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‘Todo por una chica’


Todos los protagonistas de las novelas de Nick Hornby son adolescentes. Desde el fan del Arsenal de ‘Fiebre en las gradas’ hasta el enamoradizo Rob rodeado de discos de vinilo de ‘Alta fidelidad’. Segunda verdad exagerada: todos son perdedores y lo saben, pero nos divierten porque se comportan como adolescentes aunque ya han superado la frontera visible de los treinta. Y ahí están, protagonistas de algunas de las novelas más divertidas que he leído.

– “He conocido a una chica.
– ¿Dónde?
– ¿Qué importa eso?
Veía perfectamente que iba a ser una conversación frustrante.
– Me gustaría tener una idea del escenario – dijo Conejo.
– En la fiesta de una amiga de mi madre.
– ¿Así que es muy mayor?
– No. Tiene mi edad.
– ¿Qué estaba haciendo en la fiesta, entonces?
– Vive allí – dije -. Es…
– ¿Vive en una fiesta? – dijo conejo -. ¿Cómo es eso?
Estaba equivocado. Era mucho más fácil hablarle a un póster”.

Sam es el último adolescente de Nick Hornby, pero es imposible acusarle de querer ser Peter Pan. Sam sólo tiene 16 años, le apasiona el monopatín, como a su amigo Conejo, y en su habitación tiene un póster de Tony Hawk, una estrella del skate en cuyas prematuras memorias Sam encuentra la respuesta a todas sus preguntas. Bueno, a casi todas. Porque su vida está a punto de cambiar y para ese cambio Tony Hawk no tiene respuestas.

En mitad del elevadísimo debate de nuestros políticos sobre los embarazos adolescentes, ‘Todo por una chica, la última novela de Nick Hornby, es una ventana abierta a las consecuencias de ser madre, y padre, a los 16. Sobre todo cuando tu madre sólo tiene 32 y parece que estás condenado a repetir su historia. En alguna entrevista, Hornby admite que escribió la novela porque le preocupó que el Reino Unido liderase la estadística de embarazos no deseados. Y, ¡ay!, a veces esa preocupación aparece entrelíneas.

La novela se lee bien, a veces demasiado bien, lo que no es un defecto salvo si crees que la buena literatura debe ser exigente con sus lectores. Hornby maneja de forma muy hábil los diálogos y Sam y Alicia parecen tan perdidos como debe estarlo cualquier adolescente atrapado por un embarazo imprevisto. El humor más absurdo queda para los personajes secundarios, desde el perdido Conejo hasta el adolescente y treintañero padre de Sam. Divertida y seria, no es la mejor novela de Hornby. Y todo porque, Sam sólo es lo que parece: un adolescente atrapado en el cuerpo de un adolescente.

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