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‘Convénzeme’, Milá entre libros



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Yo tenía sed de poder escuchar: esto no me gusta, por mucho que digáis que es la leche”, sentencia sonriente Milá al entrevistado que acaba de ponerle una Z roja a ‘Rayuela’. Provocador desde el título, errata buscada y ‘justificada’ con la excusa de Zweig, la originalidad de ‘Convénzeme’, el flamante programa de libros que Mercedes Milá dice haber deseado durante años, no está en su técnica – poco importa que esté grabado con móviles si tras ellos hay un cámara profesional -, sino en esas recomendaciones negativas. Los entrevistados, lectores anónimos, recomiendan leer un libro (su Z verde) y huir de otro (su Z roja).

Se sancionó a un muerto, Cortázar, y a un puñado de autores tan desconocidos como alejados, incluido un fabricante de libros de autoayuda. Me parece increíble que los libros de autoayuda no te ayuden. Cuando terminé de leerlo me sentí estafada”, dijo la lectora vengativa, dando la sensación de que nunca había leído el consejo de Cortázar – si no te gusta un libro pasadas sus primeras cincuenta páginas, déjalo – y se había zampado el denostado bodrio de principio a fin. Nada arriesgado. Para empezar habría estado bien una provocación a Arturo Pérez Reverte, el más pendenciero de nuestros escritores. O, realmente transgresor hoy, cuestionar con argumentos literarios la valía de ‘Patria’, el novelón de Fernando Aramburu, al filo de un empacho de elogios.

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“Lo que quiero es que el programa contagie a la gente la ilusión por leer un libro, por aprender, por saber que en la literatura está el camino”, contó Milá en vísperas del estreno a Natalia Marcos. Para lograr este reto compartido por todos los que intentamos divulgar la lectura, Milá ha renunciado a entrevistar a escritores y ha optado porque sean lectores anónimos los que recomienden sus lecturas preferidas y sus fracasos más sonados. La mejor manera de que alguien te convenza de leer un libro es que alguien te diga: ¡No te lo pierdas! Eso es ‘Convénzeme’, contó Milá nada más empezar. La ruptura definitiva del canon que impera en los tiempos de Twitter, una democratización que llevó a una selección tan heterogénea como discutible. Casi siempre, me parecieron mucho más interesantes los libros que servían de decorado (comoEl fin del homo sovieticus’) que los recomendados.

Frente al virtuosismo gráfico (y poético) de ‘Página 2’, ‘Convénzeme’ muestra una pobreza enorme. Todo lo que está cuidado hasta el detalle en el maltratado programa de nuestra televisión pública no existe en ‘Convénzeme’, donde la publicidad se cuela a través de dos tazas amarillas que nadie toca. No habrá escritor que beba wiski en tacita de té, porque Milá ha renunciado al pilar esencial de todo programa de libros: la entrevista al autor. Sí hay otras secciones: la recomendación de un librero, un ‘videoselfie’, y una charla con un personaje mediático (Sor Lucía en el estreno), incapaces de romper la monotonía. Una y otra vez se repite el mismo esquema: el invitado pone su Z verde a una lectura feliz y su Z roja a su lectura fracasada.

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No esperaba que ‘Convénzeme’ fuese un A fondo’ del siglo XXI – aunque Milá podría hacerlo muy bien -, pero sí que la propuesta fuese más divertida, arriesgada y creativa (ahí está el magnífico y desaparecido ‘Ver para leer’ de Juan Sasturain). Dar voz a los lectores está muy bien, pero no tiene ningún sentido olvidar a los autores, prescindir de contar las novedades, encerrar el programa en una librería, repetir una y otra vez la misma fórmula… Las mejores recomendaciones, cómo no, llegaron desde el lector más formado, el librero invitado. Z verde paraIntemperie’, de Jesús Carrasco, y Z roja para los ‘Diarios de la revolución de 1917’, de Marina Tsvietáieva: “un tostón”. Después del programa, empezó un directo con paloselfie tembloroso y una conversación entre Milá, una de las lectoras del programa y su hermana, que le había recomendado Mis besos no son de cualquiera’ para descubrirle su nueva homosexualidad. Y la literatura volvió a ser un decorado.

Pd: 89.000 espectadores vieron el estreno de ‘Convénzeme’, que logró un 0,5% de audiencia, tan solo una décima menos de la media de Be Mad el pasado domingo. En este enlace podéis ver el primer programa, y así poder decidir si mi Z roja es un capricho.

Pd. 2 (12/1/17): En este enlace podéis leer la excelente crítica de Sergio del Molino en ‘Eñe.

6 respuestas »

  1. Fino y ajustado análisis. Con todo, que se hable de libros, aunque sea por boca pendenciera de Milá me gusta. Y no tanto por favorecer la cultura, que de eso no estoy muy seguro, cuanto porque cualquier charleta en torno a los libros prende mi interés.

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    • Hola, Juan Antonio. Muchas gracias por tu amable comentario. Justo hace unos minutos acabo de escuchar una reflexión que Rodrigo Cortés hizo hace unas cuantas semanas en La Cultureta (ventajas o inconvenientes del podcast): en el debate político y cultural todo se está reduciendo a bueno o malo, sin términos intermedios. ‘Convénzeme’ participa de esta tendencia, así que sería un error entrar en su juego y sacar una Z roja al programa. Sin mi Z verde, Milá ya ha renovado para una nueva temporada. Un abrazo, amigo.

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      • No es un sentimiento nostálgico el que nos lleva a añorar a Soler Serrano o Dragó frente a Pág 2 y no digamos ya Convénzeme: es la constatación de una evidencia y la evidencia que si bien no todo tiempo pasado fue mejor tampoco necesariamente fue peor.

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