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‘En el mapa’


Mapamundi de Facebook en 2010

¿Dónde estamos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Sólo un mapa puede responder de golpe a estas preguntas esenciales. Incluso puede decirnos quiénes somos. En En el mapa’, Simon Garfield cuenta la historia de la cartografía a golpe de anécdotas y entre sonrisas y sorpresas narra la historia del mundo. Su retrato se dibuja primero en tablillas de arcilla, papiros y pergaminos, se imprime después en hermosas láminas y se traza ahora en pantallas digitales, conectando por ejemplo el número de usuarios de Facebook o Twitter.

Sea cual sea su soporte, un mapa siempre ha sido y será una herramienta de poder.  “¿Qué hacía de los venecianos unos cartógrafos tan competentes y de sus mapas la envidia de Europa? – escribe Garfield – En general, el poder”. Un poder terrenal que abre también las puertas del cielo y el infierno. Olvidados los avances de Ptolomeo y Eratóstenes, los mapamundi medievales se presentan como una declaración política, filosófica o religiosa: Jerusalén siempre está en el centro del mundo. Garfield pone como ejemplo uno de los más feos: el mapamundi de Hereford – que aparece bajo estas líneas -, un auténtico rompecabezas repleto de monstruos, donde no hay longitud ni latitud que valga.

Mapamundi de Hereford

Los mapamundis ficticios de la Edad Media comparten una constante que se repite en todos los mapas. No importa la época ni el lugar, como un político que aspira a su victoria electoral, el creador de un mapa siempre sitúa su ciudad, su país, su continente, en el centro. Quizá por el mismo deseo que nos lleva a casi todos a reaccionar igual ante un mapa: siempre buscamos dónde estamos. Aunque, si miramos un mapa, quizá no estemos donde realmente creemos estar. Porque todos los mapamundis nacen de una proyección – el mapa es plano pero la Tierra es una esfera –  y no hay proyección perfecta, pero como tan bien nos contó Aaron Sorkin en ‘El ala oeste de la Casa Blanca  nos gusta la que tenemos.

Todavía hoy, casi quinientos años después, seguimos utilizando la de Gerardus Mercator. “Está plagada de distorsiones – escribe Garfield – y los países aparecen muchas veces más grandes de lo que en realidad son. Sin embargo, asombrosamente, sigue siendo en lo esencial el mapa que utilizamos hoy (…) Es el icono definitivo de nuestro mundo”.  Así que Europa es mucho más grande que Sudamérica, cuando en realidad ésta duplica al Viejo Continente. Y África parece casi igual que Groenlandia cuando en realidad es 14 veces más grande. ¿Nos importaría más África si no la viéramos tan erróneamente pequeña? No hace falta responder.

El verdadero tamaño de África

Las proyecciones distorsionadas pueden indignar, pero no son tan divertidas como los fallos de bulto que tenían los mapas hasta hace menos de un siglo. Algunos, como convertir California en una isla, son el resultado de una errata que se perpetúa de forma absurda durante décadas. Hasta que un capitán decide circunnavegar la falsa isla y descubre, claro, que es imposible. Pero la gran mayoría nacen del terror de los autores a los espacios en blanco. El mejor ejemplo son el centenar largo de islas falsas que salpicaron el Pacífico durante más de cien años, inventadas por navegantes intrépidos deseosos de que su nombre pasase a la posteridad y aceptados por autores que temían un inmenso vacío azul. El farsante con más éxito fue el capitán Benjamin Morrell,  ‘descubridor’ de Nueva Groenlandia del Sur, una isla cercana a la Antártida que vivió en los mapas casi un siglo.

Mapa de California como una isla

Habría sido preferible que llenasen el hueco con la leyenda “Hic sunt dracones”  – “Aquí hay dragones” -, demasiado bella para morir aunque Garfield argumente que fue un invento romántico y que nunca hubo mapa medieval con tan sugerente frase. Agotada la posibilidad de inventarse una isla, ahora que gracias a Google Maps tenemos el mundo en el bolsillo, los mapas se esfuerzan por contarnos otras realidades, más o menos útiles.  Desde el despligue de las tropas rusas en Crimea, hasta el grupo musical preferido en cada uno de los estados de EE.UU.  ‘En el mapa’ termina con esos otros mapas que nos rodean, desde las parodias del popular mapa del metro de Londres que trazó Harry Beck en los años treinta del siglo XX – el preferido de Garfield – hasta  infografías geopolíticas. Es el final del recorrido más ameno y divertido por la historia de la cartografía que he leído. Afortunadamente, en una edición cuidada y muy bien ilustrada.

‘En el mapa. De cómo el mundo adquirió su aspecto’. Simon Garfield. Editorial Taurus. Madrid, 2013. 478 páginas, 21 euros.

Pd. (16/3/14): Hoy he descubierto esta cuenta de Twitter llena de mapas interesantes: @Amazing_Maps y este más que interesante ‘Atlas de Justicia Ambiental‘, que muestra el impacto de los conflictos ecológicos (y económicos) en el mundo.

Pd. 2 (25/8/14):

 El mapa del Islam

 

2 respuestas »

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