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La errata


El banquero Henri Fourcade,pintado por Toulouse-Lautrec

El banquero había revisado hasta la última línea de su biografía. Le gustaba que sólo llevase por título su apellido, en grandes letras mayúsculas sobre el color rojo de su banco. Debajo del apellido título, la fotografía de la portada reproducía uno de sus gestos más típicos. Las manos juntas, la mirada apuntando al horizonte, más allá del posible lector.

El banquero sopesó el libro en sus manos. Era más pesado de lo que parecía y aunque tenía la tapa blanda parecía estar editado para durar. 12 pliegos de papel cosidos, letra a prueba de lector con vista cansada. El diseñador había convertido el logo de su banco en la tilde de su apellido. Le gustaba el detalle.

El banquero pasó las páginas rápidamente y se detuvo un momento en las fotografías que ilustraban la trayectoria de la saga familiar. Insertadas en mitad del libro, fotos en blanco y negro demostraban su rancio abolengo. Volvió a mirarlas otra vez, aspiró el aroma de la tinta y el papel, cerró el libro y comenzó a leer la contraportada. Fue entonces cuando descubrió la errata.

Escondido entre éxito, poder y fortuna, el banquero encontró un error increíble. Buscó las gafas y volvió a leer la frase. Sí, no se había equivocado. En la primera línea del tercer párrafo el azar había convertido toda su vida en una inmensa equivocación: “…nació para ser barquero“.

26/04/10

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