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Frankenstein y la invención de la vida


El monstruo domina el paraíso. Los hombres llaman a aquel edén Sumbawa, pero la isla pertenece al volcán. El miedo al gigante dormido no les protege. El 10 de abril de 1815, el Tambora revienta. La explosión es tan grande que el volcán pierde 1.500 metros de altura. Su cono se reduce de 4.300 metros a 2.800. El trueno se escucha a cientos de kilómetros de distancia mientras recorre toda Indonesia. Miles de personas fallecen, ahogadas por los gases, golpeadas por las rocas, quemadas por las cenizas, barridas por las olas gigantes que arrasan las playas del archipiélago. El Tambora arroja a la atmósfera 180 kilómetros cúbicos de azufre, ceniza y cristales en polvo. Una nube negra que convierte el día en noche y extiende un velo de oscuridad sobre el mundo que mata cultivos, animales, personas. La nube llegó a Europa a mediados de 1816 y dejó al continente sin verano. En ese mundo nuevo, entre fríos aguaceros y crepúsculos de tonos rojos y ámbar, Mary Shelley creó su personaje inmortal.

Retrato de Frankenstein de Joaquín Aragones

“¿Cómo es posible que yo, entonces una jovencita, pudiera concebir y desarrollar una idea tan horrorosa?”, se pregunta en 1831, en la introducción a la tercera edición de su novela. La respuesta no está en ese escenario con crepúsculos de Turner, sino en su infancia.  Mary Wollstonecraft Godwin nació el 30 de agosto de 1797. Era la hija de dos intelectuales rebeldes. Su madre, Mary Wollstonecraft (1759-1797) había publicado cinco años antes ‘Vindicación de los derechos de la mujer’, uno de los textos fundacionales del feminismo, un ensayo en el que exigía que los hombres (y sus contemporáneas) tratasen a las mujeres “como a criaturas racionales en lugar de halagar sus gracias fascinadoras y considerarlas como si se hallaran en un perpetuo estado infantil, incapaces de obrar por sí mismas”. Wollstonecraft no vio cómo su hija se convertía en la mujer que ella reivindicaba. Murió once días después del parto, víctima de una infección. Su esposo, William Godwin (1756-1836), quedó desolado.

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Frankenstein o el moderno prometeo’, la novela de Mary Shelley que todos creemos conocer antes de leer, acaba de cumplir doscientos años. En ‘Historia y Vida’ me han dado la oportunidad de escribir sobre esta criatura vegana, inteligente y sentimental, que aún nos avisa sobre los límites éticos de una ciencia cada vez más cerca de descubrir el enigma de la creación. Os invito a comprar la revista en papel o en este enlace. ¡Feliz lectura!

Pd. 1: El retrato de Mary Shelley es de Esao Andrews. Os invito a visitar su página.

Pd. 2: Hasta finales del siglo XX no se empezó a tomar en serio a Frankenstein como novela, cuenta Sergio del Molino en el último programa de La Cultureta. Podéis escucharlo pinchando aquí (desde el minuto 21).

Pd. 3 (19/5/18): En este enlace podéis escuchar ‘Frankenstein y Mary Shelley: los modernos prometeos, el programa que hoy Documentos de RNE ha dedicado hoy sábado a la escritora y su criatura.

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