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‘El expolio nazi’


Entre sus crímenes también estuvo el robo. Tras los panzer llegaron los historiadores de arte con uniforme, prestos a apoderarse de las obras que les dieran el favor de Hitler o Goering, rivales con apetito insaciable. En solo seis años (1939-1945) – escribe Miguel Martorell – la Comisión Especial de Linz acumuló 6.755 óleos, 230 acuarelas, 1.039 grabados, 95 tapices, 68 esculturas… para el gran museo que el Führer deseó construir en la ciudad de su infancia. Mientras, en su villa de Carinhall, Goering atesoró otro millar de obras de arte. Nada se desperdiciaba. Las despreciadas obras de vanguardia se vendían para obtener divisas o se cambiaban por otras acordes con el canon nazi.

Miguel Martorell (Madrid, 1963) – catedrático de Historia en la UNED – cuenta este saqueo gigantesco a través de las andanzas de Alois Miedl (1903-1990), en un ensayo sólido y apasionante, fruto de décadas de investigación. Por las páginas de ‘El expolio nazi’ desfilan hampones franceses colaboradores de la Gestapo, coleccionistas perseguidos por ser judíos y diplomáticos españoles de refinado gusto artístico, sin escrúpulos para aprovechar la desgracia. Empresario, banquero, ¿espía?… Miedl fue, sobre todo, un hábil y excelente negociador. “Escurridizo como una anguila, escribiría Theodore Rousseau, el hombre que más cerca estuvo de atraparle. Cuando el teniente estadounidense – futuro conservador jefe del Museo de Arte Moderno de Nueva York – conversó con él en Madrid (el 12 de abril de 1945), Miedl llevaba casi un año en España, con su mujer judía y sus dos hijos.

Goering anotó en esta libreta todos los cuadros que atesoró

En la capital, corría el rumor de que Miedl tenía 200 pinturas que Goering intentaba vender.Él era mi principal marchante”, contestó el mariscal a los interrogadores aliados que le preguntaron por qué permitió a Miedl huir a España. Goering negó el rumor de la venta: las pinturas que intentaba vender Miedl eran de Miedl. ¿Cuántas trajo a España? ¿22, 63, 80…? Nunca lo sabremos. Aun con la protección de Goering, “Miedl no era nadie en España”, y no pudo evitar la incautación de 22 cuadros menores – en calidad y tamaño – de Hals, Van Dyck, Corot… en la aduana de Bilbao. La mayoría eran de la Galería Goudstikker, que Miedl compró tras la conquista nazi de Holanda.

Soldados estadounidenses con ‘Cristo y la adúltera‘, un falso Vermeer que Miedl colocó a Goering

En “una arianización de guante blanco” – Dési Goudstikker era judía -, Miedl pagó 2,5 millones de florines, logró cuadros para mantener la protección de Goering y evitó que la madre de Dési muriese en un campo de concentración. Miedl – que quizá pudo haber sido un Oskar Schindler de haberlo querido – estaba entre los 255 nazis cuya entrega pidieron los estadounidenses a España en noviembre de 1945. Fue en vano.La mayoría de los marchantes que colaboraron con los nazis en el expolio siguieron ejerciendo su oficio en la posguerra”, escribe Martorell. En 1948, Miedl recuperó sus pinturas, abandonó España y se convirtió en un respetado hombre de negocios en una Alemania reconstruida, partida y amnésica.

‘El expolio nazi’. Miguel Martorell. Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2020. 508 páginas, 23,90 euros.

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