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Benedetti en la mesilla


Hoy, cuando Mario Orlando Hardy Hamlet Benedetti cumple 100 años.

Después del hipopótamo

Hubo un tiempo en el que todos los poetas eran de lectura obligatoria. Todos, menos él. A Benedetti, incluido en los planes de estudio, en las colecciones de quiosco, en los discos que mis padres no tenían, en los regalos de cumpleaños, se llegaba a través de los amigos y enseguida encontrabas en sus poemas la frase genial con la que querrías decirle a ella todo lo que sentías. Sólo había una estrategia y él era nuestra táctica.

Si se marchaba al otro lado del mundo, no importaba, allí estaba el poeta para trazar un puente de palabras transoceánico. Él decía con claridad todo lo que sentías. Entonces no había paro, ni nómina, ni jefes, ni horarios, ni dinero… Pensábamos que nunca seríamos oficinistas y sabíamos que nunca moriríamos funcionarios. Dormíamos con sueño.

Luego llegaron otros poetas, y el paro y los jefes, y el paro otra…

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