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‘El gigante enterrado’, una alegoría sobre la memoria


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…y la desmemoria

(Colaboración de Luis Miguel Úbeda)

Axel y Beatrice malviven en una madriguera conectada a otras hasta formar una especie de aldea subterránea. Lo único que tienen los dos ancianos es su amor y el vago deseo de que deben salir de allí para visitar a su hijo, cuyo paradero desconocen, porque la niebla que envuelve a la región les despoja de su memoria. Sus recuerdos, incluso los más recientes, son borrados o deformados hasta postrarlos en un presente permanente, en el que lo único que parece sobrevivir es su amor. Un día consiguen romper con esa desmemoria y salen a buscar a su hijo. En el camino irán tropezando con los personajes que protagonizarán la novela y que, como ellos, se irán transformando en su discurrir: el guerrero Wistan, el joven Edwin y el viejo caballero Gawain, habitantes de una vaga y fantástica Edad Media en la Inglaterra inmediatamente posterior al rey Arturo. Podría añadirse el dragón hembra Querig a la galería de personajes, porque también sufre su pequeña metamorfosis ante nuestros ojos.

Me ha costado terminar El gigante enterrado’, pero he agradecido llegar hasta el final porque es un libro que sigue golpeándote por dentro después de terminarlo. Creo que el estilo de cuento, la escritura lenta, los diálogos largos imitando novelones antiguos en los que priman el amor, el honor, la gallardía y la nobleza lastran la lectura y pueden hacerla ardua para alguien que busque solo la acción. Sin embargo, en ese mundo de leyenda donde pululan los gigantes, los ogros,  duendes y dragones, nada es lo que parece. Lo mejor del libro está en la historia que se va tejiendo con personajes a priori simples y estereotipados, pero que se van transformando y volviéndose como un calcetín, enriqueciéndola y haciéndola más ambigua y potente justo hasta la última línea.

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Todos ellos tienen una apariencia que irá variando conforme vayamos reuniendo los elementos de la historia. El caballero Gawain se transformará hasta tres veces sucesivas, desde el primer encuentro con la pareja protagonista, en el que aparecerá como un remedo del Quijote, vestido de harapos y una armadura oxidada, vestigio de los viejos tiempos de su tío, el desaparecido rey Arturo. De todos iremos conociendo cosas de su pasado, que introducirán una ambigüedad moral en nuestra percepción, abriendo interrogantes sobre la historia de fondo que se cuenta, que es la convivencia en paz de britanos y sajones. Una convivencia erigida sobre la primacía de los britanos, la sangre de inocentes y el conjuro de la desmemoria sobre el país. El gigante enterrado’ es, ante todo, una alegoría sobre el valor de la memoria y de la desmemoria en nuestras vidas y en la sociedad. Hay también una lectura política en la historia de Ishiguro  que tiene que ver con el perdón y la venganza, cuyos valores positivos y negativos no son fáciles de discernir. Para no destripar la historia, digamos cínicamente que unos y otros tienen ventajas e inconvenientes o que, irremisiblemente, todos conducirán en un momento u otro al desastre.

‘El gigante enterrado’. Kazuo Ishiguro. Anagrama. Barcelona, 2016. 368 páginas, 20,90 euros. 

Es un honor que Luis Miguel Úbeda se haya convertido en el primer colaborador de este viejo blog. Periodista y escritor, ha sido corresponsal de Radio Nacional en París y actualmente trabaja en la sección de Cultura de la emisora pública. Es autor de las novelas ‘La noche más larga‘ (1999) y ‘Euskal herida‘ (2002).

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