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Xammar, nuestro hombre en Berlín


Hombre que negó el saludo a Hitler

En esta crisis alemana, que dura ya desde hace dos semanas justas, casi ningún día la verdad de por la mañana ha sido la verdad de por la noche, y la verdad de la noche no ha sido nunca la verdad de la mañana siguiente”.  Es  jueves, uno de diciembre de 1932, y los lectores del diario Ahora’, que dirige el magistral Manuel Chaves Nogales,  leen  cómo Eugenio Xammar intenta atrapar  desde Berlín una verdad escurridiza, el viaje hacia el nazismo de la República de Weimar, aquella resistible ascensión de Adolfo Hitler.

Xammar llama a Hitler Don Adolfo Hitler y Don Adolfo da menos miedo. Casi parece un hombre respetable, hasta que el cronista se ríe de su bigote de Chaplin mucho antes de que Chaplin le caricaturice danzando con el mundo y le define como hombre de un solo discurso: “Su programa es un programa clásico de dictador. Con breves y sencillas palabras promete la felicidad general”.  En su relato discontinuo, Xammar muestra con detalle cómo en meses el canciller elegido en un país de 6 millones de parados dinamita los pilares de la democracia y construye día a día su régimen de terror con la complicidad feliz de millones de alemanes comunistas, católicos, socialistas, que se convirtieron en nazis en cuestión de meses.

 “Varios millones de alemanes que comen poco – escribe Xammar – están convencidos de que si no comen más, la culpa la tienen los judíos. A esos ciudadanos, tan patrióticos como desorientados,  hay que entretenerles con algo”.  Jugamos con ventaja, sabemos el terrible final de esta historia, pero aún así las Crónicas desde Berlín’  de Xammar, periódico en formato de libro, se leen con fascinación porque nos convierten en un lector contemporáneo de aquellos hechos decisivos. En una fecha tan temprana como el 26 de marzo de 1933, Xammar nos descubre los campos de concentración. Una semana más tarde relata la persecución de los judíos y el 24 de diciembre de 1933 la ley de esterilización a cuyas víctimas tan bien representó Montgomery Clift en ¿Vencedores o vencidos?

Xammar comienza esta crónica de forma magistral:

La dueña de la casa se dirige al invitado que se pasea por los salones con aire un poco aburrido y, para entrar en conversación, le pregunta:

  – Ante todo, ¿se llama usted Sáenz del Pardo o Sainz del Pardo?

  – Es igual, señora – contesta el interpelado -. La cuestión es pasar el rato”.

Aclarado el enfoque de la crónica, Xammar informa del coste del proceso de esterilizar a 400.000 alemanes y cita a un profesor defensor de un mundo perfecto que, sin ningún criterio ético, no ve en la eugenesia un gasto sino una inversión de futuro. Contados los hechos, detalladas las diferencias de esterilizar a hombres y mujeres, el cronista concluye:

Después de lo que antecede, díganos el lector si no cree también que Alemania se va poniendo difícil para Sáenz del Pardo, para Sainz del Pardo y, en general, para todas aquellas personas que opinan que, en el fondo, lo único que importa es pasar el rato del modo más agradable posible”.

Eugenio Xammar

No hay vuelo sin motor en las crónicas de Xammar. Informar es el gran reto que asume en sus relatos, en los que siempre el qué se cuenta domina al cómo se cuenta y en los que es tan riguroso con los hechos como con el lenguaje que utiliza para explicarlos. Casi todas las crónicas de Xammar son telefónicas y tienen una frescura inexistente en los libros de Historia.  Para la sucesión de Brüning suenan los nombres de unos cuantos señores sin importancia, titula uno de sus textos y demuestra por qué es necesario un buen corresponsal, que contextualiza a sus lectores la información, la ordena y la explica. Ese periodista a extinguir en un oficio malherido, enseñado por periodistas que no nos descubrieron a Xammar.

Crónicas desde Berlín’. Eugenio Xammar. Editorial Acantilado. Barcelona, 2005, 368 páginas. 20 euros.

Pd. 1:  Este texto se titula igual que un gran artículo de Charo González Prada, editora de los artículos de Xammar y, con seguridad, la persona que más sabe sobre la vida y obra de este periodista. Descubrí que había elegido el mismo título justo antes de publicar la entrada. Creo que es tan bueno que en el futuro otros lo volverán a descubrir.

Pd. 2:  Apenas hay fotos de Xammar en la red, así que preferí ilustrar estas líneas con el retrato de August Landmesser, un desobediente que nos recuerda la facilidad con la que los hombres nos convertimos en un dócil rebaño.

Pd. 3: Ésta es la entrada 150 del blog.

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