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Cuaderno de robos (2)


Murmullo de voces. Sonido de copas que se juntan en un brindis o chocan contra el mármol de la mesa. Inconfundible caos de instrumentos que luchan por afinarse. Redoble de tambor. ¡Platillos! Joel Grey, sátiro maestro de ceremonias, comienza su canción de bienvenida al público del KIT KAT CLUB.

Por ese Berlín expresionista que Bob Fosse recreó en Cabaret caminaron decenas de creadores y miles de aspirantes a artistas. Entre ellos, Georg Grosz, el pintor del No mayor cuya pintura ilustra estas líneas, o Bertolt Brecht, a quien  mi corrector de erratas, sin total desatino, se empeña en rebautizar como Bertolt Brecha.

De las páginas de ‘Poemas y canciones‘, publicado por Alianza en su Biblioteca Brecht, he robado esta canción, que Brecht escribió en 1932, justo un año antes de que Hitler subiera al poder. No puedo evitar reírme de mi ignorancia: siempre eché en falta en sus páginas aquel brecht que no era de Brecht.

Canción de la rueda hidráulica’

1

Los poemas épicos nos dan noticia
de los grandes de este mundo:
suben como astros,
como astros caen.

Resulta consolador y conviene saberlo.
Pero para nosotros, los que tenemos que alimentarlos,
siempre ha sido, ay, más o menos igual.
Suben y bajan, pero ¿a costa de quién?

Sigue la rueda girando.
Lo que hoy está arriba no seguirá siempre arriba.
Mas para el agua de abajo, ay, esto sólo significa
que hay que seguir empujando la rueda.

2

Tuvimos muchos señores,
tuvimos hienas y tigres,
tuvimos águilas y cerdos.
Y a todos los alimentamos.

Mejores o peores, era lo mismo:
la bota que nos pisa es siempre una bota.
Ya comprendéis lo que quiero decir:
no cambiar de señores, sino no tener ninguno.

Sigue la rueda girando.
Lo que hoy está arriba no seguirá siempre arriba.
Mas para el agua de abajo, ay, esto sólo significa
que hay que seguir empujando la rueda.

3

Se embisten brutalmente,
pelean por el botín.
Los demás, para ellos, son tipos avariciosos
y así mismos se consideran buena gente.
Sin cesar los vemos enfurecerse
y combatirse entre sí. Tan solo
cuando ya no queremos seguir alimentándolos
se ponen de pronto todos de acuerdo.

Ya no sigue la rueda girando,
y se acaba la farsa divertida
Cuando el agua, por fin, libre su fuerza,
se entrega a trabajar para ella sola

Nota para los valientes que llegaron al final sin marearse entre los giros de la rueda. Turner acaba de editar “La Alemania de Weimar”, un ensayo sobre aquella fascinante Edad de Oro de la cultura alemana.

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