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La mirada de Putin


El poder se transmite a través de la mirada. No basta con sostenerla. Hay que generar en la pupila un grito brillante y silencioso que posea todos los sonidos del miedo. Es el chasquido del ojo al disparar la bala que rompe en pedazos el iris del duelista rival y le obliga a bajar la cabeza.

Los grandes duelos de poder están en la realidad de la ficción, como los combates silenciosos entre Al Swearengen y George Hearst en la fascinante Deadwood” o los duelos entre Stringer Bell y Avon Barksdale en esa obra maestra que es The Wire“. Pero a veces, la ficción de la realidad nos ofrece retos inolvidables.

Mientras media Europa del Este se congelaba por el cerrojazo del gas que él había ordenado, Vladimir Putin daba en Moscú una rueda de prensa. Un corresponsal rumano se atrevió a preguntarle, sin levantar la mirada del texto que leía. Y Putin le contestó. Nos contestó a todos.

Su respuesta, “tengo una oferta que su presidente no podrá rechazar…”, recuerda casi textualmente a Brando en “El Padrino“. Un futuro libro sobre Putin podrá incluir la frase, pero ¿qué periodista o historiador tendrá todas las palabras para transmitir lo que dicen los tres segundos de silencio de Putin?

Leo a trompicones “El imperio fallido“, un interesante ensayo sobre el ascenso y la caída de la Unión Soviética. En sus 700 páginas, notas incluidas, se suceden las distintas etapas del reino comunista, sus ambiciosos planes quinquenales, la carrera nuclear con Estados Unidos, las invasiones de los aliados insumisos y, sobre todo, los inquilinos del Kremlin.

Hasta el siglo XX, la Historia otorgó a los hombres de poder el timón de los acontecimientos. Luego llegaron los gigantes franceses. Braudel, Febvre, Bloch nos dejaron obras únicas que sumergían al individuo en una barquita de papel en mitad de un Mediterráneo furioso.

Leo esta historia de la Unión Soviética y me cuesta no creer que el carácter impetuoso y aventurero de Jrushchov no fuera decisivo para poner al mundo al borde de una guerra nuclear o que la adicción de Brezhnev a los opiáceos no influyera en la absurda invasión de Afganistán.

Temerosos, inseguros, enfermos o dubitativos, Jrushchov, Brezhnev, Andropov, Chernenko, Gorbachov, gobernaron un imperio fallido que se fue anquilosando a lo largo de décadas. Ninguno nos dejó una mirada como la de Putin. En los imperiales espejos del Kremlin, Stalin le sonríe.

‘El imperio fallido. La Unión Soviética durante la Guerra Fría’. Vladislav M. Zubok. Editoria Crítica.  Barcelona, 2008. 672 páginas, 39 euros.

Putin moviliza sus tropas

Pd. (1/3/14): Escribí estas líneas hace seis años. Hoy, todos volvemos a mirar a Putin, pendientes de la movilización de las tropas rusas en las fronteras con Ucrania y en la misma Crimea. Como en los tiempos de la Guerra Fría, antes de que el imperio cayese, Occidente vuelve a temer a Rusia, impotente ante el gran duelista.

Pd. 2 (13/4/14): “Cualquier hombre de mediana edad que insiste en fotografiarse en poses homoeróticas, cabalgando con el torso desnudo por Siberia, luciendo pectorales y acariciando un fusil de asalto, tiene un problema“, escribe Frederick Forsyth sobre Putin. He encontrado la cita en ‘El hombre del fusil’ , un artículo en el que Javier Cercas reflexiona sobre hasta que punto ha influido la personalidad de Putin en la crisis de Crimea. Me quedo con esta acertada frase: “Cuanto menos democrático es un país, más sujeto está a los caprichos de quien lo gobierna“.

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