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El Nobel de Müller


Su nombre sonó 24 horas antes del premio. Alguien lo filtró y en Ladbrokes las apuestas pasaron de 50 a 1 a 7 a 1. “Müller ganará”… y ganó. Pero ¿quién es Herta Müller? Lo confieso: para mí es una gran desconocida. Novelista, poeta y ensayista, hasta ahora tenía la suerte de estar editada por Siruela. Ahora, es Siruela quien tiene la suerte de editar a Müller en nuestro país.

Si te acercas a una gran librería y quieres descubrir cómo escribe Müller, podrás encargar – sí, encargar –  dos de sus obras: “En tierras bajas”, un libro de relatos, y “El hombre es un gran faisán en el mundo”, una novela breve con un título propenso al error.  Crítica de solapa: Müller, escritora rumana de familia alemana, es una defensora de la minoría germana en Rumania, duramente reprimida por la dictadura de Ceaucescu. Son los “desposeídos” que, según el jurado del Nobel, viven en el paisaje de sus obras.

Müller vive en Berlín desde 1987. Las pequeñas biografías que circulan por Internet destacan que perdió su trabajo como traductora por negarse a colaborar con la Securitate, la temible policía política de la dictadura comunista, que tenía millones de informantes. Publicó su primer libro en 1982, con los cortes impuestos por la censura. Cuatro años más tarde publicó un segundo libro. Al año siguiente huyó.

Herta Mueller

Intuyo que a pesar de escribir en alemán, a Müller no debió resultarle nada fácil abandonar su país. Su viaje es el mismo que hicieron millones de europeos del este de origen alemán terminada la Segunda Guerra Mundial. Aunque llevaban siglos viviendo fuera de Alemania, se vieron obligados a “volver” al Oeste. Fue una migración enorme y casi desconocida, que acabó con una presencia alemana casi milenaria en el Este de Europa. Sus protagonistas pagaron el pecado de Hitler.

El Nobel nos permite descubrir cómo vivieron los pocos alemanes que se quedaron en Rumania. Otra cuestión es si la obra de Herta Müller está a la altura de la de Vargas Llosa, Amos Oz, Phillip Roth, Claudio Magris o Haruki Murakami, candidatos perennes a un premio que sigue sin reconocerles. Quizá a fuerza de descubrirnos escritores ocultos, el Nobel se está haciendo cada vez más pequeño. La única conclusión cierta es que no he aprendido nada sobre las apuestas literarias.

8/10/09

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