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El voto de Poe


En la foto que acompaña estas líneas, Edgar Allan Poe posa en uno de sus últimos daguerrotipos. Hay otros retratos de Poe, pero éste es casi el canónico. Si lo miras con cierto detenimiento, posee un aire turbador, inquieto, desasosegante.

Basta dividir el rostro de Poe en dos para acercarse al misterio. Su mitad derecha conserva todavía la mirada del caballero virginiano que pudo ser y no fue. Pero la mitad izquierda parece caída, como si un puñetazo de tristeza le hubiera golpeado en esa parte de la cara.

Hoy se cumplen 200 años del nacimiento de Poe, una excusa perfecta para que el poeta de lo fantástico se convierta en actor principal de artículos como éste. Vienen biografías y nuevas ediciones de sus cuentos. Pero Poe no regresa a las librerías porque nunca se fue, aunque en vida no estuvo nunca.

Como muchos artistas, su obra sólo logró el reconocimiento tras su muerte y a pesar de su albacea. Leemos a Poe gracias a la admiración de Baudelaire y le disfrutamos gracias a la maestría de Cortázar. Pionero en el relato, inventor del detective literario, Poe fue un romántico que una y otra vez se dio cabezazos contra el mundo periodístico y editorial de la época. Infatigable, se empeñó en crear periódicos fugaces que nunca triunfaron.

Poe-MatissePoe según Matisse

Y entre fracaso y renacimiento, Poe nos dejó sus relatos de aventuras, misterio y terror. El último, el de su propia muerte. Hay unanimidad en el misterio que rodea a su fin, prematuro y doloroso: nadie sabe qué pasó exactamente. Pero la hipótesis con más éxito es que Poe murió por un exceso de alcohol y… de votos.

Los agentes electorales de demócratas y republicanos drogaban y emborrachaban  a forasteros y campesinos, y les llevaban en un tour inacabable por las tabernas, convertidas en improvisadas oficinas electorales. Poe era una presa fácil. Llegó a Baltimore enfermo, encadenado a una botella.

Georges Walter, en una biografía del poeta que comienza con su cartal astral, su geografía de vida y su árbol genealógico, explica que en aquellas elecciones los agentes electorales de uno y otro bando fueron además bastante activos.

No nos cuenta quién ganó las elecciones pero sí quién venció en esta carrera de secuestros: 140 los republicanos por 75 de los demócratas. Ningún partido presume de haber logrado el voto del poeta.

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