Saltar al contenido.

‘El poder del perro’


Les traigo un odio y rabia

pues los comeré lo juro

y no voy a masticarlos

masticar yo no acostumbro

si por muerto me dejaron

me la pagaran lo juro

y a quien le quede este traje

a ver de flete y los tumbo

El Baleado

Aprovechemos que esta página no es de papel y entremos en un bar de frontera, con banda sonora de narcocorridos en directo. Llevo una semana dentro de este bar mejicano, escuchando cómo Don Winslow me cuenta la fascinante historia de Art Keller. Llevo una semana viviendo en las páginas de una novela.  Es algo excepcional que ocurre sólo cuando un libro te muerde y se te queda enganchado. Sigues haciendo tu vida normal, pero no. La realidad y la ficción han intercambiado sus papeles. Tu vida empieza cuando abres el libro.

El poder del perro es una novela apasionante. Rodrigo Fresán la define en el prólogo como una versión narcomex de “El Padrino. Cumplido breve y potencial que dice mucho en cinco palabras, pero, por si acaso, Fresán añade: “es la Gran Novela Americana del Narcotráfico”, una obra coral atravesada por la vida de Art Keller, un agente de la DEA que se autodestruye lenta y cuidadosamente durante treinta años, mientras intenta acabar con los narcotraficantes mejicanos. El perro le muerde y le mutila, y convierte al mal en una parte imprescindible de su vida.

Don Winslow

“Mis editores – responde Winslow en una entrevista – me comentaban con frecuencia que algunos pasajes estaban “pasados de vueltas” pero yo no me cansaba de repetirles que no había uno solo que no reflejara un hecho verdadero”. Winslow podía haber escrito un reportaje periodístico, pero afortunadamente para nosotros ha creado esta novela adictiva  de ritmo endiablado. Cambian los nombres de los narcos, los apodos de los mafiosos de Nueva York que les compran la droga, los apellidos de los políticos que se dejan sobornar a ambos lados de la frontera, pero los muertos y la crueldad de sus asesinos son terriblemente reales.

En tiempos de lobos financieros, la novela de Winslow recuerda cómo los narcotraficantes se apoderaron de Méjico a mediados de los noventa, cómo quebraron el Estado cuando los sobornados retaron su poder y cómo se enriquecieron mientras ejercían su chantaje.

Lo que, en síntesis, hizo la Federación fue comprar el país, volver a venderlo a un precio alto, comprarlo de nuevo a precio bajo, reinvertir en él y ver crecer las inversiones”.

Aunque Oliver North no se llame Oliver North, Winslow narra sus andanzas y las de sus secuaces en la Centroamérica de los ochenta, cuando el gobierno estadounidense se alió con los narcos para destruir un comunismo invisible. De todos los personajes fascinantes que viven y mueren a lo largo de los 30 años que relata Winslow en “El poder del perro”, mi favorito es un indeseable que siempre lleva las botas brillantes. Sal Scachi es coronel de operaciones especiales, mafioso y miembro del Opus Dei al mismo tiempo. Un personaje tan inverosímil que sólo puede ser real.

13/5/10

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: