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‘Por qué la austeridad mata’


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Lo ignoramos, pero somos cobayas de un enorme ensayo clínico a escala planetaria que comenzó hace más de 5 años. Una prueba que no controlan médicos sino políticos y economistas. Es lo que afirman David Stuckler y Sanjay Basu, autores de Por qué la austeridad mata’, un ensayo en el que intentan cuantificar los muertos que han causado los tijeretazos para reducir el déficit y pagar, a costa de la salud de los más débiles, la deuda de los banqueros.

Lo primero que demuestran es que la austeridad ya mató antes. Y no precisamente durante los años de la Gran Depresión, ese espejo deformado de la crisis que vivimos-. Pese a que creó las condiciones propicias para la propagación de enfermedades, la actuación del gobierno demócrata de Roosevelt fue decisiva. Los programas del New Deal no solo contribuyeron a evitar mayores desastres económicos – escriben Stuckler y Basu -, sino que estadísticamente se correlacionaron con importantes y duraderas mejoras de la salud pública“. Disminuyó la mortalidad infantil, pero también los suicidios.

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Cartel soviético contra el alcoholismo

Justo lo contrario ocurrió cuando la URSS se derrumbó. A principios de la década de 1990 desaparecieron 10 millones de hombres rusos“. Es una cantidad superior a la de soldados soviéticos que perecieron durante la IIGM y no fue un error del censo, sino la consecuencia de que el gobierno ruso siguiera los dictámenes del FMI y se lanzase a una transición salvaje del comunismo al capitalismo. Sólo entre 1991 y 1994, “la esperanza de vida de los varones rusos disminuyó de los 64 hasta los 57 años”. El alcohol hizo estragos entre generaciones de hombres que fueron incapaces de adaptarse al cambio de una sociedad que acabó en manos de oligarcas.

Sobraban y, casi literalmente, murieron ahogados en grandes cantidades de ‘odekolons’, bebidas elaboradas a partir de lociones para el afeitado, elixires bucales y cualquier cosa que tuviera alcohol. Uno de cada 4 parados bebía este tóxico que multiplicaba por 26 el riesgo de muerte. La tuberculosis, que parecía erradicada, volvió con tanta fuerza que aún hoy hay cepas resistentes a los más potentes antibióticos. En Tailandia fue el SIDA la enfermedad que se disparó cuando a finales de los años noventa el gobierno obedeció al FMI y recortó el presupuesto de Sanidad para frenar su déficit.

Pese a tan nefastos precedentes, el FMI – con la complicidad de la Comisión Europea y el BCE – ha impuesto a Grecia terribles recortes en Sanidad. Ya sabemos ahora que todos los tijeretazos sólo han provocado que la crisis de Grecia sea aún más grave, pero ignoramos aún cuántos muertos han provocado. Stuckler y Basu afirman que los  suicidios han aumentado un 17% y la mortalidad infantil un 40%. Pero el daño es aún más profundo e invisible. Atenas sufrió en 2012 un auténtico brote epidémico de SIDA. Las autoridades culparon a prostitutas extranjeras, aunque en realidad los contagios aumentaron un 224% entre drogadictos por vía intravenosa tras la retirada del presupuesto para jeringuillas.

Sanidad recortes

Aunque escriben para lectores anglosajones – son constantes las comparaciones entre los recortes del Reino Unido y  la política sanitaria de Obama (muy lejos aún de una sanidad pública) – Stuckler y Basu dedican el prólogo del libro a los recortes sanitarios en España. Estiman que la crisis ha provocado 400.000 casos de depresión en nuestro país y que la dependencia y abuso del alcohol se ha multiplicado hasta por seis. Basta el sentido común para saber que la prevención es una inversión y que su recorte provoca el aumento del gasto sanitario.

Faltan datos para apreciar el daño causado por los despidos de médicos y enfermeros, el cierre de urgencias, la subida de las medicinas, la transformación de la sanidad pública en un negocio privado y, la decisión más inhumana, la prohibición a los inmigrantes ‘sin papeles’ (salvo menores y embarazadas) del acceso gratuito a la atención médica. Stuckler y Basu no los aportan en su ensayo pero sí dejan muy claro que la destrucción de la sanidad pública no es inevitable, como nos cuentan nuestros gobernantes, sólo una opción política con terribles consecuencias.

Por qué la austeridad mata’. David Stuckler y Sanjay Basu. Editorial Taurus. Madrid, 2013. 368 páginas, 18 euros.

Pd. (16/8/13): “La salud no debería depender del bolsillo de cada uno”, es lo que dijo ayer Margaret Chan, directora de la Organización Mundial de la Salud en la presentación de su informe anual. Un estudio en el que se destaca que 150 millones de personas se arruinan cada año en el mundo por pagar la atención sanitaria.

Pd. (9/9/13): Las estadísticas envejecen demasiado rápido. Acabo de leer que los suicidios en Grecia han aumentado ya un 43%, y no un 17% como afirman Stuckler y Basu, desde que empezó la crisis.

4 respuestas »

  1. De un enorme ensayo cínico, diría.. Lo que más me sorprende de todo esto, como comentaba en una entrada de las madamebovary http://wp.me/p28bRN-rX es la falta de “perspectiva ecológica” en los que mandan. No sólo necesitan al pueblo para (cada vez menos) producir si no para, eventualmente consumir… la verdad, nunca pensé que habrá llegado a presenciar el fin de los tiempos. Gracias por tus entradas en las que nunca me atrevo a comentar por apabullantes. A ver si me quito este pudor.

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  2. Ensayo clínico y social; si no lo evitamos, ¿cómo será la actuación?

    Trabajo breve, conciso y con los datos pertinentes. Gracias. Las mismas que doy a Triste Sina por recomendarme este blog.

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  3. Muchas gracias por vuestros comentarios. Espero que a partir de este comentario ya no tengas ningún pudor, Triste Sina. Si no es así, es que no lo estoy haciendo bien porque la idea de este blog es compartir lecturas. Un cordial saludo.

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