Saltar al contenido.

Mi sombrero es una boa


No hay una librería en mi calle. Ni en mi barrio. Ni en mi ciudad. En Getafe, cuna de la aviación española, ciudad universitaria, capital del sur, no hay ni una sola librería. Por eso a veces fantaseo con que yo abriré la mía en plena calle Madrid, entre zapaterías a prueba de crisis y otros valientes comerciantes de vida efímera. Con permiso de Saint- Exupéry, la llamaré ‘Mi sombrero es una boa’.

Entre torres de “Principitos”, tendré una selección de todos los libros que más me han gustado: una sección enorme que ocupará toda la librería. Habrá fotos y cuadros, y libros recomendados por los amigos para cada estado de ánimo. No faltarán nunca ni Bradbury ni Yourcenar, ni Hierro ni Girondo. Y, como esta librería es un sueño, con estantes de madera noble y olor a tinta recién impresa, no venderé ni un libro no deseado.

Las librerías de verdad también nacen de sueños como éste, aunque tienen que convivir con una realidad cada vez más dura: los clientes que tanto decimos amar a los libros entramos pero no compramos, las editoriales imponen decenas de títulos no queridos y el día a día se pierde entre ordenar, reponer, cobrar, cobrar, reponer, ordenar… Y cuando los libros no se venden aparecen los cuadernos, los lápices, las mochilas.

Hubo una vez un Getafe con librería. Entonces, qué curioso, la ciudad era más pobre, no tenía Universidad, no se sentía capital de un sur impreciso y su equipo de fútbol se medía con el Lega,  pero ahí estaba ‘El Chato’, pequeña, minúscula, con un diminuto ventanal en lugar de un escaparate, con paredes de adobe encaladas y dos libreros cuyo nombre olvidé.

Sí recuerdo a Maxi, mi profe de Literatura de C.O.U., que nos recomendaba a todos comprar los libros en aquella librería que no estaba en nuestra calle ni en nuestro barrio, pero sí en nuestra ciudad. ‘El Chato’ cerró hace unos años, antes del mordisco de la crisis, justo cuando nuestra ciudad tenía ya Universidad, un equipo que ganaba al Real Madrid y una fila interminable de grúas que ensanchaban la ciudad sin límite ni cordura.

Con los nuevos barrios no llegó ni una sola librería,  aunque sí gigantescos centros comerciales, infalibles para comprar el último Larsson, tan alabado por Vargas Llosa, pero sin un libro soñado. Entre sus filas de estantes, me cuesta encontrar los libros que deseo y mucho más encontrarme con un libro no buscado. Ese que los libreros que sueñan tienen siempre en su librería y que compras una mañana de sábado, en una librería que está en otra calle, en otro barrio, en otra ciudad.

24/09/09

Pd: Getafe celebra en breve su festival de novela negra y ha organizado un concurso de microrrelatos. Con 150 palabras puedes viajar a Estocolmo. El plazo para participar termina el 15 de octubre ¡Buena suerte!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: