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Archivos Mensuales: marzo 2012

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Siempre supe que este funambulista se quedaría algún día sin cuerda. Después de 848 jornadas sobre el alambre, este hipopótamo termina hoy un viaje que comenzó hace mucho tiempo, en una casa de apuestas. Desde entonces, las páginas de los libros que le mantienen en equilibrio se han vuelto amarillas y su piel coraza tiene grietas por pasar demasiado tiempo volando sobre los ríos en lugar de bucear bajo sus aguas.

Este blog siempre fue un hijo deseado, aunque le castigase con un nombre extravagante para llamar la atención en una red superpoblada. Su nombre era también un antídoto contra la seriedad, a la que este funambulista ha tumbado en la lona varias veces, a pesar de tener un único y serio propósito: escribir sólo de libros leídos y no ser una enumeración de reseñas de solapa. No engañarte para compartir una pasión, la de los libros que nos hacen soñar.

Nunca he querido que este funambulista pareciese lo que es: un hobby. Siempre he intentado que sea un blog profesional. Si la actualidad, a golpe de guadaña o de premio, se imponía, improvisaba una entrada que nadie me había pedido mientras comía un bocadillo. Ser considerado uno de los 40 mejores blogs de literatura de España ha sido durante meses una pila atómica para un blog cuyo único combustible era raciones de lectura y vanidad, y la posibilidad de escribir un día una entrada de la que podía sentirme orgulloso.

Este funambulista no nació de una orden, pero en los últimos meses se ha convertido en una obligación que sólo yo me impongo. Una contradicción insostenible para un blog que se alimenta de mi tiempo libre, cada vez más escaso, preciso y precioso. La solución sería rebajar el nivel que pretendo o convertir este blog en un zombi, una bitácora que no se sabe cuándo se actualiza ni por qué. Ninguna de las dos me gusta.

Es cierto que cuando las parejas se separan no hay beso de despedida (sí Txemi, Chinarro), pero no quería que este blog llegase al final de la cuerda floja sin dar las gracias a la gente que lo ha hecho posible. Sin la amistad de Juan Bolás, responsable de lasextanoticias.com durante años, este hipopótamo no habría salido del pantano de los propósitos. Y no hubiera tenido cuerpo sin Ángel Rodríguez. Sin su talento y su trabajo, vídeos como éste no habrían sido posibles.

David, Víctor, Rubén, Luis, AnaAlmudena y el resto del equipo de la web han mostrado siempre una paciencia infinita cuando les abordaba una y otra vez para corregir erratas que no veía en el folio y me chillaban en los oídos cuando leía el texto publicado. Sé que he sido el bloguero más pesado que habéis tenido que soportar, pero es la naturaleza de los hipopótamos.

Gracias a Juan Antonio, a Noelia, a Ángel, ¡otra vez!, y a Miriam, que me enlazaron en sus blogs a pesar de que yo no podía hacerlo en el mío. Mil gracias a las editoriales, sobre todo a las pequeñas, que respondieron a mis correos y me enviaron el libro deseado. Gracias a Palmiro y a Luna, por su fidelidad y sus brillantes comentarios. Y gracias sobre todo a ti, amigo lector. Ha sido un viaje fantástico.

4/2/2011

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El secreto de escribir no está en saber juntar palabras sino en saber quitarlas, aprender a romper lo escrito, adelgazar la frase hasta dejar sólo las palabras precisas. Todos los escritores asaltan la página en blanco con un puñado de trucos en su bolsillo. Sólo unos pocos, como Muñoz Molina, lo hacen con 20 lecciones aprendidas.

Jonathan Safran Foer, un novelista a quien no he leído, ha ido un paso más allá. En lugar de juntar sus propias palabras ha elegido su relato preferido, ‘La calle de los cocodrilos, un cuento de un escritor polaco y judío, Bruno Schulz, para adentrarse como Manostijeras en un jardín ajeno y podar y recortar frases enteras.

El resultado es un relato troquelado que se llama ‘Tree of Codes. Podéis ver una de sus páginas en la foto que acompaña estas líneas (si algún día este texto se convierte en libro electrónico, todas estas palabras pueden ser troqueladas perfectamente). Las frases se construyen con palabras que aparecen en páginas a las que todavía no hemos llegado y con verbos que querían contar otra historia.

Y esa historia original es a la que me ha llevado este libro-broma-experimento. Dice JSF que ‘La calle de los cocodrilos’ es su relato favorito. No he logrado saber por qué. Pero incapaz de leer el libro troquelado he decidido leer el cuento original, que me esperaba en un estante desde que hace casi 20 años lo compré de saldo en un gran almacén.

El barrio era un eldorado para tales desertores que habían abdicado de su dignidad. En él todo parecía sospechoso y equívoco; todo, con sus guiños indiscretos, sus gestos cínicos y sus insistentes miradas, excitaba impuras esperanzas, todo desencadenaba los bajos instintos. Un paseante que no estuviera prevenido percibía difícilmente la extraña particularidad de esos lugares: carecían de colores (…) Todo era gris, como en las fotografías en blanco y negro”.

Esta calle donde todo es gris, la calle de los cocodrilos, es la calle de las prostitutas de  Drohobycz, la ciudad polaca en la que en la que Schulz vivió toda su vida y en la que  transcurren los cuentos de ‘Las tiendas de color canela‘. Un mundo que pasó del gris del blanco y negro al negro del horror cuando los nazis invadieron Polonia y Schulz se convirtió en el esclavo personal de un villano con uniforme.

La mañana del 19 de noviembre de 1942, los nazis iniciaron una caza del hombre en las calles de Drohobycz. Llevar en el brazo la obligatoria estrella de David convertía a los judíos en blancos fáciles. Fue así como Schulz se convirtió en la víctima de la rivalidad entre nazis.

Unos días antes – escribe Jerzy Ficowski en el prólogo de ‘Las tiendas de color canela’ -, Landau había matado a Lowe, el esclavo y protegido del Gestapo Günter. Entre Günter y Landau existían fuertes choques. El asesinato de Lowe empujó a Günter a tomar represalias contra su antagonista. Aprovechó la ocasión de aquel jueves y mató a Schulz en la calle (…) Según la declaración oral de algunos habitantes de Drohobycz, Günter, al encontrarse con Landau, exclamó triunfalmente: “Mataste a mi judío, yo maté al tuyo”.

Obra de arte o broma experimental, el libro troquelado de Jonathan Safran Foer rescata del olvido Bruno Schulz, hoy inencontrable en las librerías españolas, a pesar de ser un autor idóneo para ser editado por Acantilado o Minúscula, nos recuerda una vez más  la banalidad del mal, y nos permite jugar a  “troquelar” en este texto una frase sólo a golpe de negritas. Veremos quién se atreve a editarlo en España.

25/1/11

Pd: (24/10/12) Os dejo el enlace del excelente artículo que ha publicado hoy Marcos Ordóñez en  ’Bulevares periféricos‘ sobre su descubrimiento de Bruno Schulz

http://blogs.elpais.com/bulevares-perifericos/2012/10/bruno-schulz-nadando-en-un-chagall-sumergido-i.html

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Todo lo interesante ocurre en la sombra, no cabe duda. No se sabe nada de la historia auténtica de los hombres”. Louis Ferdinand Auguste Destouches, Celine para los pocos amigos y los muchos enemigos, desconfiaba más de los hombres que de los perros. Su antibelicismo, su crítica al patriotismo, su desprecio al poder establecido, permitían que los lectores al rojo vivo se sintieran atraídos por él, sólo para comprobar al pasar la página que en Celine el desprecio a los ricos convivía con el odio a los pobres.

Confiar en los hombres es ya dejarse matar un poco”, escribe en su descenso al infierno, ese relato inmortal que es ‘Viaje al fin de la noche, uno de esos libros que te cambian la vida, si dejas que un libro te cambie la vida. Celine sabe demasiado y no sabe lo suficiente. Demasiado para creer en ti o en mí. Poco para creer en él. Médico antes que escritor, cuando se disfrazaba tras su bata blanca se sentía criado de los ricos y ladrón de los pobres, y mientras construía esa cara que en su vejez, sí, parecía lo que él había previsto: “una mueca del fracaso”.

La existencia es que te retuerce y tortura el rostro (…) Los pobres van dados. La miseria es gigantesca, utiliza tu cara, como una bayeta, para limpiar las basuras del mundo. Algo queda”. Es imposible leer a Celine y salir indemne. Celine, el ejemplo de que un hombre que no cree en los hombres puede ser un escritor genial y un tipo infame, utiliza frases cortas, muy cortas, invierte el orden previsible del sujeto, verbo y predicado, y sorprende con una palabra feroz que rasga el papel.

No se sube en la vida, se baja. Ella ya no podía. Ya no podía bajar hasta donde yo estaba… Habría demasiada noche para ella a mi alrededor (…) la vida no es sino un delirio atestado de mentiras”.

Con diez frases de Celine uno puede construir un cuento; con 30, una novela corta; con 7 improvisar un artículo sin sentirte demasiado ruin. Al fin y al cabo, Celine sabía que le robaríamos, que viajaríamos al fin de la noche protegidos por un edredón y le utilizaríamos fingiendo que es suya la última palabra: “…no creáis nunca de entrada en la desgracia de los hombres. Limitaos a preguntarles si aún pueden dormir… En caso de que sí, todo va bien. Con eso basta”.

11/1/10


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Tiene un nombre corriente. Demasiado fácil para recordarlo. Por eso este funambulista se llama como él, para que lo olvides. Pablo Gutiérrez, un autor para mi completamente desconocido hasta la semana pasada, ha escrito la novela más sorprendente que he leído este 2010. Se llama ‘Nada es crucial’  y la ha editado Lengua de Trapo.

“Todo esto sucedió en los ochenta, cuando los yonquis dominaban el planeta y vagaban y se apoderaban de los descampados sin que hubiera agencias inmobiliarias ni asistentes sociales que se les opusieran (…) Antonio Lecumberri era un niño mugroso y despistado que nunca traía el babi ni las ceras de colores ni las galletas envueltas en papel de aluminio que los demás parvulitos nunca olvidaban; ni siquiera solía llevar dos zapatos iguales”.

Antonio Lecumberri es Lecu o Chico-Musgo, un niño de padres yonquis que sobrevive en Mundofeo, la España gris de los ochenta, esa España en la que los niños comprábamos en el estanco el paquete de ‘Ducados’ que ha pintado de negro los pulmones de papá.  Esa España en la que los niños jugábamos al fútbol en descampados, nos liábamos a pedradas entre coches y envidiábamos a los hermanos mayores, que robaban chapas vírgenes en Metalinas,dejando un reguero que rozaba las fauces de los veloces Doberman del guarda.

Mundofeo, Mundo-lecu, Tessamundo, Neocosmos, Maguiverso…  son los pequeños mundos que se entrelazan en ‘Nada es crucial’, novela fragmentaria y veloz, cuyo argumento puede jibarizarse hasta una frase de cuatro palabras (o 20): chico (superviviente imposible del holocausto yonqui) conoce a chica (superviviente imposible del drama “mira, mira, es la hija del marica”). Lecu conoce a Magui, esa es la historia, pero lo importante, claro, es la literatura.

Y la literatura de ‘Nada es crucial’ comienza con el bautismo de los personajes que giran alrededor de las vidas de Lecu y Magui: el Señor Alto y Locuaz, la Señora Amable Uno Buenchico, el Orco Rotundo… Pablo Gutiérrez juega con los nombres como si sus personajes protagonizasen un libro infantil, pero su historia sólo se salva de ser un cuento de terror porque el autor reparte las dosis justas de humor. Estamos a punto de caer en un pozo y en la última línea nos salva una carcajada.

Recuerda, el escritor de esta gran novela se llama Pablo Gutiérrez. Le puedes ver aquí, en esta entrevista de ‘Página 2‘. O leer aquí. Recuérdalo tú y recuérdaselo a otros, porque Pablo Gutiérrez es uno de los escritores más prometedores de nuestro Mundofeo, y de Mundogranta, y de Cosmocrítica y de este Mundofunámbulo, gracias a la feliz recomendación de mi amigo Alberto que me ha permitido disfrutar de esta estupenda novela.

29/12/10

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Dime, ¿cómo se ve el mundo con los ojos de Mickey Mouse? Yo no soy Mickey Mouse. Mil veces me repetirás la misma pregunta y mil veces te contestaré lo mismo. Yo no soy Mickey Mouse. Ay, qué pesado te pones. Tienes orejas de ratón y vistes calzoncillos rojos. Tienes cola de ratón y llevas puesta la cara de Mickey Mouse. Así que eres Mickey Mouse, aunque te empeñes en negarlo. Dime, Mickey, ¿cómo se ve el mundo a través de tus ojos? Mickey Mouse no tiene ojos, sus ojos son los míos y el mundo siempre es igual, con este disfraz o sin él. No, no es igual, no puede ser igual. Vale, no quieres ser Mickey Mouse, bueno, admitiré que como los viejitos tu cerebro no va demasiado bien y has olvidado quién eres. ¡Al fin y al cabo tienes un cerebro de ratón! No te enfades, es que, je, je, no he podido evitar la broma. Vale, no eres Mickey Mouse pero tus ojos miran a través de los ojos del ratón más famoso del mundo. No puedes decirme que el mundo que ves es el mismo que miran tus ojos cuando dejas de ser Mickey. Veo niños felices y padres cansados. Veo futuros ratones y futuros gatos. Ves,  ni siquiera tú eres capaz de evitar sentirte un poco ratón metido dentro de ese disfraz. ¡Futuros ratones y futuros gatos!, muy bueno. GUARDIÁN PIRULETO, ¡BAJAD EL PUENTE LEVADIZO! ¡Escucha, ahora es cuando sale el dragón! Pero, date la vuelta y mira, no ves que ese niño no te hace caso ya. Déjalo en paz, sus padres no te van a dar un euro si no les dejas mirar el espectáculo. ¿No te has fijado cómo te ha mirado el padre? Oye, si no me haces caso es tu problema. Yo sólo quiero ayudarte. Soy tu amigo. ¿Ayudarme? Tú no eres mi amigo, no me conoces, no sabes quién soy, ni de dónde vengo. Quieres hacerme creer que sólo soy un ratón.  ¡Sólo un ratón, no! ¡Mickey Mouse! ¡El ratón más famoso del mundo! …y el más querido. Sé todo sobre ti, dónde naciste, cuál es tu nombre y cómo se llaman tus hijos. ¡OH, ES UN DRAGÓN! ¡Mira la cara del niño, está realmente asustado! Te llamas Carlos Alfonso Gutiérres Armendía. Tus hijas se llaman Jenny y Miranda, y tu hijo pequeño, que mañana cumplirá tres años, se llama Johny. ¿Te asusta lo qué sé de ti? No te tengo miedo, sólo existes fuera de mí. No puedes hacerme daño. ¿Ah no? ¡Qué orgulloso eres! Es lo que más me gusta de ti, tan pequeñito, tan ratón y tan orgulloso. Y si te dijera que sé también que no tienes papeles… Uy, uy, uy, uy, creo que te estás empezando a asustaaar… Mi alma es libre, no necesita papeles, ni sellos. Mi alma no puede encerrarse en disfraces ni celdas. ¡Qué bonito! ¡Qué culto eres! Siempre me ha fascinado lo bien que habla tu pueblo, con lo poco que leéis. Mira, esta parte de la historia te tiene que gustar. Es cuando adoptan al dragón. ¡Joder, si hasta a mí me emociona! NO TE PREOCUPES REGALIZ, TE PODRÁS QUEDAR CON NOSOTROS. DEFENDERÁS EL PAÍS DE LAS CHUCHES Y TE DAREMOS UNA RACIÓN SEMANAL PARA QUE SIGAS ESTANDO FUERTECITO. Oh, es enternecedor. Me encanta que ‘El Lote Galés’ eduque tan bien a sus clientes. ¿Puedes creer que todavía hay gente a los que no les gusta ‘Lotilandia’? Son gente sin valores, no entienden nada, pero se creen que lo saben todo. Y desconocen lo fundamental. Por ejemplo, que gracias a ‘Lotilandia’  tú puedes comer. Pero, dime ratoncito, ¿tú crees que los papás de los futuros ratoncitos lo habrán comprendido? Dime, tú lo tienes que saber, ¿han captado el mensaje?, ¿te miran de una manera diferente cuando escuchan tu voz sudaca y extiendes tu mano? Yo no soy Mickey Mouse, mil veces me repetirás la misma pregunta y mil veces te contestaré lo mismo. No quieres contestar, bueno, mañana volveré a hablar contigo. Voy a charlar un poco con el pato Donald. Créeme, él sí que sabe muy bien quién es. Mira, mira cómo mueve su culo blanco, es divertidísimo, je, je. Mucho más que tú, ratoncito. No mires atrás. Ten cuidado ratoncito, me parece haber visto un lindo gatito que te va a pedir los papelitos ¡Te he dicho que no mires! ¡Ah, has picado, has picado! ¡Por fin he visto el miedo en tus ojos! Bueno, ¿o ahora son los ojos de Mickey Mouse? No, no me contestes, ratoncito, todavía tenemos por delante muchas tardes para conocernos. ¡Créeme, acabaremos siendo muy buenos amigos! Hasta mañana ratoncito, ah, y… ¡feliz Navidad!

15/12/10

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