Saltar al contenido.

‘Stalingrado, la ciudad que derrotó al Tercer Reich’


El enemigo nos pilló desprevenidos, y casi nadie – desde luego ninguno de los trabajadores – fue evacuado de la ciudad” (Ivan Alexeyevich, Secretario del Comité Municipal). “Estaba en la cocina guisando a las cuatro de la mañana cuando cayó la bomba. El edificio entero ardió, así fue como mataron a mi madre” (Iliá Fiodorovich Burin, explorador de la 38ª Brigada Motorizada de Fusileros  y exmecánico de la fábrica Barricadas). “Durante los primeros días del cerco, los alemanes estuvieron literalmente revolviéndose como ratas dentro de un saco. Enviaban a todo el mundo al frente” (Piotr Andreyevich Zayonchkovski, comandante de Inteligencia).

Son solo tres de las 215 voces de este sorprendente y apasionante relato. Sorprendente porque han tenido que pasar 75 años para que llegue a nuestras librerías. Apasionante porque tiene la frescura del mejor material periodístico, una sinceridad que aún no ha sido derrotada por el miedo a la censura o por la pátina edulcorada con la que el tiempo envuelve los recuerdos. En Stalingrado, la ciudad que derrotó al Tercer Reich’, el historiador alemán Jochen Hellbeck (Bonn, 1966) nos lleva a la batalla que cambió el curso de la IIGM a través de los testimonios que los historiadores de la Comisión de Historia de la Gran Guerra Patriótica recopilaron durante y después del combate.

El francotirador Vasili Záitsev (primero desde la izquierda)

Dirigidos por Isaak Mints, “un comunista comprometido”,  los investigadores hicieron más de 5.000 entrevistas durante toda la guerra. Querían  elaborar un relato total del sacrificio heroico del pueblo soviético, pero no superaron la censura. Basta leer los testimonios seleccionados para intuir por qué: ¿cómo admitir que Stalingrado no estaba preparada, que murieron decenas de miles de civiles porque Stalin impidió su evacuación? Pese al desastre inicial, la batalla terminó con la destrucción del 6º Ejército alemán: 190.000 muertos, 105.000 prisioneros (solo 6.000 regresaron, 12 años después). Su cerco los metamorfoseó de agresores a víctimas y provocó que el relato se centrase en “el sufrimiento de los soldados alemanes sin molestarse más que rara vez en mencionar al adversario”, pese al casi medio millón de soviéticos que mataron.

Hellbeck cambia el enfoque y elabora una historia oral que por momentos recuerda las obras de la Nobel Svetlana Aleksiévich. Si hace dos décadas leyó el gran ensayo de Antony Beevor, quizá piense que no le aportará nada. Se equivoca. No solo encontrará testimonios fascinantes, como el relato de la rendición de Paulus en su sucio búnker por sus captores, sino una enmienda a una tesis consolidada: los soviéticos lucharon hasta la muerte por temor a ser ejecutados por cobardía. Los testimonios no ocultan las ejecuciones, pero muestran también el heroísmo de decenas de miles de soldados, enfermeras y civiles. Como narró Grossman – primero en sus crónicas y después en ‘Vida y destino’, su novela prohibida – fue su coraje extraordinario el que derrotó al ejército nazi.

Prisioneros alemanes capturados en Stalingrado

CUADERNO DE ROBOS (XXIV): La rendición de Paulus

Capitán Ivan Zajarovich Bujarov (instructor del departamento político, 38ª Brigada Motorizada de Fusileros):Sabíamos que Paulus estaba allí, que no le habían evacuado en avión. Habíamos oído decir que tenían un avión dando vueltas todo el tiempo, habíamos oído contar todo tipo de cosas. El cuartel general de Paulus estaba en aquel barrio. Eso lo sabíamos, pero yo no estaba seguro de en qué sótano estaba. Y entonces sale un oficial alemán y nos pregunta quién de nosotros es el oficial de rango superior. Le decimos que tenemos capitanes y un teniente primero. Les dijimos que deben rendirse, les dijimos que estaban rodeados, y que si no se rendían les íbamos a atacar con todo lo que teníamos, y que los íbamos a aniquilar hasta el último hombre. El alemán dijo que a él no le correspondía tomar esas decisiones, que había muchos oficiales por encima de él. Y entonces nos dice que el mariscal de campo Paulus estaba aquí...”

General de división Ivan Dmitrievich Burmakov (Comandante de la 38ª Brigada Motorizada de Fusileros):¿Cómo era Paulus? Parecía un animal acorralado. Saltaba a la vista que estaba muy afectado por todo lo que había ocurrido. Estaba delgado, sin afeitar, iba mal vestido. A mí no me gustaba. Su habitación estaba hecha un asco (…) Al marcharse, Paulus pidió que le sacáramos por la puerta de atrás. Mientras se alejaba en el coche, miraba a su alrededor con una sonrisa tan estúpida, tan patética. Claramente estaba consternado. Había muchísima mugre en el sótano, incluso en la habitación de Paulus. El patio era una pesadilla. Lo limpiamos todo“.

Paulus, prisionero de los soviéticos

General de división Konstantin Kirikovich Abramov (miembro del Consejo Militar, 64º Ejército):Paulus iba sin afeitar, llevaba barba, pero llevaba puestas sus cruces de hierro (…) Ya había entregado su pistola. Le interrogaron. Le preguntaron si había dado la orden de rendirse a sus tropas. Dijo que sí, que se estaban rindiendo. Le preguntaron por qué se rendía. Él dijo que ya no les quedaban ni munición ni comida, que no tenía sentido seguir resistiendo. Cuando los fotografiaban, ellos movían la cabeza, como diciendo que no (…) Paulus estaba nervioso, tenía el rostro tembloroso, y apretaba los labios. Era un anciano, nada más (…) Había algo servil y obsequioso en sus modales, en la forma en que nos elogiaba, en la forma en que sonreía e inclinaba la cabeza. Cuando entró en el comedor, se sentó y pidió que nadie escribiera nada ni hiciera fotos. Yo le dije que no íbamos a hacerlo, pero que en la sala de al lado había gente grabándolo todo. Pero que no había fotógrafos”.

Teniente general Mijaíl Sepanovich Shumilov (Comandante del 64º Ejército):Respecto a por qué no se había suicidado – eso es algo que nunca le pregunté. Los periódicos alemanes decían que Paulus llevaba un frasco de veneno y un revólver en cada bolsillo. Cuando le registraron tan solo encontraron uno de aquellos revólveres, pero no hallaron veneno de ningún tipo. Paulus fue hecho prisionero indemne, no estaba herido, y no fue hostigado de ninguna manera por nuestro personal de mando durante su captura. Llegó al cuartel general del 64º Ejército en su propio coche y acompañado de su propio séquito“.

General de división Ivan Dmitrievich Burmakov (Comandante de la 38ª Brigada Motorizada de Fusileros):En febrero de 1943 se colocó un cartel de cartón a la entrada de la habitación del semisótano de los grandes almacenes donde se negociaron los términos de la rendición. Decía así: “Aquí, el 31 de enero de 1943, a las siete de la mañana, el comandante supremo del 6º Ejército alemán, en el general mariscal de campo Von Paulus y su Estado Mayor, encabezado por el teniente general Schmitd, cayeron prisioneros de la 38ª Brigada Motorizada de Fusileros“.

‘Stalingrado, la ciudad que derrotó al Tercer Reich’. Jochen Hellbeck. Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2018. 636 páginas, 27,90 euros.

Pd.: En este enlace podéis leer las primeras páginas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: