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‘Complicarse la vida’


 

Mi habitación del quinto piso del hotel Florida delataba mi condición de aficionada: los enterados vivían lo más cerca del suelo que podían como precaución contra las bombas de la aviación”. Virginia Cowles (1910-1983) mira por la ventana y vemos los cerros desde donde la artillería de Franco bombardea Madrid. Es abril de 1937 y la joven reportera acaba de unirse a ‘la tribu’ que cuenta a los estadounidenses nuestra Guerra Civil. Liberada de la tiranía de narrar el día a día, Cowles – intrépida y perspicaz – visita el frente y recorre una ciudad hambrienta y valiente, “proletaria con toda su alma”.

Atractiva – Lauren Bacall antes de Lauren Bacall – y con excelentes contactos, Cowles visita la Salamanca de Franco después de ser bombardeada en el Madrid republicano. Le sorprende la parafernalia nazi y fascista que muestra sin complejos el apoyo de Hitler y Mussolini, ve que las discordias entre carlistas y falangistas no envidian a las de anarquistas y comunistas, y, sobre todo, percibe un afán de venganza que durará décadas: al parecer, todo el mundo había olvidado que la guerra la había empezado el general Franco.

Mussolini, Hitler, su intérprete y Chamberlain (Munich, 1938)

Como Chaves Nogales, el gran reportero español de la época, concluye: “Aunque mis simpatías se decantaban por la República (…) no podía creer que de la guerra fuera a surgir la democracia, fuera quien fuese el vencedor”.  Para la reportera, la Guerra Civil es el primer acto de una lucha titánica entre el Bien (la democracia) y el Mal (la dictadura). “Sentía instintivamente que eran ‘el enemigo’”, escribe cuando en Berlín ve el odio que los nazis impregnan en una sociedad que adora a un Hitler que, de cerca, es vulgar: “Era simplemente un hombrecillo corriente y más bien insignificante”.

Cowles nos lleva a la Praga que este “hombrecillo” va a devorar – ante la pasividad de ingleses y británicos – pero no puede llegar a Varsovia. La pequeña Finlandia sí resiste lo suficiente la invasión soviética para que escriba un reportaje fascinante. Sin en Helsinki sentimos el frío, en París escuchamos el silencio. Solo los pobres esperan la entrada de los nazis, en una ciudad evacuada de forma caótica. De nuevo, coincide con Chaves: La moral era cuestión de fe: fe en tu causa, fe en tu meta, pero, sobre todo, fe en tus líderes. ¿Cómo podían aquellas personas tener fe en unos líderes que las habían abandonado…?”

Virginia Cowles y Marta Gellhorn

Los textos de Cowles derrochan vitalidad y energía, y nos convierten en contemporáneos de hechos que suceden ante nosotros. Cowles nos enseña que la Italia de Mussolini y la URSS de Stalin son pura fachada, y que el nazismo necesita un enemigo al que aniquilar. En sus páginas finales, Complicarse la vida’ en un alegato por la democracia, como si fuéramos los compatriotas de 1941 para los que escribe este libro apasionante que he leído con mucha envidia. Hoy, en tiempos de ‘encontrados especiales’, cuando el periodismo es más aparente que real, Cowles no podría complicarse la vida.

‘Complicarse la vida. Una reportera en zona de conflicto (1937-1941)’. Virgina Cowles. Tusquets. Barcelona, 2018. 576 páginas, 24 euros.

Pd.: En este enlace podéis leer el primer capítulo.

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