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Sin nostalgia


La edad convirtió a Ayala en el superviviente de un tiempo que no protagonizó. Cuando nació, la tos se curaba con las pastillas del doctor Andreu, “remedio pronto y seguro”, según anunciaba ABC en una primera página que era toda una colección de anuncios, a Henry Ford le quedaban dos años para construir su primera cadena de montaje y el anarquista Mateo Morral soñaba con un ramo de flores que liberase a España de su rey. El comunismo era sólo una teoría, Hitler no había cumplido los 17 y Picasso ya había pasado por sus vidas azul y rosa.

Como un ejercicio escolar, podríamos trazar dos líneas temporales y paralelas para contar la vida de Ayala, repleta de recuerdos y olvidos, y la historia de España. Veríamos enseguida cómo su vida sufrió un corte brutal con la guerra civil. En 1939, el republicano Ayala inició un exilio que le mantendría alejado de España hasta 1960. Para su suerte, no fue un exiliado roto. Entró y salió de la España de Franco comprendiendo que la España de la República nunca volvería porque es imposible que la ilusión regrese.

Ayala nunca fue un escritor de éxito y los premios y los reconocimientos le llegaron tarde. Su gran victoria fue vivir y qué victoria. Rondaba los 80 cuando se convirtió en académico. Tenía 82 cuando recibió el Nacional de las Letras y 92 cuando ganó el Príncipe de Asturias. Los críticos, el mejor es su última mujer, dividen su obra en dos grandes períodos: las novelas de juventud previas a la guerra civil y las novelas, cuentos y memorias de su madurez de exiliado. “La cabeza del cordero”, “Muertes de perro”, “El jardín de las delicias” y “Recuerdos y olvidos” son sus libros más citados. Todos están vivos en las librerías y no es mérito pequeño.

El tiempo no me ha permitido tener nostalgia”, decía Ayala hace tres años, cuando superó la invisible barrera de los 100, al comienzo de un magnífico reportaje de Juan Antonio Tirado. Su “Ayala, un siglo entre letras” es probablemente el mejor trabajo televisivo sobre el escritor. No verás nada mejor estos días en los informativos, con piezas veloces y apresuradas o necrológicas con sabor a naftalina.

3/11/09

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