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De blog en blog (I)


Estoy de vacaciones y todo el mundo me pregunta: “¿Dónde vas?” Y yo contesto: “Quiero ir a Praga”. Pero sigo sin comprar los billetes. En vísperas de llegar al hipopótamo número 100, preparando la gran fiesta en la sala de columna del Círculo de Bellas Artes, agotadas las ideas y sitiado por una montaña de libros sin leer, me he dado un paseo por blogs de escritores. Un viaje virtual a falta de uno real que todavía no tiene destino.

Sin maleta y sin billete, mi primera parada ha sido en el Hotel Kafka (ya sabes, Praga). En el Kafka escribe Rafael Reig un blog con aroma a galletas caseras, humo de muchos cigarrillos y cañas al sol. Es el blog de un pecador que escribe crítica y novelas, ¡a la vez!, y donde las fotos de mujeres semidesnudas y desnudas conviven con las de su sobrina o las de su sonriente hija Anusca. Me reí muchísimo con su novela ‘Sangre a borbotones”‘, así que sabía que en su blog habría buenas raciones de carcajadas. Y las hay, con mala uva y una libertad envidiable. Dos ejemplos muy buenos: ‘¡Liberad a Brines!‘ y ‘Cosmopolitas y cosmopaletos‘.

¿Cómo salté del divertido Reig al serio Sánchez Dragó? Porque tuve una mala siesta. Fernando Sánchez Dragó no tiene blog, tiene página: “La web oficial de Fernando Sánchez Dragó”. Lo primero que leo en su página es “Aborrece el lujo”. Como soy católico no practicante creía que era un versículo bíblico, pero no, es un verso chino. Lo segundo que leo en el blog de Dragó tampoco es un texto de Dragó sino un artículo de Silvia Grijalba sobre el penúltimo libro de Dragó (hoy es el último, pero mañana seguro que ya no).

Corto y pego: “Cuando, después de una noche en vela, la que pasé leyendo Soseki. Inmortal y tigre, el nuevo libro de Dragó, di la vuelta a la última página y cerré los ojos haciendo como que iba a dormir, pensé en la rabia que me daba no haber leído ese libro 25 años antes”.

Leer estas líneas después de pasar por el blog de Rafael Reig es un salto casi mortal a un lago de vanidad. Logro salir a la superficie y nado con esfuerzo hacia la orilla, pero los halagos se agarran a mi tobillos y las burbujas de ego están a punto de ahogarme. Justo cuando estoy a punto de quedarme sin fuerzas un tipo simpático tira de mi brazo y me ayuda a escapar del remolino que me quería arrastrar al fondo.

(Continuará…)

16/6/10

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