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Dime, ¿cómo se ve el mundo con los ojos de Mickey Mouse? Yo no soy Mickey Mouse. Mil veces me repetirás la misma pregunta y mil veces te contestaré lo mismo. Yo no soy Mickey Mouse. Ay, qué pesado te pones. Tienes orejas de ratón y vistes calzoncillos rojos. Tienes cola de ratón y llevas puesta la cara de Mickey Mouse. Así que eres Mickey Mouse, aunque te empeñes en negarlo. Dime, Mickey, ¿cómo se ve el mundo a través de tus ojos? Mickey Mouse no tiene ojos, sus ojos son los míos y el mundo siempre es igual, con este disfraz o sin él. No, no es igual, no puede ser igual. Vale, no quieres ser Mickey Mouse, bueno, admitiré que como los viejitos tu cerebro no va demasiado bien y has olvidado quién eres. ¡Al fin y al cabo tienes un cerebro de ratón! No te enfades, es que, je, je, no he podido evitar la broma. Vale, no eres Mickey Mouse pero tus ojos miran a través de los ojos del ratón más famoso del mundo. No puedes decirme que el mundo que ves es el mismo que miran tus ojos cuando dejas de ser Mickey. Veo niños felices y padres cansados. Veo futuros ratones y futuros gatos. Ves,  ni siquiera tú eres capaz de evitar sentirte un poco ratón metido dentro de ese disfraz. ¡Futuros ratones y futuros gatos!, muy bueno. GUARDIÁN PIRULETO, ¡BAJAD EL PUENTE LEVADIZO! ¡Escucha, ahora es cuando sale el dragón! Pero, date la vuelta y mira, no ves que ese niño no te hace caso ya. Déjalo en paz, sus padres no te van a dar un euro si no les dejas mirar el espectáculo. ¿No te has fijado cómo te ha mirado el padre? Oye, si no me haces caso es tu problema. Yo sólo quiero ayudarte. Soy tu amigo. ¿Ayudarme? Tú no eres mi amigo, no me conoces, no sabes quién soy, ni de dónde vengo. Quieres hacerme creer que sólo soy un ratón.  ¡Sólo un ratón, no! ¡Mickey Mouse! ¡El ratón más famoso del mundo! …y el más querido. Sé todo sobre ti, dónde naciste, cuál es tu nombre y cómo se llaman tus hijos. ¡OH, ES UN DRAGÓN! ¡Mira la cara del niño, está realmente asustado! Te llamas Carlos Alfonso Gutiérres Armendía. Tus hijas se llaman Jenny y Miranda, y tu hijo pequeño, que mañana cumplirá tres años, se llama Johny. ¿Te asusta lo qué sé de ti? No te tengo miedo, sólo existes fuera de mí. No puedes hacerme daño. ¿Ah no? ¡Qué orgulloso eres! Es lo que más me gusta de ti, tan pequeñito, tan ratón y tan orgulloso. Y si te dijera que sé también que no tienes papeles… Uy, uy, uy, uy, creo que te estás empezando a asustaaar… Mi alma es libre, no necesita papeles, ni sellos. Mi alma no puede encerrarse en disfraces ni celdas. ¡Qué bonito! ¡Qué culto eres! Siempre me ha fascinado lo bien que habla tu pueblo, con lo poco que leéis. Mira, esta parte de la historia te tiene que gustar. Es cuando adoptan al dragón. ¡Joder, si hasta a mí me emociona! NO TE PREOCUPES REGALIZ, TE PODRÁS QUEDAR CON NOSOTROS. DEFENDERÁS EL PAÍS DE LAS CHUCHES Y TE DAREMOS UNA RACIÓN SEMANAL PARA QUE SIGAS ESTANDO FUERTECITO. Oh, es enternecedor. Me encanta que ‘El Lote Galés’ eduque tan bien a sus clientes. ¿Puedes creer que todavía hay gente a los que no les gusta ‘Lotilandia’? Son gente sin valores, no entienden nada, pero se creen que lo saben todo. Y desconocen lo fundamental. Por ejemplo, que gracias a ‘Lotilandia’  tú puedes comer. Pero, dime ratoncito, ¿tú crees que los papás de los futuros ratoncitos lo habrán comprendido? Dime, tú lo tienes que saber, ¿han captado el mensaje?, ¿te miran de una manera diferente cuando escuchan tu voz sudaca y extiendes tu mano? Yo no soy Mickey Mouse, mil veces me repetirás la misma pregunta y mil veces te contestaré lo mismo. No quieres contestar, bueno, mañana volveré a hablar contigo. Voy a charlar un poco con el pato Donald. Créeme, él sí que sabe muy bien quién es. Mira, mira cómo mueve su culo blanco, es divertidísimo, je, je. Mucho más que tú, ratoncito. No mires atrás. Ten cuidado ratoncito, me parece haber visto un lindo gatito que te va a pedir los papelitos ¡Te he dicho que no mires! ¡Ah, has picado, has picado! ¡Por fin he visto el miedo en tus ojos! Bueno, ¿o ahora son los ojos de Mickey Mouse? No, no me contestes, ratoncito, todavía tenemos por delante muchas tardes para conocernos. ¡Créeme, acabaremos siendo muy buenos amigos! Hasta mañana ratoncito, ah, y… ¡feliz Navidad!

15/12/10

Sylvia Plath respiró el gas de su horno. Virginia Woolf  se llenó los bolsillos de piedras y se sumergió en un río. Ernest Hemingway se pegó un escopetazoJohn Kennedy Toole enchufó la manguera del jardín al tubo de escape de su coche. David Foster Wallace se ahorcó.  Emilio Salgari se acuchilló hasta morir. Perfecto”, pensó el homeópata, mientras retocaba su artículo sobre escritores suicidas.

En el margen de la página anotó con un lápiz: “Ver Albert Camus, ‘El mito de Sísifo’. Nota clave: “No hay más que un problema filosófico realmente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale la pena vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”. El homeópata dejó el lápiz sobre la mesilla y releyó sin abrir los labios la poesía de Pavese.

 “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

esta muerte que nos acompaña

desde el alba a la noche, insomne,

sorda, como un viejo remordimiento

o un absurdo defecto

“Cuando vio los ojos de la muerte, Cesare Pavese llenó su estómago de barbitúricos”, escribió el homeópata debajo de la cita de Camus.  Miró el reloj del móvil. Era la una y 23 minutos de la madrugada. Dejó el volumen de versos sobre la mesilla y comenzó a leer  las frases que había señalado en ‘El oficio de vivir.

Señal segura de amor es desear conocer, revivir, la infancia del otro”.

“Ciertamente, tener una mujer que te espera, que dormirá contigo, es como la tibieza de algo que deberías decir, y te calienta y te acompaña y te hace vivir”.

“No nos matamos por el amor de una mujer nos matamos porque un amor, cualquier amor, nos revela en nuestra desnudez, miseria, indefensión, nada“.

“Natrum muriaticum a 20 LM de disoluciónLe habría salvado la vida”, pensó el homeópata al cerrar el diario del poeta.  Miró el vaso de agua mineral que se asomaba entre los libros de la mesilla. La sal ya se había disuelto. El homeópata bebió el agua de un sorbo, apagó la luz y estiró su brazo. Una sonrisa iluminó su rostro al sentir el cuerpo cálido de su amada.

17/7/10

El banquero había revisado hasta la última línea de su biografía. Le gustaba que sólo llevase por título su apellido, en grandes letras mayúsculas sobre el color rojo de su banco. Debajo del apellido título, la fotografía de la portada reproducía uno de sus gestos más típicos. Las manos juntas, la mirada apuntando al horizonte, más allá del posible lector.

El banquero sopesó el libro en sus manos. Era más pesado de lo que parecía y aunque tenía la tapa blanda parecía estar editado para durar. 12 pliegos de papel cosidos, letra a prueba de lector con vista cansada. El diseñador había convertido el logo de su banco en la tilde de su apellido. Le gustaba el detalle.

El banquero pasó las páginas rápidamente y se detuvo un momento en las fotografías que ilustraban la trayectoria de la saga familiar. Insertadas en mitad del libro, fotos en blanco y negro demostraban su rancio abolengo. Volvió a mirarlas otra vez, aspiró el aroma de la tinta y el papel, cerró el libro y comenzó a leer la contraportada. Fue entonces cuando descubrió la errata.

Escondido entre éxito, poder y fortuna, el banquero encontró un error increíble. Buscó las gafas y volvió a leer la frase. Sí, no se había equivocado. En la primera línea del tercer párrafo el azar había convertido toda su vida en una inmensa equivocación: “…nació para ser barquero“.

26/04/10

El guardaespaldas llegó a primera hora de la mañana, mientras abría las cajas de novedades y hablaba en silencio conmigo mismo: “Una edición de ‘El libro del desasosiego‘ por Perfecto Cuadrado, ¡ja, ja!”… la tenía justo en mi mano cuando aquel tipo fornido entró en la librería, con su traje oscuro, gafas oscuras, pelo oscuro y camisa blanca.  “Buenos días”, dijo con una voz nada oscura, casi amarillo chillón, una voz que desafinaba con aquel cuerpo disfrazado. “Buenos días”, contesté. “¿Es usted el responsable?” “¿De qué?”, contesté.”¡De la librería, de qué va a ser!” “No, pero digamos que sí. En este momento, sí”. “¿Cómo se llama?” “Carlos” “Bien, Carlos, mire, dentro de dos horas la concejala vendrá a la librería a hacerse unas fotos para una revista. Por motivos de seguridad, necesitaré colocar a mis hombres…” Durante casi un minuto el tipo oscuro de voz amarilla lanzó un discurso de frases cortas y rápidas. Imposible interrumpirle. “¿Lo ha entendido todo?” “Sí, claro, sí, pero…” Y antes de que me diera tiempo a preguntar por qué yo, por qué aquí, por qué ahora, el guardaespaldas salió de la tienda dando un portazo.

Coloqué los ejemplares del libro de Pessoa. Limpié el polvo de los estantes. Volví a decir a una estudiante que NO, QUE NO HACEMOS FOTOCOPIAS. Y decidí que no valía la pena llamar a mi jefe, mientras miraba el reloj y veía cómo se acercaba el momento. Quizá todo era una broma. Pero me equivoqué, justo a las dos horas reapareció el tipo oscuro. “Bien, es usted el librero de cabecera de la concejala. Recuerde, ella confía en usted qué libros comprar. Si el periodista le pregunta, esa es su respuesta. ¿Está claro?” “Clarísimo, soy la cabecera de la concejala…” “¡QUÉ!” “Digo, el librero sin cabeza” “No se haga el graciosito conmigo” Y tuve que contenerme para que su voz amarilla no me hiciera reír a carcajadas.

La concejala entró en la librería con una amplia sonrisa y se dirigió directamente hacia mí. “Buenos días, Antonio, qué tal” Iba a corregirla cuando vi de reojo el gesto del tipo oscuro. No, no valía la pena. “Buenos días, eh…, había olvidado su nombre, justo en ese momento. “¡Qué tal, Tony, mira vengo con este periodista y su compañero fotógrafo porque querían saber cuál es mi librero de cabecera y yo les he dicho que vengo a comprar a tu tienda desde hace años y que tú me has descubierto decenas de escritores. Porque a mí no me gusta comprar en un gran almacén – empezó a decir mientras dirigía su mirada y su sonrisa al periodista sin preguntas -. Para mí una librería es un ser vivo. Su piel multicolor cambia cada día conforme los libros llegan, se colocan, se venden o se mandan al olvido. Para mí comprar un libro es casi un ritual y no me gustan los best-sellers. Me encanta descubrir nuevos autores y Anthony es un guía inmejorable. Mi auténtico librero de cabecera”. Me quedé sin palabras. No porque había frases que creía haber escuchado antes, ni por la mirada oscura del tipo oscuro, sino porque en los 8 años, 10 meses y 4 días que llevaba trabajando en la librería nunca la había visto. Nunca.

¿Qué me recomiendas, Tony?” “Yo, bueno…” y de repente vi la pila de “El libro del desasosiego” de Pessoa.  Cogí un ejemplar y se lo pasé. “¡Oh, maravilloso, Pessoa. Me encanta…, su melancolía, su mirada atlántica, su lusofonía…” “¿Mirada atlántica?, ¿lusofonía?”, pensé mientras el periodista retiraba la grabadora para que el fotógrafo pudiera volver a fotografiar a la concejala. “Bueno, muchas gracias, Anthony. Como siempre, infalible. Bueno, y ahora vamos a ir a ver a mi pescadero”, oí decir a la concejala mientras salía por la puerta como un vendaval. El periodista sin preguntas ni se despidió. Durante el resto de la mañana vendí tres libros más. Y volví a decir a un estudiante que NO, QUE NO HACEMOS FOTOCOPIAS. El domingo siguiente vi el reportaje en el suplemento de un periódico. Afortunadamente, no salí en las fotos, ni me mencionaban en el texto. Han pasado cinco años. La concejala es ahora ministra y el tipo oscuro sigue siendo su tipo oscuro. No la he vuelto a ver en la librería. Supongo que habrá encontrado un librero de cabecera cerca de su ministerio. Por cierto, el pescadero de cabecera no salió en el reportaje.

8/12/09

-…y, por supuesto, tendremos lecturas de Shakespeare en inglés subtituladas en inglés.

- No sé… no sé.

- Y cada fin de semana, dos recitales de poesía, siempre con un poeta premiado con el Adonais.

- No, sé, me parece una buena oferta, pero…

- Pero nada. Escuche, ésta es una oportunidad única. Con el descodificador le regalamos las obras completas de Ian Gibson sobre Lorca, ¡los 37 volúmenes encuadernados en tapa dura y con sobrecubierta!

Era una oferta irresistible, así que decidí abonarme a Literatura TV, el primer canal de pago de la TDT. El nuevo canal había desatado una guerra mediática sin cuartel. Los escritores de Digital Literario, la plataforma literaria vía satélite, acusaban al Gobierno de favorecer a sus amigos y de querer robarle sus millones de abonados. Literatura TV declaraba que sólo ofrecían una tecnología que en Europa llevaba años de éxito: “¿Por qué un hamburgués puede pagar por ver la TDT y un abulense no? Si yo quiero pagar por ver la TDT, nadie debe impedírmelo”.

Mientras los informativos se llenaban de opinión y publicidad, y los escritores y periodistas de una y otra tele se lanzaban libertades a la cabeza, en los anuncios estalló una guerra de descuentos. Digital Literario lanzó una agresiva campaña publicitaria con una foto de Sánchez Dragón en pelotas, sonriendo mientras sujetaba una antena que no le cubría nada, al lado de esta frase: “Él sólo necesita su parabólica”.

Literatura TV contraatacó con otro anuncio de Sánchez Dragón en pelotas y con un descodificador que… tampoco le tapaba nada. Dragón sonreía al lado de otra frase en cursiva: “Él sólo necesita su descodificador”.

Sánchez Dragón contraatacó contra todos con otro anuncio en pelotas, una sonrisa aún más grande y luminosa y otra frase en cursiva: “Yo no necesito nada”. En las calles, los anuncios de Dragón se pegaban unos sobre otros. Así que a veces parecía que tenía una parabólica cuando anunciaba un descodificador y al contrario, o tenía una cabeza y cuatro piernas, lo que hacía más real su autarquía.

Caminaba por la estrecha calle que conduce a la Filmoteca, empapelada con decenas de Dragones desnudos, cuando creí reconocer a un antiguo directivo de televisión. Su traje azul marino estaba lleno de lamparones y sus mangas estaban deshilachadas. Tenía la mirada perdida y repetía una y otra vez esta frase: “Mi accionista principal tiene una importantísima editorial, pero nunca se le ocurriría pedirme que hiciera un programa de libros porque sabe que sólo daría un 2% de audiencia, ¡un 2% de audiencia!, ¡Sería un disparate!

Sus ojos se cruzaron con los míos y por un momento creí ver en sus pupilas un coro de ejecutivos de televisión y publicistas que le envolvían en una nube de aplausos y sonrisas túsiquesabes. Fue sólo un instante. Después aquel brillo desapareció de sus ojos y el antiguo directivo volvió a emprender su viaje sin destino, arrancando carteles de Dragón, repitiendo una y otra vez su locura.

La Librería Mediática®

http://lalibreriamediatica.wordpress.com/que-es-la-libreria-mediatica-y-que-significa-tvlecturas/

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LA VUELTA AL CINE EN DIEZ PELÍCULAS

Todo el cine del mundo, de diez en diez porciones

Manuel Marlasca

Soy reportero de sucesos e investigación. Me puedes ver en La Sexta Noticias, Espejo Público (Antena 3) y escuchar cada lunes en Julia en la Onda (Onda Cero). Éste es mi rincón en la Red.

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