o ‘el de los mártires’, los autónomos y pequeños empresarios, los trabajadores que ya han perdido toda esperanza; 3) ‘El partido de los Moloch’, dividido entre los trabajadores públicos enchufados y los funcionarios por oposición; y 4) ‘El partido de los desesperanzados’, en el que Márkaris incluye a los jóvenes griegos, más del 50% de los cuales no tiene trabajo y sólo piensa en emigrar.

Una y otra vez, nuestros banqueros y políticos han repetido la consigna España no es Grecia, España no es Grecia. No es mentira, es sólo una media verdad. El futuro de los jóvenes griegos es el mismo que el de millones de jóvenes españoles. Y aunque el descrédito de nuestra clase política aún no ha llegado a ser tan grande como para permitir la aparición de partidos de extrema derecha – nos fijamos en Amanecer Dorado pero no están solos, los Griegos Independientes tienen aún más votantes y los dos partidos controlan un 18% del Parlamento -, el populista salvador está a la vuelta de la esquina. Como nos llevan dos años de ventaja, no me parece improbable que las palabras del joven griego las diga pronto un indignado español.

Dejemos que una de las diferencias entre Grecia y España – sí, para bien y para mal hay muchas – la diga el propio Márkaris. “Hace poco pasé un mes en España, un país que también vive tiempos muy difíciles. Pero soy optimista con respecto a España y por una razón muy simple. Madrid tiene unas ochenta bibliotecas públicas. Barcelona treinta y cinco (…) el número de bibliotecas públicas en Grecia no supera las 25 (…) Ahora, cuando necesitamos la poesía, la literatura en general, nos faltan las bibliotecas”. No sé si las cuentas de Márkaris son ciertas, pero publico esta entrada gracias a la red wifi de la magnífica biblioteca ‘Miguel Hernández’ de Collado Villalba, desde cuyo inmenso ventanal se pueda apreciar la cicatriz del túnel inútil con el que un alcalde nefasto endeudó a la ciudad por generaciones. Siempre está repleta de lectores.

La espada de Damocles’. Petros Márkaris. Editorial Tusquets. Barcelona, 2012. 140 páginas, 12 euros.

Pd. (15 de noviembre de 2012, el día después de la huelga general en España): Para saber más, os dejo este enlace de un artículo en XL Semanal, con las reflexiones de Márkaris y el cineasta Costa-Gavras sobre la crisis.

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