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La comedia nupcial de Rafael Gumucio


(Tras el éxito del rescate de la entrevista a Ramón Saizarbitoria, recupero una conversación totalmente inédita con Rafael Gumucio. Tuvo lugar hace 10 años, en una visita del escritor a Madrid. Si a Saizarbitoria le concedieron el ‘Lan Onari‘ tan solo dos días después de la publicación de Tú eres mi patriacon Gumucio me propongo un reto aún mayor: el ‘Rómulo Gallegos‘. Tendremos que esperar hasta 2013 para comprobarlo)

Rafael Gumucio tiene el cuerpo y el rostro del actor cómico que quiso ser cuando tenía doce años. Así que no es ni alto ni esbelto y su melena negra parece capaz de asesinar a cualquier peine que intente domarla. En ‘Comedia Nupcial’, su segunda novela, Rafael Gumucio  (Santiago de Chile, 1970)  narra la historia del matrimonio de conveniencia de dos jóvenes chilenos, Mario y Teresa, que sólo a través del espanto consiguen convertirse en marido y mujer. “Traiciono al débil porque soy un niño y, como todos los niños, soy cruel”. La frase pertenece a ‘Memorias prematuras’, la divertida autobiografía con la que Gumucio desembarcó en la literatura,  y quizá sea la explicación de la crueldad con la que nos muestra a esta pareja imperfecta y posible.

Creo que a pesar de su título y de su humor descarnado su novela no es una comedia, sino una sátira cruel.

A todos les ha parecido lo mismo, que he sido muy cruel con los personajes, pero a mí sinceramente no me lo parece. Creo que he sido muy piadoso con los personajes. Yo a los personajes los quiero mucho y los comprendo mucho, quizá porque sea chileno y porque en Chile la historia no sea tan rara como parece en Europa. Sí que hay un momento de crueldad más claro, que es el del golpe de Estado y el comienzo de la dictadura, que también es un momento de crueldad general, pero lo que Teresa le hace a Mario es muy poco comparado con lo que está ocurriendo, es una especie de metáfora.

Sin embargo, retrata a sus personajes sin concederles ninguna virtud… aunque, bueno,  el narrador es el propio Mario.

Es que esa es la esencia de la novela. Él cuenta sus miserias pensando que va a seducir al lector y que va a seducir a Teresa mostrando su debilidad y cuando describe a Teresa lo hace con una crueldad sin par porque la está juzgando todo el tiempo, porque está tratando de destruirla y también de destruirse a sí mismo, de destruir un amor que no entiende, y sólo al final llega a comprenderse un poco el círculo entero. Pero, realmente, es la película de Mario, filmada por Mario, y Mario cuando filma su película no escatima en ninguna caricatura, en ninguna exageración, en ninguna crueldad, ni consigo mismo ni con Teresa, sobre todo con Teresa.

Realmente su matrimonio llega a ser una realidad sólo cuando se rompe, cuando ya no es.

Bueno, he contado la historia de cómo un hombre llega a ser el amante de su esposa. Pensaba que era totalmente original hasta que hace poco vi en París ‘Escenas de una vida conyugal’ (titulada ‘Secretos de un matrimonio‘ en España), de Bergman, donde pasa exactamente lo mismo. Creo que tiene un poco que ver con la vida de pareja en general, donde finalmente cuando se acaba la obligación de ser pareja o se divorcian o se unen y descubren que lo que les une no es el amor ni el sexo sino una complicidad en el crimen.

Unidos quizá por el odio.

No, más que por el odio, por el espanto, porque el odio lo sienten todo el tiempo en la novela, pero el espanto es una forma del asombro, una forma temible del asombro. Uno podría también decir si fuera más optimista y más bueno de lo que soy, “nos une el amor y no el asombro de que estemos juntos”. Si yo hubiera escrito novela cursi, cosa que haré próximamente, hubiera dicho: “en el fondo lo que nos une es el asombro de estar juntos, con el que nos despertamos cada mañana y nos decimos mira qué bello es el asombro”. Pero yo creo que la mayor parte de las veces, sobre todo en la novela latinoamericana, el asombro tiene la cara del espanto.

Mario, al que todos ven como un sabio,  se reconoce sin embargo como un auténtico inútil, que pasa de la dependencia de su madre a la dependencia de Teresa, pero no hace nada por cambiar.

Sí es un inútil completo y total. Teresa también lo es, pero cargar con ese hombre hace que su inutilidad parezca menor, aunque es incapaz de tomar una decisión concreta. Son personajes del siglo XIX, copiados de Machado de Asís, cuyos  personajes son siempre inútiles. He hecho esta crónica de la inutilidad latinoamericana en el siglo XX porque creo que retrata muy profundamente una sociedad en decadencia. Chejov es para mí un escritor muy chileno, muy latinoamericano. Cuando retrata la inutilidad de los personajes de ‘El jardín de los cerezos’, muestra una escena de una chilenidad maravillosa. Chejov es nuestro contemporáneo y no Alejo Carpentier.

Hay una frase en su novela que enlaza perfectamente con lo que está diciendo:  “Las metralletas eran de verdad, los soldados eran de verdad, la carretera era de verdad. ¿Qué hacía de pronto tanta verdad en Chile, un país que no es de verdad?

Yo investigué un poco la época y descubrí que todos veían venir el golpe de Estado, pero nadie pensó que sería un golpe de verdad, con muertos, con sangre. Siempre hubo un ejército muy poderoso en Chile, aunque fue un ejército de opereta, porque desde el siglo XIX no había combatido en ninguna guerra. Y de pronto nos dimos cuenta de que Kissinger estaba preocupado

Posdata 1: Tras ‘Comedia Nupcial‘ (2002) Gumucio publicó  ‘Los platos rotos‘ (2004), ‘Páginas coloniales’ (2006) y ‘La deuda‘ (2009). Su última obra publicada es ‘I understand(2012),  una colección de relatos editada, de momento, sólo en formato electrónico.

Posdata 2: Jordi Doce me encargó esta entrevista para la revista ‘Letras libres‘. Tenía que haberse publicado en el número de julio de 2002, pero pasó julio, agosto, septiembre… y Jordi Doce me escribió una carta en la que me explicaba que habían tenido problemas de espacio y que no me desanimase, que estas cosas solían pasar en nuestro oficio. A nadie se le ocurriría encargar un mueble y una vez hecho decirle al ebanista “mira, lo siento mucho, pero tengo problemas de espacio” y dejarle plantado con el mueble diciéndole “oye, no te desanimes, que el mueble te ha quedado fenomenal“.  Pero Doce tenía razón. Estas cosas pasan en el Periodismo y no son, ni de lejos, las peores.  Aprendí la lección.

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