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‘La edad de la pólvora’


En enero de 1955, Michael Roberts cambió la historiografía militar. Especializado en la historia moderna de Suecia, el historiador británico dedicó su charla en la Queen`s University de Belfast a las innovaciones militares entre 1560 y 1660. En palabras de Geoffrey Parker, fue “una conferencia deslumbrante”. Mientras decenas de países africanos y asiáticos se liberaban del yugo del imperialismo, Roberts definió los principios básicos de la revolución militar que había permitido su conquista.

¿Cómo lograron los pequeños países europeos crear colonias en India o China? Gracias, según Roberts, a una revolución táctica y técnica que permitió que mosquetes y cañones los hicieran invencibles en tierra y mar. En 1990, Geoffrey Parker amplió la tesis de Roberts en ‘La revolución militar. Las innovaciones militares y el apogeo de Occidente (1500-1800)’, un ensayo ya clásico, publicado primero por Crítica, después por Alianza y hoy incompresiblemente agotado.

¿Pretende Tonio Andrade refutar la teoría de la revolución militar de Roberts y Parker? Sí, al menos en parte, y lo hace alejándose del eurocentrismo, contando esos siglos decisivos desde la visión de los perdedores y reivindicando una historia militar global. Los historiadores occidentales (…) normalmente conocen poco acerca de la historia militar china, escribe Andrade en La edad de la pólvora, cuyo subtítulo original – ‘China, Military Innovation, and the Rise of the West in World History’ – deja tan claro el objetivo de su ensayo como lo oculta el subtítulo difuso y equívoco de la edición española.

Bombas de trueno que hacen temblar el cielo’, ‘lanza que escupe fuego’ son algunas de las armas usadas ya en la dinastía Song (960-1279), mucho antes de que la pólvora llegase a Europa. Pero para 1480 los europeos ya han tomado la delantera. Si para el modelo de la revolución militar el avance es definitivo, según Andrade los chinos ya habían alcanzado a los europeos en 1550. Copiando, sí, pero también porque en otros aspectos aún estaban más avanzados: no fabricaron cañones gigantescos porque frente a las ‘delgadas’ murallas europeas las chinas tenían ¡hasta 25 metros de grosor! No necesitaban inventar la ‘traza italiana’.

El invencible vapor británico ‘Nemesis’ en la 2ª batalla de Chuenpee (el 7 de enero de 1841)

No hubo renacimiento chino porque las tradiciones nunca habían sido aniquiladas”, afirma Andrade que cuestiona también que el revolucionario tiro con salvas fuese un invento holandés o japonés. “Los chinos disparaban salvas con arcabuces hacia 1560 como muy tarde”, 10 años antes que los japoneses, tres décadas antes que los europeos. Sin superioridad táctica, las derrotas de holandeses y rusos ante los ejércitos chinos en el siglo XVII eran inevitables. La Gran Divergencia empezó a mediados del siglo XVIII. China, sostiene Andrade, no se quedó atrás solo porque vivió décadas de paz mientras Europa era un gigantesco campo de batalla, sino porque las revoluciones científica e industrial europeas hicieron inviable seguir el ritmo de unas innovaciones, esta vez sí, inigualables.

‘La edad de la pólvora’. Tonio Andrade. Crítica. Barcelona, 2017. 440 páginas, 26,90 euros.

Pd.: En este enlace podéis leer el primer capítulo.

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