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‘Corre, rocker’, una conversación con Sabino Méndez


Sabino Mendez retratado por Thomas Canet

Sabino Méndez en 2005, retratado por Thomas Canet

Antiperiodismo digital. Aquí va una entrevista larga, muy larga, con doce años de antigüedad y a un músico que triunfaba en los ochenta. No teníamos estudio. O sí, pero Fran, nuestro técnico, tenía que grabar otro programa. Doce años después todavía lo recuerdo. Sabino Méndez estaba a punto de llegar y tenía que decirle que debíamos grabar la entrevista con un minidisc, sin poder jugar con las canciones que tan importantes eran para hacer avanzar la entrevista. Creo que temió lo peor, pero cuando comprobó que había leído su libro – una obligación básica de cualquier periodista que tiene que entrevistar a un escritor, pero que pocos cumplen – la tensión se atenuó. La entrevista se editó unos días después, o al siguiente,  y se emitió íntegramente – con las canciones rompiendo el diálogo pero, como ya era inevitable, no integradas en él –  en el programa ‘Las mil ciudades’ de Radio Círculo, que presentaba y dirigía Urko Gabilondo. Era el verano de 2000 y yo llevaba sólo unas semanas en el trabajo más hermoso que he tenido.

“Es molesto, pero acabamos interpretando

un tópico nosotros mismos”

Sabino Méndez fue en su última vida el autor de las letras de uno de los grupos de rock más importantes de la España de los ochenta: Loquillo y los trogloditas. Una década después de su abandono del grupo, Sabino buscó entre sus cajones los escritos acumulados durante años, los ordenó y con ayuda de sus recuerdos ha escrito ‘Corre, rocker. Crónica personal de los ochenta’, su primer libro y una de las mejores memorias de esta década veloz, muy veloz, que tan importante ha sido para la música española.

Sabino acude puntual a la cita en la quinta planta del Círculo de Bellas Artes, vestido completamente de negro, con su pelo canoso y corto. Elegante, con una seria cartera de cuero, más propia de un escritor que de un rockero. El tuteo es inevitable y los dos lo agradecemos. Desde el estudio, miramos cómo los coches circulan por la Gran Vía que pintó Antonio López.

La enfermedad literaria.

P: Sabino, te das cuenta de que con la misma edad eres un viejo rockero y un joven escritor.

R: Sí, pero nunca he creído mucho en los tópicos de los ‘viejos rockeros’ y todas estas cosas. Ya sé que es una frase hecha, pero suena a nostalgia y yo sentiría nostalgia si estuviera trabajando en un banco o haciendo oposiciones a un funcionariado. Pero no hay nostalgia en mí, sigo siendo un rockero, quizás más cansado, pero no me siento viejo en absoluto, sigo haciendo música, tocando rock y luego, aparte, escribiendo.

P: Mi impresión tras leer ‘Corre, rocker’ es que estas memorias rompen muchos tópicos. Como, por ejemplo, el del rockero inculto, que apenas lee o no se interesa por la cultura…

R: Sí, bueno, ese tópico yo creo que ya se había roto en los ochenta. Entre muchos de los rockers de aquella época había gente de todo tipo de extracción social de inquietudes culturales… Lo que pasa es que los tópicos acaban fosilizándose, por eso son tópicos,  y la única manera de demostrar que son estereotipos es publicar libros, hacer una labor que demuestre lo contrario.

P: Todos los capítulos de ‘Corre, rocker’ se inician con una cita literaria, de autores sobradamente conocidos y reconocidos, y uno al principio puede creer que estas citas son “unos adornos” puestos al comienzo de cada capítulo para que las memorias queden “más bonitas”. Pero enseguida, según profundizas en el libro y te quedas enganchado por tu forma de contar las historias te das cuenta de que no, de que esos autores están ahí porque han sido compañeros de viaje tuyos durante años.

R: Sí, principalmente ya era un lector compulsivo en la época en la que formamos Loquillo y los intocables’. Luego, cuando aún estaba en ‘Trogloditas’ comencé a hacer Filología Hispánica en la universidad, por pura inquietud. Y bueno, es un poco lo que decíamos antes, es un tópico la idea del rockero o del rocker iletrado. Nosotros incluso a veces jugábamos un poco con cierta ironía: nos hacíamos pasar por más iletrados o más analfabetos de lo que éramos por el gozo del estereotipo de la parte más animal o auténtica de la persona. Pero, claro, inevitablemente, cuando llevas leyendo tantos y tantos años, cuando estás intoxicado de letra, las citas no son casuales, sino que están justificadas, tienen un sentido. Tú íntimamente sabes hasta qué punto estás reflejan o identifican lo que estás contando y el capítulo respectivo que encabezan.

“Un día descubro los libros, más allá de los libros, los cómics, el cine, las narraciones… y, bueno, para mí son casi como una droga”.

P: Me sorprendió también y me gustó mucho esa pasión que tienes por los libros, una pasión que casi diría que es ingenua por creer tanto en la literatura.

R: Bueno, no creas, eh. No creo tanto en la literatura. En algún momento del libro creo que hablo de enfermedad. Es decir, no intento justificarlo a través de la fe o a través de un utilitarismo social o filosófico, simplemente lo acepto como una cosa inevitable del temperamento, de la naturaleza. Como cuando llueve, una cosa indiferente a nosotros. Cada uno está estigmatizado por ciertas cosas. En mi caso, un día descubro los libros, más allá de los libros, los cómics, el cine, las narraciones… y, bueno, para mí son casi como una droga. Con lo cual me alegro mucho de haberme liberado de otras sustancias pero de haber conservado esa, que probablemente debe ser peligrosa porque el ser humano tiene conciencia de ello. El mecanismo narrativo de ‘El Quijote’ de Cervantes es un señor que se intoxica con los libros y a nadie le parece extraño ese mecanismo narrativo, con lo cual todos tenemos conciencia de que… cierto grado de enfermedad tiene y hay que ser cauto, hay que saberlo controlar. Pero bueno, es una enfermedad, en cualquier caso, si la sabes llevar un poco bien,  muy bonita.

P: Luis Carandell, que yo no sé si es también un “enfermo de los libros”, pero que seguramente tiene también ese gusanillo, acaba de publicar sus memorias, unas memorias muy distintas a las tuyas, también porque habla de otros tiempos. Pero yo le he cogido prestada una cita de Goethe con la que comienza su libro y te la voy a contar porque creo que has captado ese espíritu, aunque no sé si conocías la cita. Dice Carandell, citando a Goethe en Poesía y verdad’: “Lo principal en la biografía es representar al hombre en las circunstancias de su época… Para ello, hace falta algo casi inalcanzable, y es que la persona se conozca a sí misma y a su siglo; a sí misma para saber si sigue siendo igual en cualquier circunstancia; y a su siglo en tanto que éste determina y forma a todos, quieran o no, de manera que puede decirse que un hombre, por el solo hecho de haber nacido diez años antes o diez años después, sería ya diferente…” Yo creo que en Corre, rocker’, desde el subtítulo, ‘Crónica personal de los ochenta’, has captado ese espíritu.

R: Sí, sí, yo estoy convencidísimo, sin conocerlo, de que Luis Carandell también debe ser un enfermo de  lectura, principalmente por una sencilla razón: porque escribe. Y prácticamente todos los que escriben primero han sido lectores, y lectores compulsivos. Es decir, enfermos de lectura. Lo que sí veo, no sabía que en su último libro utilizaba esta cita, es que encima tiene una “subenfermedad”: que es lector o aficionado a Goethe y quizás por eso has encontrado esas coincidencias. Y te puedo asegurar que de la misma forma que en la música podías pertenecer al club de fans de Lou Reed o al club de fans de Chuck Berry, en literatura pertenecer al club de fans de Goethe, de sus obras, también marca. En otros escritores he encontrado puntos en común y luego ha resultado que también eran admiradores de Goethe y creían que era una figura muy importante que había que reivindicar.

P: Porque yo tengo una banda de rock and roll.

P: En Corre, rocker’ cuentas los comienzos de ‘Loquillo y los trogloditas’, cómo al principio sois un grupo muy ilusionado, que creéis en la música y cómo conforme el éxito va llegando a vuestras vidas, de forma yo aquí sí diría que tópica, os vais alejando de lo que queréis hacer, os vais introduciendo en una dinámica cada vez más negativa, las diferencias entre tú y Loquillo se agrandan y, finalmente, en 1989, abandonas el grupo… Tal vez sea lo que más se va a resaltar en la prensa, aunque no sea lo más importante del libro, pero el perfil que trazas de Loquillo en ‘Corre, rocker’ es francamente negativo.

R: Sí, sí, de cualquier manera me alegro de que lo digas, porque sí me interesa mucho resaltarlo. Yo sé que el libro tiene un componente morboso, de situaciones… no llegaría a decir de denuncias, pero sí de reacciones irritadas al respecto. Curiosamente, mucha gente – luego creo que he tenido éxito en mi periplo – se ha dado cuenta de que eso es secundario, que es el material de fondo con el que doy forma a una serie de planteamientos, y muchísima gente de la que está leyendo el libro, que me está entrevistando, tiene correctamente la misma idea que tenía yo… Ese es el material de fondo, que inevitablemente resulta morboso, pero luego hay un intento que vuela más alto que todo ese material, hay un intento de voz literaria de elaborar todos esos recuerdos. Frente a ese morbo no puedo hacer nada, es irritante, ¡pero fue así! Y eso es lo más curioso que acabas descubriendo que toda la historia que tú has descrito de nuestro periplo sigue perfectamente los patrones del estereotipo, del tópico, de cosas que han pasado otras veces e incluso se han novelizado. Cuando tú lo ves con la perspectiva del tiempo dices: “Es molesto, pero acabamos interpretando un tópico nosotros mismos”. Pero no me extraña. El mundo de la música, en particular del rock, de la música comercial de los últimos años, tiene mucho de tópico, tiene mucho de unos mitos de una iconografía bastante repetitiva y muy marcada.  Y, bueno, tarde o temprano, cuando eres muy joven, si acompaña el éxito económico además, te lo acabas creyendo un poco. Con lo cual,  el veredicto al final era: acabamos interpretando un tópico, hay que fastidiarse y hay que reconocerlo… ¡y como tal lo reconozco en el libro, con cierto sentido del humor! Lo importante es luego digerirlo y sacar conclusiones, y buscar en los pliegues de la realidad, de la cotidianidad de ese tópico, que es donde se hacen los hallazgos… el panorama psicológico, la construcción de cada uno de los personajes, etc. Yo pienso que los grandes hallazgos del libro están en esos detalles.

“Loquillo ya queda identificado para siempre con los años ochenta, como icono, como símbolo, al lado de Alaska y Almodóvar”

P: Decíamos antes que el perfil de Loquillo no sale favorecido en estas memorias. Pero, sinceramente, creo que quién no sale favorecido es tu personaje en los años ochenta: Sabino Méndez 1980 – 1989 sale bastante mal en estas memorias.

R: Sí, sí. Es curioso ver la reacción de muchos lectores… me estoy llegando a plantear si uno de los proyectos literarios aparte de los dos o tres que tenía en la mesa antes de publicar este libro añadir uno que fuera las reacciones de muchos lectores a este libro. Hay opiniones para todos los colores. Algunas más sagaces, algunas que te descubren aspectos insospechados. Hay dos que a mí me parecieron  muy sagaces y muy acertadas. Una de ellas de Ramón de España, que me dijo que, claro, yo narrativamente el truco que sigo es ser primero inmisericorde conmigo mismo. Es decir, me pinto como un personaje bastante ridículo que a veces hacía cosas extrañas. Luego, una vez ya establecido eso, puedo aplicar ese mismo patrón a los demás, con lo cual aflora la parte oscura que muchas de las figuras populares actualmente tienen. Y la segunda opinión que fue muy sagaz es la de un amigo, que no ha publicado nada pero que escribe muy bien y al que tengo un gran cariño, que venía a decir: “Bueno, entendemos el disgusto de Loquillo, pero no sé de qué se queja porque la construcción del personaje es ejemplar”. Es decir, de alguna manera, él es también un gran protagonista de este libro. Lo que no podía pedir es que fuera una construcción del personaje al gusto de él, hagiográfica, dando simplemente una parte, la más favorecedora, tenía que ser una visión de luces y sombras. Pero él sostiene que la construcción realmente era ejemplar, que de alguna manera  Loquillo ya queda identificado para siempre con los años ochenta, como icono, como símbolo, al lado de Alaska, Almodóvar y otros personajes de aquella época. Son visiones curiosas. Creo que viendo el libro, leyéndolo según esas visiones, también se ven niveles diferentes y pienso que tienen gran parte de razón ambos.

Heroinomanía.

P: Otro tercer personaje, que tiene nombre femenino y que ocupa muchísimas páginas en este libro es la heroína. Cuando llegué a la parte en que aparece la droga tuve la ingenuidad de pensar lo mismo que algunos de tus amigos de los años ochenta: bueno la heroína aparece aquí, pero va a ser algo pasajero, no va a tener tanta importancia en estas memorias que hasta ese momento están contando la movida de los ochenta… y, sin embargo, de repente llega la heroína y se queda casi hasta el final del libro.

R: Sí, y es que eso no es más que un reflejo de la realidad. Generalmente, eso es lo que te pasa también la vida real cuando empiezas a tener tratos con esa sustancia. Piensas que será una cosa pasajera, que será una época de tu vida en la que decides hacer experimentos o investigar llevado de tu curiosidad juvenil, y luego es un tema muchísimo más complejo, que puedes arrastrar durante muchos años. Yo  tuve la suerte de que tuve éxito en el 89, tengo amigos de esa época que han muerto a causa de ello y tengo otros que siguen más o menos sobreviviendo con ocasionales recaídas. Hace poco hablaba con uno de ellos, un músico del que no diremos el nombre, pero que es bastante conocido, que me comentaba: “la teoría me la sé toda, he hecho todas las reflexiones posibles. Ahora es un combate contra mí mismo”. Todo eso es escalofriante… entonces, cuando estaba trabajando en el libro, me di cuenta que no podía tratarlo como algo anecdótico, había que tratarlo a fondo, ir al tuétano. Y luego, eso ya no te sabría saber por qué, porque no soy sociólogo o antropólogo y sólo te doy mi opinión, sí que veo de golpe interés por dos temas últimamente: por la década de los ochenta, quizá es que ha pasado el tiempo suficiente para digerirla y ahora toca intentar explicarla, y por el tema de las drogas, en plural. Quizá porque también durante los noventa hemos decidido cerrar un poco los ojos y hablar de la droga, del problema de la droga, y ahora volvemos a verlo con un poco de realismo y sabemos que son diferentes sustancias. Han cambiado, en aquella época no existían las pastillas, como ahora, y la única manera de entender, comprender y encontrar soluciones para eso es separarlo, saber que estamos hablando de cosas diferentes, y no negar la realidad. Negar la realidad es un pésimo negocio, hay que aceptarla como es para poder dar soluciones. Evidentemente, los problemas con heroína, cocaína y sustancias ‘más ochenta’ no tienen nada que ver con los problemas que hoy en día puede provocar la adicción a las pastillas.

P: Las descripciones que haces de los efectos de la heroína, bueno, tu relación de amor – odio con la heroína, porque también cuentas la parte positiva que tú veías en esa adicción, pero uno se queda con la parte negativa, que es la que más le atrapa… Porque a veces he sentido estar en una especie de remolino con el personaje de las memorias que me llevaba hacia abajo y del que no sabía salir.

R: Bueno, querría dejar bien claro una cosa. Parte positiva, a la adicción, no le veo ninguna. Lo único que sí con una honestidad total lo que sí vengo a decir es que entiendo su capacidad de seducción. Pero evidentemente eso no es una parte positiva, es una de las explicaciones del porqué. Cuando entiendes la capacidad de seducción, por ejemplo, de un gran estafador no es lo que veas positiva sino que lo comprendes mejor. No comprendes en el sentido cristiano de justificarlo, comprendes para analizarlo, para desmontarlo mejor o combatirlo mejor. Lo que sí que está clarísimo es que cíclicamente se van a repetir con las sucesivas generaciones sustancias que, de alguna manera, provocan alivio, distracción de la carga de la vida, de la lucha constante. Entonces, bueno, el mejor homenaje quizá es ir a fondo, intentar hablar de esos temas, entrar en ese remolino sin miedo y encomendándote al dios de los literatos y esperando que la expresividad de te acompañe como para que el receptor de eso lo comprenda y lo viva de alguna manera. Que ese texto, sin la pretensión de ser didáctico, esté ahí y cada uno pueda coger lo que quiera y le aproveche.

La ilusión del futuro.

P: Mirando hacia el futuro, no hacia los ochenta, quería saber cuándo se va a editar tu próximo trabajo musical. Porque los capítulos de ‘Corre, rocker’ se corresponden con los temas de tu próximo disco y supongo que será una experiencia releer el libro escuchando la música de tu último trabajo.

R: Pues esa es una buena pregunta, porque en teoría yo estaba desarrollando las dos cosas a la vez, pero entonces aparecieron los de Espasa con la propuesta de sacar ellos el libro y la verdad es que como el libro ha tenido una repercusión bastante superior a la que me imaginaba, con una avalancha de trabajo impresionante el disco está paralizado. Las canciones están hechas, pero faltan los arreglos y decidir cómo se graban, la producción. Quería hacer ese trabajo este verano y grabarlo después. Lo que pasa es que ya no me atrevo a dar fechas porque la repercusión del libro está siendo muy superior a lo esperado e incluso he recibido ofertas de posible adaptación al cine… con lo cual más o menos los expertos en estos temas ya me han dicho que en los próximos seis meses voy a estar casi permanente ocupado, con lo cual me pregunto cómo voy a acabar el disco. Pero bueno, las canciones ya están hechas y para el año que viene, como muy muy tarde, seguro que tendremos novedades.

P: Muy bien, pues espero poder conversar contigo el año que viene cuando publiques el disco y tal vez alguna novela que tengas guardada en un cajón.

R: Y usted que lo vea, como dicen los castizos.

Pd. No dio tiempo a una segunda conversación. Para cuando llegó su siguiente trabajo yo ya no estaba en Radio Círculo. Pero después de ‘Corre, rocker’, Sabino Méndez  publicó tres libros más: Limusinas y estrellas (2003), Hotel Tierra (2006) e ‘Historia del hambre y la sed’ (2006); apoyó sucesivamente y con sendas canciones a dos pequeños partidos – Ciutadans y UPyD –; acudió al rescate de la SGAE cuando la entidad estaba más hundida y… se reconcilió con Loquillo. La semana que viene ambos publicarán La nave de los locos. Éste es su primer vídeoclip:

Pd. (27/10/12): En un brillante ejercicio de antiperiodismo digital, Jordi Bernal ha publicado un artículo inmenso en JotDown, imprescindible si queréis saber más sobre Sabino, Loquillo y las andanzas de los Trogloditas. Enlace para torpes: ‘Loquillo y Sabino, después de tantos años’.

Pd. 2 (22/3/17): Sabino Méndez ha presentado hoy ‘Literatura Universal’, su novela sobre la Movida madrileña y lo ha hecho con esta canción:

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