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Bacon el voraz


¿El pintor Francis Bacon, supongo?” Supone bien, desconocido explorador, el mismo Francis Bacon resucitado gracias a la exposición que el Prado inaugura hoy. En el Reina Sofía no deben estar muy contentos, pero esa es otra historia.

¿Bacon en el Prado? Sí, a cuatro pasos de las obras de su admirado Velázquez, que tanto le gustaba contemplar. Cruzas un pasillo y saltas al precipicio del arte después de Auschwitz, a un terror distorsionado para parecer más auténtico.

Bacon fuera de contexto, ¿o quizá no? Misión imposible enfrentar el retrato de Inocencio X de Velázquez con las variaciones de Bacon. Lástima, habría sido el corazón de la exposición.

Alcohólico, autodestructivo, ateo, Bacon hizo de la crucifixión y de Inocencio X una continua obsesión. J. G. Ballard, otro gran turbador con fino oído para los aullidos pintados, sentenció:

Sus papas gritaban porque sabían que Dios no existe”.

Sí, todas gritan. Todas sus pinturas te incomodan y la mayoría te golpea sin contemplación. Ninguna te deja indiferente y todas son reconocibles. Un Bacon en un examen de arte es una identificación fácil y una respuesta falsa.

Bacon autorretrato 1972

Para comprender a Bacon, para construir mi respuesta, leí hace unos años ‘Entrevista con Francis Bacon’, cuatro conversaciones que el crítico David Sylvester cortó y pegó hasta dar coherencia al discurso del pintor.

Tengo voracidad de vida y soy voraz como artista”.


“Mi forma de trabajar es totalmente accidental”.


“Lo que yo pretendo es distorsionar mucho más de la apariencia, pero devolver la imagen de la distorsión y que sea un registro de la apariencia”.


“Creo que tengo tendencia a destruir los mejores cuadros.”

Releo, corto y pego las frases de Bacon. Defecto profesional, pienso ya en una batería de totales, como Bacon pensaba pinturas en series e imaginaba habitaciones llenas de cuadros. Y entre las citas descubro una frase que creía mía.

La vida me parece sin sentido, pero se lo damos en nuestra propia existencia. Creamos actitudes que le dan un sentido, aunque sean insustanciales”. Es la voz de Bacon. Su grito desgarrador nos aguarda en sus pinturas para recordarnos que después de Auschwitz nada tiene sentido.

Pd. (17/’09/13): Acabo de descubrir esta reseña de Rafa Martínez sobre ‘El olor a sangre humana no se me quita de los ojos, un libro editado por Acantilado que recoge las entrevistas que Franck Maubert, periodista de la sección de arte del semanario francés L’Express, realizó a Bacon en los años 80. Os invito a leerla.

Tríptico Freud de Bacon

Pd. 2 (13/11/13): Este tríptico en el que Bacon retrató al pintor Lucian Freud se subastó ayer en Nueva York por 142,4 millones de dólares, un grito en la historia de las subastas de arte. Aquí podéis leer el artículo que Manuela Mena – Jefa de Conservación del Siglo XVIII y Goya en el Prado –  dedica a Bacon y Freud.

Pd. 3 (28/10/14): Hoy se cumplen 105 años del nacimiento de Bacon y, por azar, he encontrado este fantástico enlace con sus pinturas. De nada.

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