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‘Como la sombra que se va’


King

Me escondía de cada vida en la otra, escribe Muñoz Molina en la novela que vive en los capítulos impares de Como la sombra que se va. Ajuste de cuentas con el hombre que fue, declaración de amor a la mujer con la que comparte su vida, reflexión sobre el arte de la novela, relato de la huida del asesino de Martin Luther King… en la última obra de Muñoz Molina conviven todas estas historias, divididas en dos novelas donde el autor también es personaje.

El escritor protagoniza la primera novela en dos tiempos tan separados que, en realidad, representa a dos personas que solo comparten nombre. El triunfador del presente recuerda el hombre doble que fue. Porque en el cuerpo del treinteañero Muñoz Molina convivía el alma del funcionario matinal con la del soñador intoxicado de literatura, cine, jazz… el padre de fin de semana con el noctámbulo de lunes a jueves. Una impostura insostenible. No me fijaba con atención en nadie más que en mí y sin embargo no me veía”.

El relato de la separación definitiva de estos dos hombres se alterna con otra novela que avanza en los capítulos pares. Muñoz Molina reaparece como personaje, pero el protagonista es un hombre maldito, un ser despreciable, un delincuente vulgar y mediocre de infancia terrible que salió del olvido al que estaba destinado por matar a un gigante. El 4 de abril de 1968, a las 18:01, James Earl Ray apretó el gatillo de un rifle que había comprado unos días antes con una facilidad sorprendente. Le bastó una bala para matar un sueño.

Martin Luther King grafiti

Dejó de apoyarse en la baranda y no se había incorporado del todo cuando el disparo que él tampoco llegó a oír le traspaso la mandíbula y luego el cuello y la columna vertebral y lo alzó del suelo como un golpe seco de mar arrojándolo espaldas contra la habitación 306 (del motel Lorraine de Memphis) y luego sobre el rellano de cemento, donde quedó tendido, los ojos abiertos y una expresión de estupor o de asombro, una rodilla flexionada y un pie calzado con un zapato negro y un calcetín negro que sobresalía temblando entre los barrotes del balcón”.

James Earl Ray mata a Martin Luther King con la frialdad con la que los francotiradores juegan a ser dioses. Pero sólo es un mortal mediocre. Su sombra aparecerá en Miami, en Chicago, en Curaçao, viva, muerta, omnipresente. No se oculta en ninguno de esos sitios, sino en Lisboa, destino inverosímil para un blanco pobre del sur de Estados Unidos, etapa previa para saltar a Angola o Mozambique y convertirse en un mercenario, un señor poderoso solo por la blancura de su piel. James Earl Ray se esconde diez días en Lisboa y su paso por la ciudad le sirve a Muñoz Molina para hilvanar estas dos novelas tan distintas que apenas comparten decorado.

Lisboa como escenario de una huida doble. La de James Earl Ray en abril de 1968, la de Muñoz Molina en enero de 1987. El escritor tiene 31 años y su hijo acaba de cumplir un mes, pero en plenas fiestas navideñas escapa de Granada con la excusa de conocer, por fin, el escenario de la novela en la que lleva meses escondiéndose y que ha construido a partir del título. “Yo no añoraba a nadie ni distraía aquel momento presente con ningún recuerdo. No pensaba en mi mujer agobiada con los dos niños, ni en mi hijo de tres años y medio ni el que ese mismo día iba a cumplir un mes, ni en el trabajo al que debería incorporarme al cabo de sólo tres días, en Granada”.

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Una novela se escribe para confesarse y para esconderse”.  El principiante Muñoz Molina se escondió en ‘El invierno en Lisboa’; el consagrado se confiesa en ‘Como la sombra que se va’liberado de muchos de los miedos que le cercaban pero no de uno esencial: “Ni un solo día de mi vida me he sentado a escribir sin una sensación abrumadora de imposibilidad y desatino”. Cuesta creerlo teniendo en cuenta la maestría que ha alcanzado y que deja páginas de envidiable belleza en esta novela doble y descompensada.

A partir del sumario del caso, el novelista reconstruye de forma minuciosa el crimen de James Earl Ray, su torpe huida, su confesión, sus enredos posteriores para sembrar la duda sobre la existencia de una conspiración. Llegamos a sentir su rencor, la frustración por su fracaso, pero no logramos saber por qué mató al gran soñador. “La literatura es querer habitar en la mente de otro” y Muñoz Molina lo logra cuando nos cuenta el hombre que fue. El novelista se convierte en rival imbatible de su propio personaje y la narración de su vida supera a la historia que parecía ser la principal. Su victoria me parece una brillante derrota.

Antonio Muñoz Molina

Como la sombra que se va. Antonio Muñoz Molina. Seix Barral. Barcelona, 2014. 536 páginas. 21,90 euros

Pd: En este enlace podéis leer las primeras páginas de la novela y, si pincháis aquí, el completo y apasionado artículo que Emma Rodríguez dedica a la novela en ‘Lecturas sumergidas’.

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