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‘Dresde 1945. Fuego y oscuridad’


 

El 13 de febrero de 1945 Victor Kemplerer subió a un tranvía de Dresde. La estrella de David que lucía en su ropa delataba que estaba saltándose la ley, una más de la retahíla de normas nazis que desde la llegada de Hitler al poder le arrebataron su cátedra de filología románica en la Universidad, su coche, su casa e incluso su querido gato. Esa mañana, Kemplerer tenía una autorización para viajar. Debía entregar a 70 de los poco más de 200 judíos de Dresde una carta que les conminaba a preparar una maleta para dejar la ciudad. Intuía que portaba un mensaje mortal, un billete a los campos de exterminio.

24 horas después, ‘la Florencia del Elba’ había sido devorada por un huracán de fuego provocado por las bombas incendiarias lanzadas por 796 ‘Lancaster’ británicos, repartidos en dos oleadas. Por la mañana, otros 311 B-17 estadounidenses arrojaron sus bombas sobre la estación, en un epílogo mortal. En Dresde. Fuego y oscuridad, el británico Sinclair McKay narra el antes, el durante y el después del ataque en un relato polifónico y vibrante, en el que da voz a las víctimas supervivientes y a sus jóvenes verdugos.

5.500 británicos, apenas veinteañeros, participaron en el bombardeo. Cada ‘Lancaster’ tenía 7 tripulantes y un octavo pasajero: el miedo.Para los aviadores – escribe McKay –, se trataba de una noche de miedo más, y Dresde era solo un blanco más”. ¿Y para su jefe? Arthur Harris, el jefe del Mando de Bombardeo – ‘Carnicero Harris’ para sus colegas de la RAF -, siempre creyó que destruir las ciudades alemanas aceleraría la victoria. Maltratado en la posguerra, apuntó a Churchill cuando se cuestionó un ataque que, pese al número de muertos – 40.000 según Jorg Friedrich en ‘El incendio’, 25.000 según McKay – no fue ni el más mortal ni el más terrible. Unos 600.000 civiles murieron por los bombardeos de Dresde y otras 130 ciudades y pueblos alemanes.

El debate sobre si fue un crimen de guerra comenzó en el Reino Unido casi enseguida. En Alemania, aunque las autoridades comunistas de la RDA instrumentalizaron el ataque durante la Guerra Fría, el silencio duró décadas “sobre todocomo apuntó W. G. Sebald en ‘Sobre la historia natural de la destrucción’ porque un pueblo que había asesinado y maltratado a muerte en los campos a millones de seres humanos no podía pedir cuentas las potencias vencedoras”. Quizá, también, porque fue la Luftwaffe la que inició en Guernika esta competición de terror que los Aliados culminaron en Hiroshima.

‘Dresde, 1945. Fuego y oscuridad’. Sinclair McKay. Taurus. Madrid, 2020. 416 páginas, 22,90 euros.

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